Un gran esfuerzo

'Birdman' es un plano secuencia —muy bien logrado técnicamente— que se convierte en una reiteración efectista con el fin de sorprender a incautos e imberbes y donde el contenido estorba.
No sabemos adónde va la historia.
No sabemos adónde va la historia. (Especial)

Todo indica que Alejandro González Iñárritu pasó la prueba: los productores hollywoodenses están contentos porque el cineasta demostró que pueden contratarlo para realizar otra sandez con vaticinio de Óscar, y por eso los medios de comunicación lo vanaglorian por su "triunfo" en Hollywood. Ahora cabe hacerse una pregunta: ¿triunfar es producir y realizar una película que deja todos los conflictos en el aire sin preocuparse por resolver ninguno?

Birdman es un plano secuencia —muy bien logrado técnicamente— que se convierte en una reiteración efectista con el fin de sorprender a incautos e imberbes y donde el contenido estorba.

El título resulta vacuo, sobre todo lo de la inesperada virtud de la ignorancia, un platonismo forzado sacado de la manga con la única intención de demostrar que el autor es un intelectual.

A los diez minutos, todo lo que hablan los personajes a gritos, acompañados de una utilería que funciona para romperse, sirve de lucimiento huero que empieza por distanciarnos. Lo que vemos son las manos del autor que se extravía en la inutilidad de su narración.

Los tres tipos de conflicto que señala Lajos Egri están presentes en el personaje principal. El interno: Riggen se siente fracasado como actor; el personal: es un desastre con su ex mujer, su hija, amante y amigos, y el extrapersonal: por un accidente se queda en la calle en calzones. Pero ninguno de los conflictos tiene peso en la historia, lo que da como resultado una estructura plana, un esquema que muestra que al guión le faltaba trabajo. Pero "el genio" no puede permitirse perder el tiempo cuando lo único que le interesa es que el plano secuencia siga mostrando el juego de espacio y tiempo aunque fastidie, porque no sabemos adónde va la historia.

Para finalizar, solo quiero exponer un ejemplo de la mala composición de la película: el momento en que se desarrolla el clímax de la obra de teatro y el marido se da un tiro, está muy bien hecho en cuanto a su realismo, no le falta nada a la situación; pero en el camerino, el personaje de Ralph, que la hace de amante, le dice a Riggen mostrándole la pistola de utilería, que ese juguete no le da miedo. Craso error, pues nos está diciendo que al final va a usar una de verdad, y así sucede. Después viene una tomadura de pelo: Riggen se dispara en la sien y se convierte en una caricatura —si es metáfora, está mal diseñada— pues la bala hace un giro caprichoso y le da en la nariz. Juzgue usted.

El autor hace un gran esfuerzo para que su película quede mal.

Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Estados Unidos, 2014), dirigida por Alejandro González Iñárritu, con Michael Keaton y Zach Galifianakis.