The Ship: eventos sónicos en un espacio abierto

“Quería hacer un disco que no recayera en el apoyo normal de una estructura rítmica y progresiones de acordes”, advierte Brian Eno.
La pieza empezó como una obra planeada para una instalación de sonido multicanal en Estocolmo, dice Eno.
La pieza empezó como una obra planeada para una instalación de sonido multicanal en Estocolmo, dice Eno. (Foto: Cortesía Warp Records)

Ciudad de México

Si hace seis años Brian Eno no pudo llegar a la Ciudad de México a la conferencia de prensa donde hablaría sobre su exposición de arte por computadora —77 millones de pinturas en el Museo Diego Rivera Anahuacalli— no fue por capricho. La repentina erupción de un volcán en Islandia suspendió los vuelos de Londres y otros países.

Pero no nos quedamos con las ganas de conocer al autor de Music for Airports, uno de sus discos emblemáticos. De manera virtual, los medios pudimos charlar con quien Susan Chapman, directora de Actividades Culturales de la Anglo Mexican Foundation, destacó como “un músico visionario del siglo XXI”.

Algo de lo que Eno dijo hace seis años se emparenta con lo que escuchamos en su disco más reciente, The Ship (Warp Records, 2016). Cuando un reportero afirmó que el tiempo ha sido fundamental en su obra más reciente, respondió que “el tiempo es el sujeto de este trabajo: es como tratar de encontrar el punto en el que casi te acercas a la quietud. Hay un cambio continuo, pero al mismo tiempo hay una sensación de quietud”.

Más adelante agregó: “Yo no creo, como parece creer la mayoría de la gente en Hollywood, que los espacios de atención de todos se están volviendo más cortos. Creo que la gente tiene mucha atención, pero necesita algo que atrape esa atención. Es muy interesante que algo que es tan lento, que no ofrece nada de drama o narrativa, que no tiene comienzo ni fin, atrapa la atención de la gente”.

The Ship es de esos discos que, tras cada escucha, se vuelve más entrañable. 


En tiempos en que pareciera que todo se rige por la máxima olímpica más alto, más fuerte, más rápido, The Ship es un remanso para el alma, un desafío para el oído, acostumbrado a la machacante realidad sonora cotidiana. Es una obra que debe escucharse con atención, pues paulatinamente uno se introduce en este ambiente como de música tibetana y canto gregoriano, donde el tiempo se vuelve elástico y uno, como pasajero, va percibiendo una extraña travesía.

En su página electrónica, Eno cuenta que “la pieza empezó como una obra planeada para una instalación de sonido multicanal en Estocolmo, pero durante su realización descubrí que ahora podía cantar un Do bajo, que viene a ser la nota raíz de la pieza. Después de todo, volverse más viejo tiene algunos beneficios. A partir de ahí la obra se volvió un tipo de canción inusual… un tipo de canción que nunca había hecho antes, en la que lo vocal vuela libre, desatada de cualquier tipo de red rítmica.”

Más adelante, el también artista plástico explica que “a nivel musical, quería hacer un disco que no recayera en el apoyo normal de una estructura rítmica y progresiones de acordes, sino que permitiera que las voces existieran en su propio espacio y tiempo, como eventos de un paisaje. Quería colocar eventos sónicos en un espacio libre, abierto”.

The Ship es de esos discos que, tras cada escucha, se vuelve más entrañable. 


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