Puro músculo /y II

El fotógrafo capta que alguien intentó matar al hombre, a la mujer o a los dos; ¿por qué? ¿Por celos?, ¿por amor o desamor? ¿Por qué huyó el hombre? 
El epílogo es una metáfora de la vida.
El epílogo es una metáfora de la vida. (Especial)

El fotógrafo es un personaje intenso, pero los autores se preocupan por imbuirle jovialidad para que no resulte pedante; es la antítesis de una generación que se clavó en la droga. Aunque en cualquier lado de su estudio el personaje tiene algo que beber, no se emborracha porque se entrega al placer de ser profesional, disciplina que no excluye correr y bailar, pero tampoco regañar, gritar y espiar, como debe ser un artista que rompe la gelidez de la indiferencia.

En la ansiedad por encontrar material para su libro, desea la tranquilidad de un parque público; allí encuentra una paradoja: una pareja que se besa, que habla, se separa, vuelve a juntarse. El fotógrafo se convierte en un bandolero: les roba la imagen disparando una y mil veces su cámara, hasta que la mujer se da cuenta y corre a reclamarle mientras el hombre huye. Esto crea intriga.

La mujer intenta recuperar los negativos del fotógrafo a cualquier precio, sin lograrlo, lo que despierta aún más el estro del personaje; revela las fotos, las analiza, las amplía con una mirada ejercitada como músculo de atleta profesional, y descubre que entre los matorrales hay un hombre escondido empuñando una pistola.

El fotógrafo capta que alguien intentó matar al hombre, a la mujer o a los dos; ¿por qué? ¿Por celos?, ¿por amor o desamor? ¿Por qué huyó el hombre? Son conjeturas que hace el espectador, no el personaje. Éste analiza las fotografías, secciona meticulosamente y amplía, y de repente encuentra algo que parece un cuerpo tirado en el césped. Sin pensarlo, sale de su estudio ya entrada la noche y va al parque: allí, hay un hombre muerto. Al principio pensó que había salvado la vida a dos personas, ahora está confundido con la idea del cazador cazado. Cuando regresa al día siguiente para tomarle fotos al muerto, ha desaparecido.

El epílogo de la película es una metáfora de la vida, donde la mímica es el arte de la figuración, la vida es de "mentiritas". Hay preguntas que no tienen por qué responderse: lo importante es mirar, porque en todos lados hay cosas que se ven mejor por estar ocultas.

El cine de Antonioni demuestra que sus personajes, hombres y mujeres, son como nosotros, que vivimos en cualquier parte del mundo, personajes de carne y hueso, impredecibles en nuestro comportamiento, por lo cual puede seducirnos comprar una bobería en una casa de antigüedades.

Que valga esta modesta colaboración como un homenaje a Julio Cortázar, artífice de una obra maestra realizada con puro músculo.

Blow-up (Gran Bretaña, 1966), dirigida por Michelangelo Antonioni, con David Hammings y Vanessa Redgrave.