Una señora latosa y chaparrita

Semáforo.Julio Hubard
Camille Paglia
Camille Paglia (Universidad de las Artes de Filadelfia)

Ciudad de México

Camille Paglia escribe con enredos y rodeos; habla como metralleta, y despliega una egolatría tan ridícula como la de Liberace, aquel pianista que hizo de su presunción un arte mayor que el de su talento al piano. Pero Paglia es “crítica de la cultura”; es decir, algo así como una intelectual que habla de todo. Y la acabo de descubrir en video (hay decenas en You Tube) y mi opinión cambió... un poco: me entretiene muchísimo escucharla, me aburre mucho leerla.

Hace años publicó un libro muy farragoso, confuso e interesante: Sexual Personae. Un recorrido por formas y elecciones de la sexualidad tocadas por lo que ella llamaba decadencia. Paglia juega al escándalo, y ha elegido magníficamente: no se trata de “espantar a los burgueses”, como quería Baudelaire. Se trata de espantar a quienes todavía creen que pueden espantar a una burguesía mucho más dura, mucho menos tierna que la del siglo XIX. Camille Paglia se divierte escandalizando feministas. Dice, por ejemplo, que la violación que se da en una cita, que los gringos llaman date rape, prácticamente no existe y que casi siempre son puras histerias; o que las mujeres no son notables en la creación artística del mismo modo que no son asesinas seriales o genocidas, porque se “aglomeran en la zona media, y carecen de los extremos que los varones despliegan, merced a un orden biológico, no a estructuras culturales de dominación”, que considera ficticios y rencorosos por parte de las feministas; y suele repetir el ejemplo: “No hay equivalente femenino de Mozart por la misma razón que no hay una Jill The Ripper”. No me voy a meter en esa discusión. Me interesa como ejemplo de la agresividad de esta señora chaparrita y flaca, ególatra y agresiva, que me resulta, a la vez, muy interesante y repelente. Se pitorrea de los artistas cuando dice que las artes plásticas no han aportado nada en décadas y que el mayor despliegue artístico de las últimas décadas es el final de La venganza de los Sith.

Afirma que la mayoría de las actitudes feministas responden a esquemas comerciales, convencionales y mainstream. En particular, una de sus puyas resulta notable: durante muchos años, se ha asociado al rock con las actitudes subversivas y de transformación social. Falso, dice: el rock está lleno de testosterona y misoginia, de agresividad masculina y subversión moral, pero reafirma el orden social tradicional: mandan los hombres. ¿Y las rockeras importantes? No hay, dice Paglia: la Joplin es blues; Joan Baez, balada, etcétera. El rock jamás debe ser políticamente correcto; el feminismo es políticamente correcto. Lo suyo siempre fue la música comercial, que se supone un producto menor, de modas, pasajero, sin provecho y agradable, como la comida chatarra. Pero ahí encuentra el reclamo existencial y actual de las mujeres: “I am Woman”, de Helen Reddy; “I will suvive” (Gloria Gaynor), “Material Girl” (Madonna) y un largo etcétera. Si usted, como yo, disfruta que le cambien de lugar algunas comodidades intelectuales, vaya a escuchar a esta señora latosa.