Buchbinder hace milagros con piezas de Beethoven

El Templo de la Valenciana ha sido el escenario privilegiado en el que el pianista y director austriaco ha deleitado a los escuchas.
Incluso en condiciones adversas, el músico es un prodigio.
Incluso en condiciones adversas, el músico es un prodigio. (Nelly Salas)

Guanajuato

La presencia de Rudolf Buchbinder, quien ha deleitado a Guanajuato con su virtuosa interpretación de las 32 sonatas para piano de Ludwig van Beethoven, es el regalo del Festival Internacional Cervantino a los melómanos que se han dado cita en este encuentro cultural.

El afamado artista austriaco, quien se ha consolidado como uno de los pianistas y directores de orquesta más importantes del mundo, diseñó siete programas diferentes, cada uno de los cuales ha ejecutado virtuosamente en el Templo de la Valenciana, uno de los escenarios más bellos del Cervantino.

Las 32 sonatas para piano de Beethoven constituyen una de las más grandes contribuciones al arte musical: cada una es un hito en la historia de la forma sonata, a decir del crítico de música Lázaro Azar, responsable de dar las pláticas introductorias sobre cada uno de los programas musicales referidos.

A los pies del altar mayor del Templo de la Valenciana, Buchbinder interpreta de memoria, sin una partitura al frente, este repertorio que ya ha tocado en más de cuarenta ciudades como Viena, Múnich, Zúrich, San Petersburgo, Pekín y Milán.

“El pianista es un prodigio, y aparte es un hombre desenfadado: llega, se sienta y frente al piano hace que la música fluya, y él no se inmuta. Hay fulanos como el pianista chino Lang Lang, que se retuerce como tlaconete con sal, parece que está estreñido y no le sale una frase coherente; en cambio, Buchbinder ni se despeina”, dice Azar, presidente de la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música.

Los retos en México para el también director fundador del Festival Grafenegg no son pocos. En primer lugar, ha tenido que lidiar con la afinación del piano, que se ve afectada con los cambios de temperatura, y “además ha tenido problemas en la fuga de la sonata, ya que le costó un poco articular la velocidad a la que la tenía que estar tocando”.

En este amplio programa que evoca al genio de Beethoven, destacan por su dificultad la Sonata núm. 28, porque la compuso cuando ya estaba sordo: “Ésta es una de las sonatas más difíciles, pero a la vez es sumamente entrañable y sumamente conmovedora en sus movimientos; el final es monstruosamente difícil porque Beethoven, como ya no oía, simplemente con las notas que sabía cómo podían sonar, pero escribía sin pensar en la dificultad. Lo curioso es que esta se la escribió a una alumna, que no precisamente era la más virtuosa”, destaca el experto en música.

Pero la más compleja de todas las sonatas es la 29, Hammerklavier. En palabras de Azar, “es monstruosa, kilométrica, antipianística y poco agradecida; tiene una fuga que sí está complicada”. En palabras de Azar, entender el adagio es todo un reto.

“Aquí Buchbinder ha tenido que tocar muy rápido por la acústica del Templo de la Valenciana, ya que de esa forma evita que la reverberación lo alcance y que la sonata no se escuche cortada. El maestro está haciendo un gran esfuerzo al tocar más rápido de lo que es y de lo que indica la partitura. Claro que en un escenario con una acústica mejor, el adagio de Hammerklavier lo puede tocar fácilmente un pianista en 25 minutos; aquí, por la condiciones, se extiende el tiempo”.

El último concierto de las 32 sonatas para piano se ofrecerá hoy y promete ser único.

“Buchbinder ha hecho una cosa que es milagrosa, ya que Beethoven no compuso sus 32 sonatas para el mismo piano. El piano que tuvo en su primera sonata era uno con una sonoridad muy distinta a la que tuvo la Sonata núm. 32. No obstante, el maestro ha logrado tocarlas, apoyado en la rapidez de sus dedos y el pedal que cambia el sonido de este piano, incluso al tener en contra la acústica. Por eso es un prodigio”, afirma el reconocido crítico de música.