Brandenburgo recibió "caballos mexicanos"

Las 21 esculturas expuestas en Berlín son autoría del pintor y escultor Gustavo Aceves.
Hacía más de 80 años que no se exhibía la obra de un artista en ese lugar.
Hacía más de 80 años que no se exhibía la obra de un artista en ese lugar. (Especial)

México

Desde 1933, la Puerta de Brandenburgo, en Berlín, no había albergado la obra de ningún artista. Durante una semana y en el contexto de la conmemoración por el 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, se pudo observar Lapidarium —palabra de origen latino que indica el lugar donde se exhiben fragmentos de esculturas—, un conjunto de equinos monumentales que hicieron guardia en la antigua puerta de la ciudad hasta el sábado pasado.

Las 21 esculturas de caballos son obra del reconocido pintor y escultor mexicano Gustavo Aceves (Ciudad de México, 1957), quien, en entrevista telefónica con MILENIO, comentó que esta muestra “es doblemente honrosa ya que fue una invitación inusitada a un artista mexicano por la magnitud del evento, y porque hacía más de 80 años que no se mostraba la obra de un artista en este espacio”.

El hilo conductor de la instalación fue la migración. El artista explicó que cree profundamente en que “el arte humaniza al hombre: por lo tanto, un hombre más humano conforma un sociedad más humana, lo que da como resultado una sociedad más pacífica. No me refiero a la mitificación de la cultura ni a buscar la compasión cristiana, sino a esa conciencia que permite el diálogo con el otro, que es lo que a mí me interesa”.

Por lo anterior, Aceves considera que existe un diálogo entre su obra y la conmemoración del fin de la Segunda Guerra Mundial, ya que busca sensibilizar a través de la reflexión artística.

Respecto a la migración, el artista dijo que su obra pretende mostrar que “este no es un problema sino un fenómeno. Una vez que se entienda que cuando los migrantes buscan salir y sobrevivir por razones graves, que no fueron provocadas por ellos mismos, se tiene que dar un diálogo entre los países ricos para encontrar soluciones”.

Las esculturas, que llevaron un proceso de elaboración de seis años en Pietrasanta, Italia, están esculpidas en mármol y granito. Son, dice el artista, “metáfora del caballo de Troya. Creo que esto mismo sucede actualmente con el migrante y su ocultamiento para poder cruzar fronteras”.

La obra se presentará también, entre este año y el próximo, en Venecia, Londres, Pekín, Roma y, finamente, en el Zócalo del DF.