Bob Stewart: viaje en tuba del dixieland al free jazz

Se presenta hoy en el Teatro de la Ciudad como parte del Bestia Festival; hará mancuerna con el trombonista Ray Anderson.
En su disco más reciente conecta el jazz con la música de concierto.
En su disco más reciente conecta el jazz con la música de concierto. (Especial)

México

Cuesta creer que alguna vez Bob Stewart, uno de los innovadores de la tuba en el jazz y la música libre, se sintiera mal con su instrumento. Después de estudiar trompeta durante 8 o 9 años, dice en entrevista con MILENIO, "mi primer instrumento, mi primer amor, me di cuenta de que, por un problema en los labios, tenía que cambiar de instrumento. Dejar la trompeta hizo que me doliera el corazón. A los 10 años, ni siquiera tenía en mente algún trompetista, simplemente la trompeta despertaba mi fantasía... al principio".

Su segundo amor ha resultado más fructífero y creativo, al grado que es considerado uno de los principales impulsores del instrumento, tanto en su faceta como líder como de acompañante, compositor y maestro. Entre los músicos que se han beneficiado con su talento figuran Dizzy Gillespie, Charles Mingus, Lester Bowie, Muhal Richard Abrams y Arthur Blythe.

Stewart se presentará hoy a las 20:30 en el Teatro de la Ciudad como parte del Bestia Festival con el proyecto Heavy Metal, con el trombonista Ray Anderson. Comparten cartel con el dueto del baterista Han Bennink y el guitarrista Terrie Ex, así como Marc Ribot en la guitarra acústica.

El tubista comenta que ha tocado con Anderson "en muchísimas bandas, así como en su Pocket Brass Band o en mis ensambles. Nos conocemos como desde 1977 y hemos hecho juntos tantas cosas que decidimos formar un dueto y bautizarlo como Heavy Metal. Será una sesión de música improvisada, pero también tocaremos algunas composiciones de cada uno, canciones tradicionales, como 'John Henry', y algo de Duke Ellington".

Al no existir una tradición en el uso de la tuba en el jazz, sobre todo en el plano solista, Stewart inventó su propio estilo. Recuerda que al salir de la universidad su primera tocada fue con un grupo de dixieland: "Era la única tocada disponible, pero fue la que me trajo a Nueva York y me encontré con las otras posibilidades que ofrecía la tuba, empezando con el dixieland, para luego pasar al jazz con gente como Gil Evans, Carla Bley y otros músicos".

¿Encuentra similitudes entre el dixieland jazz y el free jazz?

Creo que hay una asociación directa, pues ambos, en una época, fueron llamados free jazz. A la música de principios de los años veinte le llamaban free jazz porque los músicos tocaban lo que querían tocar. La única diferencia es que entonces ellos tocaban en una tonalidad y con ciertos cambios de acorde, pero en el free jazz contemporáneo en ocasiones no hay tonalidad, ni cambios de acorde. En lo que son iguales es en el hecho de que los músicos se escuchan unos a otros, uno hace un comentario, el otro responde y el proceso se repite. Si tienes ese acercamiento musical puedes tocar ambos estilos bastante bien, son muy similares.

¿Por qué es importante la música improvisada en nuestros días?

Es aplicable a la gente que mientras vive debe ser flexible: las cosas pasan y debes moverte a la derecha o a la izquierda, y deberías estar abierto y disponible a tiempos y situaciones cambiantes. Eso es el free jazz.

Recientemente grabó Connections: Mind the Gap, que incluye un cuarteto de cuerdas. ¿Cómo hace esta conexión con la música clásica?

No veo al jazz y a la música clásica como dos mundos separados. No veo diferente el mundo del free jazz de los años veinte al free jazz contemporáneo, no creo que estén tan separados, los veo como parte de un círculo que los junta. La forma de acercarse a ambas músicas es igual, aunque el sonido es diferente. No creo que el jazz y la música clásica estén tan apartados, todo es cuestión de cómo acercarse a ellos, que es lo que trato de hacer en mi disco más reciente: trato de unir estas músicas con este concepto en mente.