ENTREVISTA | POR WALTER SCHMIDT

Se presentó en el DF este artista políticamente comprometido, innovador en la utilización de sintetizadores en los setenta y hoy con un software para laptop que produce obras sonoras de original experiencia auditiva.

Bob Ostertag, periodista radical y músico experimental

Ciudad de México

Nacido en Albuquerque, Nuevo México, el 19 de abril de 1957, Bob Ostertag es un músico experimental y escritor que comenzó a trabajar con sintetizadores en la década de los setenta. Su primer grupo fue un trío con Ned Rothenberg en los alientos y Jim Katzin al violín. En 1979 se movió a Nueva York, iniciando una gran actividad en colaboración con músicos interesados en la improvisación y realizando numerosas grabaciones, incluyendo el álbum Getting a Head con el guitarrista Fred Frith.

Ostertag se ha destacado en el uso de sampleos, manipulación de cintas y en el diseño y construcción de sus propios instrumentos, con un enfoque y un estilo únicos. Ha colaborado con grandes músicos, incluyendo a Anthony Braxton, Eugene Chadbourne, Christian Wolff, Phil Minton, Zeena Parkins y Roscoe Mitchell.

Con el éxito llegó el interés por la política y los turbulentos movimientos revolucionarios y contrarrevolucionarios que ocurrían en Sudamérica durante los ochenta. Decepcionado con la industria musical se fue a vivir a El Salvador, donde radicó durante siete años y se volvió un experto en la crisis política de América Central, colaborando con artículos en publicaciones de diferentes países, incluyendo Pensamiento propio (Nicaragua), The Guardian (Londres), The Weekly Mail

"La gente muy joven dice que estos viejos instrumentos suenan mejor que la computadora"

(Sudáfrica), alternando su tiempo entre Centroamérica y giras de conferencias por las principales universidades de Estados Unidos.

En 1989 regresó a la música colaborando de nuevo con el guitarrista Fred Frith y editó el disco Sooner or later como respuesta a los días pasados en El Salvador. Para 1999 después de 10 años de trabajar con el mismo sampler, el Ensonic ASR-10, se volcó hacia la computadora, lo que le permitió usar varios controladores como "joysticks", controles de videojuegos y tabletas de dibujo para hacer música mediante diferentes programas.

Como escritor, ha publicado varios libros sobre la historia del periodismo radical y ensayos musicales como Creative life: music, politics, people and machines (Vida creativa: música, política, gente y máquinas). Actualmente Bob Ostertag es profesor en la Facultad de Estudios Tecno Culturales en la Universidad de Davis (un video de su trabajo con los estudiantes puede verse en YouTube).

Con casi nula publicidad Bob Ostertag realizó una rara presentación hace poco tiempo en un bar del Centro Histórico de la Ciudad de México. Después de su actuación tuvimos la oportunidad de conversar con él.

¿Podrías decirnos algo acerca de la música que presentaste?

Este es un proyecto muy reciente. En México es la segunda vez que lo presento. Uso un control de videojuegos estándar para tocar un programa de sintetizador de audio que corre en mi computadora laptop: es un programa que traduce los datos del control de juegos en algo útil para mi propio sintetizador.

Empecé a usar sintetizadores en los setenta, cuando eran muy grandes, cosas caras que parecían un tablero telefónico. Estaban hechos de diferentes módulos que generaban lo que podríamos llamar diferentes formas musicales, que se podían poner a interactuar de maneras complejas. Por cierto yo no fui la primera persona en llevar una de estas cosas al escenario, pero puedo haber sido el primero en usarlo como su instrumento principal, noche tras noche en contextos de improvisación con otros músicos que tocaban instrumentos convencionales. Esto fue en Nueva York a fines de los setenta, tocando con gente como John Zorn, Wayne Horvitz y Fred Frith. Esos instrumentos casi desaparecieron cuando salieron los primeros sintetizadores digitales a mediados de los ochenta. Últimamente hay un renovado interés en ellos, especialmente entre la gente joven aburrida de las computadoras.

Mucha gente más joven insiste en que ama estos viejos instrumentos por el sonido, pues dicen que es mejor que el de la computadora. Pero yo no estoy seguro de ello. Los nuevos sintetizadores software, como el que usé en mi actuación en México, se llama Aalto y tiene un buen sonido. Yo sospecho que lo que atrae a la gente joven de los viejos sintetizadores es esto: en primer lugar no puedes mandar correos electrónicos ni comunicarte a través de Facebook con ellos. Las laptops se han convertido en las mayores máquinas productoras de distracción de la historia. Es difícil concentrarse en una laptop. En un viejo sintetizador solo puedes hacer música. Segundo: no lo tienes que actualizar mes tras mes. Son lo que son, tienes que trabajar con los recursos musicales que ofrecen, en lugar de soñar con la nueva versión unos meses antes de que salga. Y tercero; desde de que te sientas a tocarlos estás usando tus oídos. Hacen ruido desde el momento que los enciendes.

Por otra parte, ahora hay una nueva generación de sintetizadores en software que suenan genial y que se montan como módulos que interactúan igual que el viejo sintetizador análogo. Y son mucho más baratos; un sintetizador como el Buchla anda cerca de los 30 mil dólares y el sintetizador en software cuesta solo 99. Como estos programas los corres en una computadora estándar, me preguntaba si podía encontrar la manera de usar un control de videojuegos para tocar el sintetizador del modo que yo soñaba desde los setenta y que no había podido hacer.

Los resultados de estos esfuerzos son lo que presenté en el Bar Mancera. Estoy feliz con esto. Siento que puedo improvisar y tocar de un modo que tenga un sentido musical, de una manera que no era posible antes y que es muy diferente al modo en el que uno toca instrumentos más convencionales. Y solo van dos conciertos. Hay mucho lugar para que esta música crezca mientras más lo hago.

¿Cuáles son tus proyectos musicales actualmente?

Tenemos éste. Tenemos el w00t, que es una mezcla de música de juegos de computadora que también manipulo de un modo improvisado con el control de video juegos. Está mi disco A Book of Hours, con el que estoy muy contento. Esta obra es para tres vocalistas y un instrumentista. Pienso en él como música religiosa para la gente que no cree en Dios, o música devocional hacia nada en particular. La versión grabada presenta a los vocalistas Theo Bleckmann, Shelley Hirsh y Phil Minton y el multiinstrumentista Roscoe Mitchell. Ellos son músicos extraordinarios. Roscoe es una generación más vieja que yo y ha sido un héroe musical para mí, por lo que ha sido un honor trabajar con él. La premier mundial se llevará a cabo en Praga en marzo de 2016 con un grupo que incluye a Theo Bleckmann, Phil Minton y Carla Kihlstedt en violín y voz.

Finalmente está "Sooner or later". Esta pieza la hice hace mucho tiempo. Pasé buena parte de los ochenta trabajando para la revolución salvadoreña y "Sooner or later" es la pieza que escribí cuando dejé ese trabajo. Es la grabación de un chico enterrando a su padre en El Salvador. Los sonidos que oyes son la voz del chico hablando acerca de su padre, la pala cavando la tumba y una mosca volando alrededor del micrófono. En la segunda parte está la guitarra de Fred Frith. Dejé de tocarla hace 20 años porque es muy triste. No es el tipo de cosa que quieres tocar cada noche. Pero este agosto regresaré a El Salvador y voy a presentar "Sooner or later" en un festival en las montañas, no lejos del lugar donde está la tumba. Esto será algo muy importante para mí. Así que la voy a tocar varias veces antes de llevarla a El Salvador, por eso la estoy tocando en mi gira actual (La tocaré en Beirut la próxima semana)".

¿Podrías contarnos de tu trabajo como escritor?

Empecé a escribir como periodista durante mi estancia en El Salvador. Desde entonces he publicado cierto número de libros; sobre la organización del trabajo en Las Vegas, también acerca de la historia del periodismo radical en Estados Unidos, un libro acerca de un proyecto de guerrilla usando los medios de comunicación llamado The Yes Men. Y una colección de ensayos sobre música, política y tecnología. El año entrante voy a publicar un nuevo libro que es una historia social acerca del estrógeno y la testosterona.