Buena Vista, un fenómeno social: Jesús Aguaje Ramos

El grupo renovó el interés por la auténtica música tradicional cubana, que casi no se escuchaba en su propia tierra, dice su director musical a MILENIO.
Omara Portuondo, Barbarito Torres, "Guajiro" Mirabal y el trombonista y director musical de la agrupación.
Omara Portuondo, Barbarito Torres, "Guajiro" Mirabal y el trombonista y director musical de la agrupación. (Especial)

México

No hay que creerles demasiado, porque a los músicos de Buena Vista Social Club no hay manera de jubilarlos —salvo quienes se han adelantado en el viaje final—. Están en su gira de despedida y el próximo miércoles 4 de febrero se presentarán en el Auditorio Nacional. Pero quién sabe: tal vez más adelante seguirán dando vida a uno de los fenómenos de la música más inusitados de los últimos años.

Los nombres de Ibrahim Ferrer, Rubén González, Omara Portuondo, Eliades Ochoa, Compay Segundo, Barbarito Torres, Pío Leyva, Cachaíto López y otros, trascendieron las fronteras de Cuba para dispersarse por el mundo a través del disco Buena Vista Social Club y los que le siguieron. Vinieron luego sus trabajos como solistas y que conocimos en México gracias a Discos Corasón, que también organizó algunas de sus primeras giras, en las que el público se volcó de cariño hacia este grupo de jóvenes de corazón.

Si alguien ha estado cerca de lo que define como “un fenómeno social” es el trombonista Jesús Aguaje Ramos. Desde la fundación del grupo ha sido su director musical, y ha sido tan diligente que casi contradice su apodo, que significa “travieso”, pues en su trabajo es toda seriedad. Aunque, dice en entrevista, trabajar con estos maestros es “como estar en el cielo: se las saben de todas, todas”.

De hecho conocía a la mayoría de los integrantes de la primera formación de Buena Vista desde años atrás porque, dice, “habíamos tocado juntos en muchas ocasiones, ya fuera en actuaciones en vivo o en programas de radio o televisión. Así que cuando Juan de Marcos nos invitó a participar en el disco fue como celebrar una reunión de viejos amigos que se encuentran después de muchos años. Hubo risas, abrazos, anécdotas y el deseo de hacer música en un ambiente de cordialidad. El disco se grabó en medio de risas y sonrisas”.

Auténtica música cubana

Originario de Pinar del Río, Ramos parece más joven de lo que es. Nacido en 1951, desde 1979 vive en La Habana, donde empezó
con el cuarteto vocal Las D’Aída, en el que estaba Omara Portuondo. Entre muchos otros proyectos, que incluyen sus agrupaciones como líder, ha participado en Afro-Cuban All Stars y Buena Vista Social Club. También ha colaborado en algunos de los proyectos solistas de los músicos de Buena Vista.

Como una experiencia “deliciosa y fantástica” describe el trombonista su paso por Buena Vista, y augura que todo irá fabuloso durante la gira que concluirá en 2016. Iniciada desde el año pasado, se extenderá todo el 2015 y concluirá en 2016, probablemente con un concierto en La Habana.

Si algo logró Buena Vista Social Club, dice Ramos, fue “renovar el interés por la auténtica música cubana. En Cuba nadie escuchaba la música tradicional, estaba prácticamente olvidada (aunque ustedes en México siguieron escuchándola). Pero con este disco las cosas cambiaron y no hay país al que asistamos que se resista a nuestros ritmos, que son tocados con conocimiento, con apego a las raíces”.

Aguaje Ramos dice que, aunque algunos de sus integrantes han fallecido, a lo largo de casi veinte años la orquesta “ha mantenido muy alto su nivel de calidad. Adonde quiera que vayamos, la gente nos recibe con mucha alegría y nos manifiesta su deseo de que esta música no se acabe. Incluso en países donde no entienden nuestro idioma se vuelcan de júbilo porque entienden que es una música que está tocada con el corazón”.

Considera que la gira tiene su lado doloroso, pues el trombonista ha vivido muchas cosas con un grupo de músicos y cantantes que trabaja en armonía. Pero, aseguró, “es momento de seguir adelante para desarrollar nuevos proyectos”, al tiempo que auguró que nuevas generaciones habrán de seguir tocando “la música cubana auténtica, como debe ser”.

Buena Vista tuvo la misión de “rescatar la música cubana del fondo del mar, donde estaba escondida”, dice con toda seriedad. “Esta música va más allá del grupo, pues constituye una fuente de identidad que durante algunos años se había perdido y con este grupo le dimos vida otra vez. Ahora corresponde a las nuevas generaciones seguir en este empeño de preservar nuestra música. En ocasiones hacemos conciertos didácticos en las escuelas para que los niños se acerquen a la música y la tradición no se pierda”.

El trombonista que tiene gran gusto por el jazz, que descubrió a través de músicos como John Coltrane, Miles Davis y Duke Ellington, y no se muestra contrario a que la música cubana se mezcle con otros géneros, pero insiste en el tema de la tradición. Asegura que en las escuelas los jóvenes “no solo aprenden la música clásica, sino también la música tradicional. En mi propia orquesta hay mucha gente joven, como el pianista Rolando Luna, que se interesa por la tradición”.

Pero no es un tradicionalista a ultranza: acepta que actualmente hay nuevas formas de interpretar la música, “que tiene que ver con la
relación de los jóvenes con su entorno. En mi caso, como en el de Buena Vista, trato de no desvirtuar aquello que heredamos de quienes considero mis maestros, como don Rubén González —de quien estuve muy cerca por ser su director musical—, Cachaíto López, Ibrahím Ferrer y otros. Mi deseo es que la música suene similar a cómo fue concebida por ellos, ya sea un danzón, un chachachá o un bolero. Espero ser fiel a esta música y, al mismo tiempo, expresar mi sentir”.

Hombre de buen humor, dice entre risas que no sabe si es un músico exitoso, aunque sí asegura que no podría vivir sin oxígeno, como tampoco sin música. “A ella le he dedicado mi vida. Además de los discos de Buena Vista Social Club, recuerdo con mucho cariño el álbum Las Estrellas de Areíto. También fue grabado en los legendarios estudios EGREM, situados en el centro de La Habana con la participación de grandes músicos, como Félix Chapotín, Tata Güines, Pío Leyva, Ricardo Egües y Guajiro Mirabal. Algunos de ellos participarían luego en el Buena Vista Social Club. A eso puedo llamarle éxito, pero sobre todo a tocar la música que llevo en el corazón”.

Viejos y nuevos valores

Como en sus viajes anteriores a México, la mirada atenta de Jesús Aguaje Ramos estará pendiente de lo que suceda en el Auditorio Nacional. Trombón en mano vigilará que la banda se desenvuelva con su usual soltura para propiciar un mejor rendimiento de los solistas, entre los que figuran la cantante Omara Portuondo, el trompetista Guajiro Mirabal y el laudista Barbarito Torres. Abrevando de su experiencia, estará la sección rítmica encabezada por el pianista Rolando Luna, el contrabajista Pedro Pablo, el conguero Andrés Coayo, el timbalero Filiberto Sánchez y el bongosero Alberto La Noche Hernández. En las trompetas figura Luis Allemany y en las voces Carlos Colunga e Idania Valdés.

La banda es una combinación de “experiencia con sangre nueva —indica el director musical—. Los músicos más jóvenes aprenden de los viejos, quienes han estado muchos años en contacto con géneros como el chachachá, el bolero y la huaracha… Pero los jóvenes son muy experimentados y dedicados. Por ejemplo, el pianista Luna, conoce a fondo la música de don Rubén González, la ha estudiado y a partir de ese conocimiento genera su propia forma de hacer la música tradicional”.

En el Auditorio Nacional se podrán escuchar, adelanta, “aquellos temas que la gente no dejará de pedirnos y que han sido éxito en todo el mundo, como ‘Dos gardenias’, ‘El cuarto de Tula’ y ‘Chan chan’. Pero también incluiremos otras piezas provenientes del rico cancionero tradicional cubano que no habíamos tocado”.

Al ser cuestionado sobre si realmente es la gira del adiós,  Ramos ríe ante la pregunta y responde: “Sí, pero probablemente no es el adiós definitivo…Tal vez haya un regreso”.