'Los Caifanes' cambiaron el cine

A medio siglo de la película, Óscar Chávez y Ernesto Gómez Cruz recuerdan que, entre otras cosas, burlaron al sindicato y rodaron sin permisos. “La hicimos a chile pelón”, resume el cantante.
Si terminaron la cinta fue porque Juan Ibáñez se portó como todo un caifán, como el Capitán Ibáñez.
Si terminaron la cinta fue porque Juan Ibáñez se portó como todo un caifán, como el Capitán Ibáñez. (Especial)

México

Juan Ibáñez estaba al mando. Y Los Caifanes lo obedecían en todo. Si Ibáñez decía: "Hay que meterse en un ataúd", Los Caifanes se metían a un ataúd.

Si decía: "Vamos a filmar en el Zócalo aunque no hayamos pagado los permisos", entonces se escabullían de madrugada para rodar una de las escenas más oníricas del cine mexicano en el siglo XX: abandonar una carroza fúnebre en la Plaza de Armas y correr luego, unos hacia el Monte de Piedad y otros hacia el Palacio del Ayuntamiento, mientras que una prostituta baja lentamente del vehículo y se recarga en el poste de una luminaria. Fuma y el humo avanza sobre la Catedral Metropolitana.

Y si decía: "Vamos a hacer la escena en la Diana Cazadora aunque el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica nos esté persiguiendo para detener el rodaje por infringir sus leyes", entonces Los Caifanes estacionaban el coche en la glorieta de la fuente, se brincaban y le ponían sostén y minifalda a la Diana.

Así fue el rodaje de Los Caifanes, cuyos créditos se pueden leer como un muestrario de la cultura mexicana de la época: escrita por Carlos Fuentes, dirigida por Juan Ibáñez, actuada lo mismo por estrellas como Enrique Álvarez Félix y Julissa, que egresados del INBA como Ernesto Gómez Cruz y Eduardo López Rojas y, de la UNAM, Sergio Jiménez y Óscar Chávez.

Debe agregarse la aparición de un Santaclós borracho que se ha vuelto de culto, por haber sido interpretado por Carlos Monsiváis y grita "mejor quémame todo, de una vez" mientras un taquero le prende fuego a su peluca blanca.

Medio siglo después, dos de los Caifanes sobrevivientes, Óscar Chávez y Ernesto Gómez Cruz, hurgan en su memoria para contar lo que hasta ahora no se sabía: la película se filmó a salto de mata, perseguidos por el sindicato, que solo permitía filmar largometrajes a sus agremiados, con un presupuesto limitado y sin los permisos que la ley exigía para las locaciones. O como dice Óscar Chávez: "La hicimos al chile pelón".

Y en medio de tanto ajetreo político-sindical, un amor platónico: "Lo hago con todo respeto —dice Gómez Cruz, quien se escucha incluso apenado por la revelación que va a hacer— pero yo, como muchos hombres de esa época, soñaba con Julissa; era una mujer muy hermosa". Y suspira. Y se imagina. Y dice: "Era tan bonita...". Y como buen caifán, la reflexión lo lleva a pensar, sin miedo, en la muerte: "Cuando yo me vaya, es un grato recuerdo que me voy a llevar. Toda la película es un recuerdo muy agradable".

La cinta tiene origen en que Fuentes e Ibáñez ganaron el concurso Nacional de Argumentos convocado por el Banco Nacional Cinematográfico y la Asociación de Productores y Distribuidores de Películas Mexicanas. El argumento ganador trata de cuatro mecánicos pobres que llegan de Querétaro para pasar un fin de semana en el DF. Se quedan sin gasolina en la carretera y dejan el auto para ir en busca de combustible. Cuando regresan, encuentran dentro de él a una pareja en pleno agasaje.

Los novios resultan de la alta sociedad y a partir de ahí se desarrolla una noche donde se roban una corona de muerto, y hasta le van a dejar flores a un viejo avaro llamado Enrique Ibargüengoitia, referencia al escritor Jorge Ibargüengoitia, con quien Fuentes y Monsiváis mantenían un lúdico juego de críticas.

Si terminaron la cinta fue porque Juan Ibáñez se portó como todo un Caifán, como el Capitán Ibáñez; todas las locaciones exteriores se hicieron con un solo permiso, el del Capitán Ibáñez, como le decían al director.

"La hicimos a la mala leña", dice con sorna Chávez. "Si la película se terminó fue por la determinación de nuestro director". Por eso y porque para burlar al sindicato, la filmaron como si fueran cinco cortometrajes.

Pero Ibáñez no fue el único Caifán de la vida real. En la cinta, cuando los amantes son sorprendidos dentro del auto del Capitán Gato, Paloma (Julissa) pregunta: ¿Qué es caifán? "Pachuco", dice Jaime. El Azteca lo corrige: "No. Caifán es el que todas las puede".

El Azteca de la vida real, Ernesto Gómez Cruz, dice que sí, que él ha sido un caifán toda su vida. "Toda la vida me la he ganado a golpes, por falta de una educación formal. Mi vida es la de un hombre que las ha podido todas a pesar de que se tropieza con una realidad que muchas veces no entiende".

Con El Estilos, la historia de vida de Óscar Chávez es diferente a la de Gómez Cruz, pero la conclusión similar. "Yo nací en la Portales (prototipo del barrio chilango de la segunda mitad del siglo XX); estudié en el Poli y pasé mi juventud en la Santa María la Ribera (otro barrio popular). Así que a mí, presumir que soy o no caifán no me dice gran cosa. Ése es mi mundo, he sido caifán siempre".

Fechas y cifras de una cinta rebelde
- 1966: año en que se inició el rodaje
- 1967: (17 de agosto) fecha de estreno
- 15: las veces que pararon la filmación