La Bienal de Tamayo, la diversidad en el arte

Erik Castillo, curador de la a XVI Bienal de Pintura Rufino Tamayo, asegura que se cumplió la descentralización cultural que ha buscado el certamen desde su creación.

México

Instalaciones de libros o cristales cortados, resinas, mezclas de cremas y harinas con color, algunos paisajes hechos con acrílico, y diversos óleos abstractos o figuras humanas en distintos escenarios; así son las 57 obras que constituyen la XVI Bienal de Pintura Rufino Tamayo, que este año apuesta por la diversidad de propuestas y técnicas.

“Lo que yo trato de hacer es poner en el escenario, en el que se perciban los distintos tipos de tensión, armonía, desarmonía, encuentro, desencuentro, pero reconociendo a todas las piezas en un horizonte de pluralidad, su pertinencia” dice Erik Castillo, quien encabezó, junto a los pintores Patricia Soriano y Luis Hampshire, el comité curatorial de esta bienal. 

Este año, asegura Castillo, la Bienal busca, ante todo, la diversidad de propuestas que permita darles voz a todas las visiones y posturas dentro del mundo de las artes plásticas en México, ya que estas se encuentran muchas veces en un escenario de tensiones que causan una desarmonización.

“La diversidad en el escenario de la pintura en México se da afortunada y desafortunadamente en un ámbito de tensiones.  Quiero decir, no me refiero específicamente a una tensión social, me refiero a que en el sistema del arte afortunadamente hay tensiones porque hay visiones confrontadas. Esta diversidad no es reconocida por todos, imagínate que si al disciplina de la pintura, respecto a prácticas disciplinarias que a veces son de confrontación y a veces son de confluencia, y en México desafortunadamente son más de tensión en el sentido de desarmonía, lo cual es muy preocupante”.

Para seleccionar las obras que participan en este certamen, el curador asegura que tuvo la oportunidad de viajar a varias ciudades de la República, como Monterrey, Guadalajara, Aguascalientes, Durango, Jalapa, San Luis Potosí, y Puebla, para conocer talleres y el trabajo de otros artistas mexicanos y poderlos incluir en la muestra.

“Este comité, que tuve el honor de coordinar, me permitió hacer unos viajes… Ahí profundicé en las carpetas de trabajo y algunos talleres de los artistas que estaban registrados. Pude hablar con ellos, percibir su modo de pensar… Esto le dio una diferencia a esta edición, una diferencia que tienen que ver con el origen del certamen tal como la concibió Rufino Tamayo. La vocación de descentralización cultural y la perspectiva de estimular la contemporaneidad en otras ciudades que no sean el DF, se cumplió”, señala.

Castillo añade que esta edició ha sido, junto con la de 2013, la de mayor demanda y trabajos recibidos.

La Bienal convoca anualmente a artistas mexicanos o extranjeros, que residan en el país (en el caso de los extranjeros deben comprobar cinco años de residencia). Las obras deben ser inéditas y recientes y sus temas y especificaciones pueden variar de acuerdo al certamen.

En 1981 el pintor oaxaqueño Rufino Tamayo, en su interés por impulsar la creación de la plástica mexicana, creó este certamen con ayuda del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), dedicado a los artistas mexicanos de más de 35 años.

Aunque fue interrumpida en 2010 para “replantear” el concurso, el INBA  lo recuperó en 2011 y siguió en marcha.  Desde 1992 el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca funge como co-sede de la exposición que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo.


La pintura, el espectador y el arte: tres pintores de la Bienal 

José Luis López Galván es oriundo de Guadalajara, Jalisco, y es la primera vez que participa en la Bienal. Para él ha sido una sorpresa su inclusión y dice sentirse emocionado.

“Creo que entré extemporáneo, así que tampoco sabía nada al respecto. De hecho no la conocía, me enteré de su importancia hasta ahora que veo la cantidad de participantes y la resonancia mediática que tiene”.

La obra con la que participa se llama ‘Traje de yo’ y representa a una mujer con una joya hindú en la frente, así como con una serie de manos alrededor del cuello, y está hecha con óleo. Para él, quien estudió diseño gráfico, sus pinturas no son tradicionales aunque utilicen técnicas como el claroscuro, “aunque me gusta que den la apariencia de que son tradicionales”.

 “Me gusta darle cosas interesantes a los espectadores, yo comencé en esto del arte como espectador. No sabría decirlo con exactitud, pero pintar me trae poca satisfacción, sufro mas las pinturas de lo que las gozo, me gusta más el reto. Veo que los espectadores si encuentran algo que les satisface. Ellos encuentras algo más importante en ellas que yo. Creo que visto así, el que ve la pintura se la merece más que el que las hace”, dice.

Paul Lozano, también tapatío, participa con una pintura llamada ‘Chac Mool’, considera que este tipo de certámenes es importante pues hay mucha producción artística en México, pero pocos apoyos.

“Hay una producción inmensa de arte, hay piezas muy buenas, pero también hay cosas muy malas. Se está llegando a una moda, el arte como un hobbie, como un estatus de socialité, y creo que ya se está yendo por otro lado. Sin embargo,  hay artistas jóvenes que yo admiro muchísimo y que casi no tienen oportunidades, se está olvidando a los jóvenes y se tiene que voltear a verlos”, señala.

Sobre su obra, dice que su estilo es una forma de nadar contra corriente al estilo pictórico de su familia, retratistas y de arte sacro, y habla un poco sobre la pieza que exhibe en el Tamayo.

“Muchos dicen que es un tanto abstracto, yo sólo soy pintor, no podría decir qué tendencia tengo. Dicen que el Chac Mool era para depositar el corazón del sacrificado y ahorita estamos en una época donde no hay un recipiente como tal, pero si lo trasportamos, hay gente que se sacrifica por sus tierras, por su gente, y ahí está el Chac Mool”.


Para el pintor mexiquense Ángel Solano, quien concursa con su díptico de la serie 'Naturaleza Crónico-degenerativa’, cualquier arte o postura creativa es válida siempre y cuando tenga algo que decir.

“Hay como un alejamiento de la tradición, pero creo que allí está la nueva riqueza.  No estoy peleado con los nuevos medios y las propuestas más experimentales, pero mi búsqueda va por otro lado. Yo creo que todo es conceptual, la pintura es conceptual. Respeto mucho la postura de críticos como Avelina Lesper, pero mientras alguien tenga algo que decir y encuentre el medio, es muy válido”.

La obra que llevó a Ángel a la Bienal busca hacer una analogía entre las viejas pinturas de naturaleza muerta y las medicinas y la muerte que representan los medicamentos y los hospitales.

““El tema llegó sin esperarlo, por mi madre quien está enferma de lupus, me vi inmerso en el medio de los hospitales, en el concepto de enfermedad, entonces como creador, lo primero que hice fue recolectar todo lo que tenía que ver con eso. Es una revisión puntual del género conocido como naturalezas muertas, sólo que en lugar de representar objetos de valor o cenas caras en un bodegón, lo hago con medicamentos. Es también una crítica al sistema de salud en México”, explica.

Ángel, quien se dedica a pintar desde hace 15 años, añade que es un compromiso muy fuerte el formar parte de la Bienal Tamayo.

“Es una plataforma muy fuerte dentro del país. En la exposición hay una gran variedad de pintura, de mentes, de formas de abordarla, de temáticas. Para mí es como un compromiso muy fuerte con mi trabajo, de seguir pintando.”

La Bienal de este año reunió a  56 artistas, cuatro de ellos extranjeros, elegidos de entre mil 22 creadores.  El fallo del jurado de los artistas premiados será inapelable y se dará a conocer el 30 de septiembre de 2014. Se otorgarán tres premios de adquisición de 150 mil pesos y formarán parte del acervo del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca.

La exposición fue abierta el 14 de agosto y permanecerá en el Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo hasta el 19 de octubre. En diciembre viajará al Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca y posteriormente será itinerante durante un año por diversas entidades del país.