Brasil, más que futbol y samba, luce en Fráncfort

Aseguran ser un país interesante y dinámico. Y eso es lo que intentan expresar en la Feria del Libro de Fráncfort, donde Brasil es el invitado de honor.

Fráncfort

En el deslumbrante pabellón de 2 mil 500 metros cuadrados que Brasil presentó ayer como invitado de honor en la Feria del Libro de Fráncfort no se ve una sola pelota de futbol. El país quiere aprovechar su protagonismo en la cumbre mundial del libro para mostrar una cara distinta: la de su imponente energía creadora.

“Brasil es un país marcado por muchos tópicos. Más aquí, en Europa”, constató la escenógrafa y directora de cine Daniela Thomas, responsable del pabellón junto al arquitecto Felipe Tessara. Agregó: “Futbol, mujeres, carnaval... Somos mucho más que eso. Somos un país interesante y dinámico. Y eso es lo que intentamos expresar en este espacio”, explica Thomas.

El pabellón es uno de los puntos fuertes de la presentación de Brasil como país invitado en la nueva edición de la feria, junto con su delegación de 70 autores y un ambicioso programa de fomento a la traducción de obras brasileñas.

Inspirado en el modernismo brasileño y en la arquitectura de Oscar Niemeyer, el foro se presenta como una gran plaza abierta y luminosa. Las paredes curvas que delimitan el espacio y todos los elementos del interior están construidos por módulos de un papel diseñado por expertos alemanes exclusivamente para el proyecto.

“Todo es papel”, destaca Thomas. “No lo hicimos por motivos ecológicos, sino porque en cada feria se habla menos de libros y más de derechos. Es una tendencia sin retorno. Pero el papel fue nuestro amigo durante 500 años. Queríamos homenajearlo como socio de la imaginación humana”.

La concentración en lo estrictamente creativo y el énfasis en la diversidad del quinto país más grande de la Tierra marcan

los cinco espacios temáticos en los que se divide el pabellón.

En una esquina se levantan columnas formadas por pilas de folletos en los que se presentan diversos personajes de la literatura y la cultura popular brasileña, desde Doña Flor, famosa por sus “dos maridos” en la novela de Jorge Amado, hasta Raimundo el mulato, creación de Aluísio Azevedo.

“Los personajes de nuestra literatura son tan potentes que a veces son más conocidos que políticos, reyes y militares”, se enorgullece Thomas. En el pabellón apenas hay referencias políticas, y el nombre de la presidenta Dilma Rousseff no se lee en ningún lado.