Traslada Camerata al salón de baile

Fue un concierto a tono dancístico, Armando Pesqueira director mexicano tomó la batuta de la orquesta, las obras que tejieron una estructura musical de temas de gran energía.
El evento abrió telón con La Sinfonietta de Moncayo, un tema de lirismo mexicanísimo que daba paso a la evocación de coloridos paisajes.
El evento abrió telón con La Sinfonietta de Moncayo, un tema de lirismo mexicanísimo que daba paso a la evocación de coloridos paisajes. (Aldo Cháirez)

Torreón, Coahuila

En un concierto a tono dancístico, en donde el director mexicano Armando Pesqueira tomó la batuta de la Camerata de Coahuila, para en conjunto casi hacer bailar al público presente en el Teatro Nazas.

Fue La Sinfonietta de Moncayo, Tangazzo y Tres Movimientos tanguísticos de Piazzolla y el popular Danzón número 4 de Arturo Márquez, las obras que tejieron una estructura musical de temas de gran energía. 

El evento abrió telón con La Sinfonietta de Moncayo, un tema de lirismo mexicanísimo que daba paso a la evocación de coloridos paisajes, pieza que es considerada como una de las más populares del compositor. De un pensamiento musical nacionalista.

"Tangazzo, no es sólo una pieza para bailar en el salón, es también una pieza melódica para llevar y admirar en las salas de conciertos".


Por su parte, en conmemoración del compositor argentino Astor Piazzolla, La Camerata interpretó Tangazzo y Tres Movimientos tanguísticos, piezas salidas del arrabal, de tan fuerte cromatismo festivo que inquietaban a los presentes de sus butacas. En una mezcla de nostalgia, arrebato y belleza instrumental.

Una forma musical en donde elementos del jazz y la música clásica fueron incorporados a la forma tradicional del tango argentino.

Como ya anteriormente lo había mencionado el director invitado Armando Pesqueira: "Tangazzo, no es sólo una pieza para bailar en el salón, es también una pieza melódica para llevar y admirar en las salas de conciertos".

Un programa de tercer concierto de temporada, de una fusión perfecta, que incluyó el Danzón No. 4 de Márquez, reconocido compositor de la música mexicana, que elevó los ritmos cadenciosos y sensuales, en una pieza embriagadora que junto a las otras trasladaron a un clima de salón de baile en pleno teatro Nazas. 

Gracias a la brillantez de los compositores, interpretes y del director invitado, que trasmitieron las notas a imágenes en una pintura orquestal que pudo ser admirada, en una música contemporánea pero arraigada a la música popular, sensualidad en la obra y la que enfatizó cada sentimiento de los presentes.