Malinowski y el eticismo

Semáforo.
El antropólogo en las islas Trobriand.
El antropólogo en las islas Trobriand. (Universidad de Cornell)

Ciudad de México

Bronislaw Malinowski nació polaco pero se volvió el más británico de los ingleses. De 1914 a 1918, estuvo en el Sudeste asiático, principalmente en el grupo de islas Trobriand, al este de Nueva Guinea. El resultado fue Los argonautas del Pacífico Occidental (1922), obra con la que inicia la antropología social moderna. Todavía hoy los estudios de campo siguen sus métodos: el antropólogo ya no es un hombre de libros y bibliotecas sino un observador inmerso en la cultura de su estudio, de modo participativo.

En la antropología y el estudio del lenguaje hallamos una dificultad enorme: la herramienta de estudio y su objeto son una misma cosa. Averiguamos sobre el lenguaje desde y con el lenguaje, e igual en las disciplinas antropológicas: ya no se trataba de describir la sociedad, la mitología o creencias de los trobriandeses, sino de adquirir “su visión de su mundo”. Malinowski traspasó las fronteras entre el sujeto y el objeto del estudio. El mundo dio un vuelco.

Entre otras cosas, Los argonautas... detalla la economía del intercambio Kula, un acuerdo económico entre las tribus de las islas: parecía indescifrable que los isleños quisieran endeudarse y entregar bienes de enorme valor utilitario solo por conseguir la posesión temporal de unos adornos de concha, sin valor de uso, salvo que otorgaban prestigio al poseedor. ¿Cómo explicarlo? De pronto, Malinowski entendió un asunto de radical importancia: se trata de un intercambio cargado de un complejísimo valor simbólico. Es decir, el intercambio entre los más salvajes es tan complejo como cualquier economía de Occidente. Los “primitivos” son tan complicados como los modernos: la mente humana y el lenguaje existen, desde su origen, de modo completo y suficiente. No se dan por partes que se suman. Toda lengua es capaz de explicar el mundo entero; toda cultura es universal y el orden de los símbolos constituye el universo al que pertenece el ser humano.

Pero Malinowski ya no goza de buena fama en muchos círculos biempensantes, que lo consideran lujurioso, imperialista, racista, luego de la publicación de sus diarios personales que, en efecto, pueden ser muy desagradables, aunque no hay noticia de que sus debilidades personales hubieran demeritado en nada su desempeño profesional. Pero la academia no le perdona haber sido sujeto de sus pasiones. Nadie repara en que, si bien pudo sentir repulsión por los trobriandeses, también fue el primero en descubrir la radical semejanza entre él mismo, sofisticado producto de la mayor civilización, y aquellos a quienes el mundo entero consideraba inferiores. Fue un ariete contra el desprecio. Pero nuestra época radicaliza la ética y la convierte en una cachiporra para tundir, no al otro lejano sino al semejante. Malinowski abrió la puerta para entender la subjetividad del otro, pero el eticismo le niega ese mismo registro: la subjetividad solo es del otro; uno está amarrado a la corrección política. Imperialismo pervertido. Queda aún aquel documental de la BBC: Tales From The Jungle: Malinowski (está en YouTube). Vaya a verlo, antes de que el eticismo exija que se quite.