Bravata y mugre

La violencia en una ciudad fronteriza y en la capital del país son distintas, es pueblerino compararlas, cierto“escritor” norteado asegura que vivimos en Disneyland, sáquenlo de la zona "hipsta", ...
Bravata y mugre.
Bravata y mugre. (Jesús Martínez)

Los bastardos sin dios, sin diablo, sin otra cama que las banquetas cuando no quedan más fragmentos de noche, sonríen pese al horror. Ellos, durante años, han perdido todas las batallas. No rezan, escupen. Me identifico con esos bastardos rabiosos. Apuesto a la autodestrucción, jamás te abandona. No bebemos en locales gentrificados, nos refugiamos en las piqueras mugrosas, miramos con asco esas ridículas rondas socialité estilo siglo XVIII de papeleritos mediocres, tiempo gastado inútilmente, vida mediática, si escribieran tendrían libros, no basura empastada, tan soso ese oscuro rencor contra las “grandes transnacionales”. Hablar y beber: pésima combinación, el bebedor social es tan insoportable como un ente recitando mala poesía en un bar, la conversación “literaria”  arruina la reflexiva soledad de un buen trago. El progreso es una falsa idea que nos venden desde que nacemos. Falsa ilusión de una ciudad avanzada, vivimos en la Edad Media, reyes, la iglesia, el poder podrido y sus herederos siguen gobernando los huesos casi ceniza de una ciudad a merced del crimen organizado, del gobierno de “izquierda” que oculta bajo su disfraz un lobo oligárquico que no toma elección por los pobres, no le interesan, desean obtener su voto creando programas limosna que no alcanzan ni para comprar papel de baño que no raspe.

La producción esclavista no ha desaparecido. ¿Quién es el dueño o los dueños de las calles?, de las esquinas o negocios de droga, las organizaciones criminales, los espacios públicos que en realidad son privados. Esperando el camión afuera del Metro Merced noté pancartas del PRD colgadas en sitios prohibidos como postes de luz, avenidas como Circunvalación o Avenida del Taller muestran pancartas con los rostros de Elena Segura e Israel Moreno, sus sonrisas fingidas tapizan toda la ciudad sin sanción por parte de las autoridades, pese a la ley de publicidad exterior de la ciudad que prohíbe colocar propaganda en árboles, postes, edificios históricos, exterior de edificios. Las cámaras de la ciudad no registran esa cadena de diputados colgados en todas las avenidas principales. El ojo de la ciudad tampoco registró a la persona que dejó el cadáver de una niña en una maleta deportiva, aproximadamente dos años, víctima de abuso sexual, el 23 de marzo afuera de un edificio en la calle de Berlín 27-A, nadie vio nada, ¿cómo es posible?, una ciudad enajenada con cámaras que no sirven para nada, solo sirven para buscar autos de funcionarios. No es la primera enmaletada, el Metro de la Ciudad de México permite que ingresen cadáveres, somos una ciudad exótica, los muertos viajan gratis en el tubo. El enmaletado encontrado en el  Ajusco en junio de 2013 es un misterio para las autoridades, ¡milagros medievales!, sin explicación, quizás los cadáveres son epifanías, más vale verlos así porque si nos enteráramos de las horrendas cosas que ocurren en la ciudad, no saldríamos.

La violencia en una ciudad fronteriza y DF son distintas, es pueblerino compararlas, cierto“escritor” norteado asegura que vivimos en Disneyland, sáquenlo de la zona hipsta, arrójenlo al oriente de la ciudad. Aquí se mueven redes con la frontera, a mi barrio llegaron otros pillos de forma física, nos acompañaban en espíritu, nadie lo comenta, sabemos que están aquí, la calle ha cambiado, su movimiento no es el mismo. Las balaceras a las 2:30 en punto nos avisaron que están aquí. En mantas o volantes que desaparecieron rapidísimo, otras colonias registraron mensajes similares, la Moctezuma, Padierna y otras. Maciza pelea por el territorio, involucra civiles inocentes, ¿qué necesita suceder para girar?, pese al horror no pararán los pericazos, un burrero muerto, un civil, un campesino convertido en narco a huevo, ellos y otros están detrás del consumo festivo de droga, una morra está en manos de proxenetas en cada piedra que se mueve, en esa blanca o amarillenta soda están un chingo de vidas inocentes apagadas que no pararán ni con la legalización, será más fácil desechar de un tiro al burrero que no hizo bien su trabajo, como hasta ahora, el asesinato será amparado bajo la legalidad. Los trabajos duros no son paraísos, los minutos que llevo mirando a los cargadores de la Meche me dan motivos extras para reírme del sufrimiento intelectual. Bajo en San Pablo, las bicicletas están adornadas por putas desde que tengo memoria. Izazaga hasta Bolívar, sigo caminando, debo llegar al otro extremo. Las cortinas cerradas en algunos bares de la calle República de Cuba me alertan, con o sin sellos de clausura, bares que ni en los peores tiempos cerraron o fueron clausurados, no abren la cortina desde hace meses. Entrevisto a un habitante de la zona, vive en esa calle desde 1962, “no sabemos quién, pueden ser unos o los otros, el caso es que ese bar cerró porque una noche llegaron los malos o los buenos, no sabemos…a pedirle al dueño dinero, dicen que salió a hablar con ellos, no me quiso decir lo que habló con ellos, dos días después, cerró”,  debo recoger mi máquina en un local del Callejón del 57, me horroriza pensar que también cerró, tantos sitios han desaparecido bajo la garra de la gentrificación que un sitio más no sería algo nuevo, en la esquina encuentro un par de jipsters tomando fotos (con j, no llegan a hipster), los sigo, hablan de su nuevo proyecto de remodelación, un edificio en Dr. Mora, incluirá Hotel Boutique con vista a La Alameda ya remodelada por supuesto, sin gays o chicas que limpian casas, la remodelación como cortina que cubre lo que las decentes pudientes y hermosas familias mexicanas no quieren ver en su paseo dominical ciclista.

Los chavales entran en Cuba 33, la puerta se cierra, tiempo atrás la puerta estaría abierta, esas hermosas vecindades de puerta abierta se extinguen; tomo unas cervezas en una cantina cercana, el mesero me dice todo lo que deseo saber sobre los jips que acabo de ver, el Centro es pueblo chico. “Rehabilitación y regeneración urbana en el Centro”, el nuevo apodo para el robo, despojo, transa, permisos chuecos, cobro en nómina del GDF por proyecto, empresarios abusivos, políticos, familias dueñas del Centro, arquitectos sin ética, artistas, promotoras y promotores culturales, fauna nociva, parásita, mugrosa, empresarios voraces, escritores (as) cuya cuarta de forros debería decir “Eterno parásito del Estado” o “Apadrinado (a) por sus compas”, pongo la “a” porque podrían acusarme de misoginia, algo aprendí de Fante en aquella entrañable novela Theroadto Los Angeles, en el capítulo donde mata a los cangrejos analiza por qué no tiene sexo la cobardía, la vida parasitaria o cualquier tema. Corrupción, dedazo, compadrazgo. México: un país en el que los escritores-funcionarios públicos se pagan ferias con el erario, nos queda bien ese viejo y repugnante dicho “el que no transa no avanza”, lo escandaloso es que nadie protesta, nadie quiere quedar mal, denunciar significa segregarse o ser vetado o insultado, nadie quiere sentirse incómodo con los “colegas”, nadie quiere escupirle a los zánganos, prefieren aceptarles limosnas. También existe el otro lado, los que viven al día. A los reaccionarios nada los satisface, olvidé las veces que me acusaron de no ser cool, la diplomacia es para los gusanos sumisos. ¿Nombres? Los conocen, las conocen, ahorremos líneas de promoción para las tenias. ¿A quién le importa una feria internacional con libros plagados de erratas?, a nadie, solo a los que tienen que cobrar cheque por un trabajo diplomático, pagado con el lomo hecho pedazos de un obrero, de una señora que trabaja 24 por 24 en un Seven, de una morra que putea por mona o maicena en Reforma. Están que renuncian, que les duele el país, que sufren, cobrando sus cheques o becas, claro.

Estoy en una cantina de la colonia Guerrero, tratando de saber en qué punto perdí la visión del “progreso”, un vaso de vodka de desayuno, nada mal, repetiré, lo mezclo con jugo de toronja, mi destrucción es más sana. Un perro callejero muerde a otro en alguna noche distante, una mujer lleva droga en un taxi a La Herradura para sus amigas, señoras aburridas con vidas destrozadas, una niña vende dulces a las cuatro de la mañana en un bar de la calzada México-Tacuba, alguien la manosea, su madre recargada en la mesa, cobra. La mugre está dentro de los que se niegan a mirarla, están tan sucios, tan acabados, sus mentiras los engordan como cerdos en corrales, con perdón de los cerdos, animales tan agraciados, nobles, hermosos.

La ciudad, sus enmaletados, pancartas  de candidatos sonrientes que sirven para obtener votos de ingenuos. Mientras existan bares luminosos de cerveza sobrevaluada seguirán pegándonos, cobrar una cerveza en 40 pesos es robar, un robo legalizado. Pagar un trago sobrevaluado es ofensivo como la mala poesía, Bukowski tenía razón: “There’llalways be mony and whores and drunkards/downtothelastbomb/but as Godsaid,crossinghislegs/I seewhere I havemadeplenty of poetsbutnot so verymuchpoetry”

* Escritora. Autora de la novela "Señorita Vodka" (Tusquets)