“Lo importante al escribir es que el lector tiene la última palabra”

Mar negro es el libro más reciente de Bernardo Esquinca publicado por Almadía en el que reúne doce relatos de terror.
Bernardo Esquinca, periodista y escritor nacido en Guadalajara acaba de poner en vitrinas Toda la sangre, segunda entrega de la saga del periodista Casasola.
Bernardo Esquinca (Milenio)

Guadalajara

Bernardo Esquinca, el autor tapatío de las novelas Belleza roja, Los escritores invisibles, La octava plaga y Toda la Sangre, comparte para los lectores de MILENIO JALISCO algunos detalles que alimentaron la confección de su más reciente entrega de relatos titulada Mar Negro.

Quienes han podido seguirle la pista, no se equivocarían al decir que pasa por un momento prolífico de su carrera. No ha pasado mucho tiempo desde que salió su última novela Toda la sangre y ya presenta esto que ha llamado Mar Negro...

Tal vez sí. Mar Negro es un híbrido que me llevó concretarlo tres años. En él, trato de mezclar el cuento con la novela. Me refiero a aspectos muy característicos en los que a la trama principal de la historia agrego otras historias de los propios personajes. Es un recurso que a lo largo de mi obra lo he realizado, se me da e incluso me permite darle la vuelta a clichés establecidos…

¿Clichés?

Sí, por ejemplo, en la tradición de la literatura de terror uno de estos clichés pueden ser las muñecas embrujadas. En Mar Negro, el lector encontrará el cuento Sueña conmigo, la historia de un coleccionista de muñecas diabólicas, en la que también develo la historia de algunas de esas muñecas. Al escribirlo pensé mucho en este tipo de muñecas rusas que contienen en su interior otras. Me parece que con ese recurso pude darle la vuelta a un tema muy sobado.

Sueña conmigo, supongo, es uno de los doce relatos con el que se sintió más satisfecho..

Está también, aunque en otrosentido Mar de la tranquilidad, Océano de las tormentas. Allí narro una historia un tanto familiar, la de mi primo que en su esquizofrenia decía que recibía llamadas que le alertaban de una invasión de los Estados Unidos. Es una historia entrañable. De esa forma es como mezclo aspectos de la realidad con la ficción. En este caso una ficción que trata de explorar ese temor a lo desconocido, y a la forma en cómo podemos encontrarlo en la cotidianeidad. Creo que también el libro debe entenderse como un homenaje a la Ciudad de México.

¿En qué sentido?

La Ciudad de México siempre me ha parecido una urbe interesante, impactante. Muchas de esas historias nacieron al ver algunas fachadas del primer cuadro del Centro Histórico, veía una finca abandonada y me preguntaba quién podría vivir allí y comenzaba a construir el personaje. Durante el tiempo que comencé a escribir el libro todavía vivía en la calle de Donceles. Todo el contexto que la envuelve es inspirador y al escribir pienso en poder proyectar eso al lector, que siempre resulta ser el juez más inteligente…

¿Más inteligente que quién?

Que los críticos y los académicos. Lo importante al escribir es que el lector tiene la última palabra, decide qué es lo que quiere leer y nunca se equivoca. He visto en todos estos años que la literatura fantástica y de terror cuenta con numerosos seguidores en nuestro país a pesar de que un grueso de autores y académicos sigue considerándolas como subgéneros, en un sentido peyorativo, incluso. Es satisfactorio pensar que hace algunos años quienes gustan de la literatura de terror tenían que conformarse con lo que producían autores de otros países, en especial de Estados Unidos y ahora libros como Mar Negro circulan y logran un espacio en sus libreros y los comentan.

Lectores que en el caso de usted encontrarán entre otras cosas numerosas referencias cinematográficas…

Soy una persona que disfruta mucho el cine, desde siempre. Me parece que de manera inconsciente tiendo a describir los escenarios en los que se desarrolla la historia como si fuera una película debido a ese gusto, sin duda el cine para mí es una gran fuente de inspiración.