Cantantes mexicanos han dejado huella en Barcelona

Una investigación realizada por Enid Negrete muestra que aunque las mujeres fueron pioneras en el Gran Teatro del Liceo de esa ciudad, también los tenores han "tirado" ese recinto con destacadas ...
La presentación de José Mojica desató un gran escándalo porque las mujeres se volvían locas por él; Ángela Peralta fue la primera mexicana que triunfó en el teatro barcelonés con "El conde Ory", de Gioacchino Rossini.
La presentación de José Mojica desató un gran escándalo porque las mujeres se volvían locas por él; Ángela Peralta fue la primera mexicana que triunfó en el teatro barcelonés con "El conde Ory", de Gioacchino Rossini. (Especial)

México

Enid Negrete asegura que “el escenario es un lugar mágico. Así lo creían los griegos y lo sigo creyendo yo. Lo que más me puede maravillar es que todavía seamos capaces de crear milagros, tan sutiles y tan efímeros, que se acaban cuando termina la función. Me parece que es una manera de retribuir por todo el desastre que los humanos hemos hecho en la Tierra. Lo único que hacemos bien es el arte”.

Como directora de artes escénicas ha realizado más de medio centenar de producciones operísticas, teatrales y de danza en México y el extranjero. Baste decir que colaboró en el montaje de La gazzetta, de Rossini, dirigida por Dario Fo para el Gran Teatro del Liceo de Barcelona. Actualmente se desempeña como investigadora para rescatar los “momentos de gloria” que los cantantes mexicanos de ópera han vivido en ese recinto, uno de los más prestigiados de Europa. Hasta la fecha, ha reunido información de alrededor de 35 artistas, que incluye programas, fotografías, recortes de prensa, testimonios de gente que presencia algunas de las funciones y hasta algunas grabaciones de transmisiones en vivo.

Negrete dice en entrevista que debemos estar conscientes de que la ópera no empezó en México hace 20 o 50 años, sino que existe incluso desde la Colonia. “En casi 150 años hemos tenido cantantes fuera del país triunfando y haciendo carrera. Desde 1870, los mexicanos han cantado en el Gran Teatro del Liceo, y la primera fue Ángela Peralta. Estamos hablando de una señora que fue a estrenar El conde Ory, de Rossini, en España. Después viene Fanny Anitúa, quien llega a ser tan famosa que hasta utilizaron su rostro para hacer anuncios de cremas en los años veinte. En el Liceo se desató un gran escándalo con la presentación de José Mojica porque las mujeres se volvían locas por él, lo que provocó el ataque de los maridos celosos”.

Enid se ha encontrado con gente que le habló de la actuación de Ernestina Garfias en 1960: “¡Cantó una producción de Rigoletto con tres funciones, pero la recuerdan! Debo decir que resultó muy difícil encontrar esta información, porque en España se cambió el nombre. Me lo dijo el traspunte musical del teatro, verdadera memoria viva del teatro. También triunfó allá Gilda Cruz Romo en los años setenta. Cuando Irma González debutó tenía 50 años y su actuación fue inolvidable, tanto que fue la única vez que cantó y a la fecha la siguen recordando como la gran maestra del canto. Es impresionante darse cuenta de que las pioneras en el ramo de la ópera en el Liceo fueron mujeres”.

Lo que sucedió después es que los tenores han arrasado en el Liceo, agrega la investigadora. “He presenciado dos debuts impresionantes de tenores mexicanos, y me han contado de muchos otros. El primero fue el de Rolando Villazón. Aunque yo no estaba muy segura que el estilo donizettiano que él maneja fuera al que el teatro está acostumbrado, todos se le entregaron como locos. Fue la primera vez que se bisóesa aria, desde Alfredo Kraus en los años cincuenta del siglo pasado, lo que constituyó un gran éxito. El otro debut fue el de Javier Camarena: su calidad técnica, artística y la perfección de su tono eran impresionantes, y prácticamente tiró el teatro”.

También el teatro recuerda a Francisco Araiza, “primer tenor que sorprendió al mundo con una forma diferente de ser un tenor ligero, porque generalmente los tenores ligeros suenan nasales, muy cercanos a la escuelas francesa, o eran poco pasionales. Como tenor ligero conquistó el Liceo con dos producciones en los años setenta. Después vienen dos tenores, uno de los cuales no he podido localizar porque cantó muy poco, Miguel Cortés, y por supuesto Fernando de la Mora, que sustituyó a Luciano Pavarotti y ese día, por supuesto, entró a la fama. Está también un barítono como Guillermo Sarabia, con funciones legendarios junto a Montserrat Caballé y Plácido Domingo”.

El desempeño de los cantantes mexicanos en Europa debía estudiarse a gran escala, advierte Enid Negrete, quien proyecta editar en el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez un libro sobre los artistas nacionales en el Liceo. “Estamos hablando de solo un teatro, pero tendrían que seguirse sus actuaciones en otros países de Europa”, concluye la directora escénica.

Una calidad de voz especial

Aunque no existe lo que podría denominarse la escuela de voz operística mexicana, Enid Negrete considera que nuestros cantantes “tienen una calidad de voz especial. A lo largo de estos casi 150 años que llevo estudiando a los cantantes mexicanos en el Teatro del Liceo, las críticas se unen en muchos puntos: desde Ángela Peralta hasta Javier Camarena pareciera que los aciertos son los mismos. Por ejemplo, la calidad del fraseo es algo que resaltan siempre de los mexicanos. El tipo de repertorio en el que triunfan es casi siempre belcantista; evidentemente tenemos muy pocos cantantes que hayan triunfado con repertorio wagneriano o verista”.

Para la investigadora, también han destacado por la emotividad en sus interpretaciones, la claridad vocal y la proyección de la voz. “También está el color, algo que les gusta mucho a los europeos, les gusta mucho el timbre mexicano. Además es una constante. ¿Podemos creer que es algo innato en la raza nacional? ¿Podemos considerar que viene de nuestra música tradicional? Al mismo tiempo, creo que hay una escuela de una sutileza que no viene de ahí, sino de alguna tradición propia de nosotros en esa capacidad de crear la frase perfecta. Esta es una línea de investigación amplísima que no se ha tocado”.