El viajero que siempre regresa al País Vasco: Bernardo Atxaga

El escritor asteasuarra define su obra como un híbrido entre lo vivido, los recuerdos, las imágenes, los sueños y las evocaciones.
“No es una novela, porque sería responder a las presiones sociales”.
“No es una novela, porque sería responder a las presiones sociales”. (Especial)

México

El escritor vasco Bernardo Atxaga no es de quienes gustan de viajar mucho fuera de España, ya no se diga de su región, pero cuando le ofrecieron ir a una universidad estadunidense en agosto de 2007 no lo pensó mucho, sobre todo porque más que ir como profesor invitado, solo debía aprovechar su estancia para la escritura de un libro y darle crédito a la institución que se lo permitió.

"Me gusta vivir en los sitios, no me gusta tanto moverme entre ellos; aún menos me gusta moverme por trabajo, porque me da la sensación de que confundo vida con trabajo. Y esa confusión, que primero lo digo en broma, al final se convierte en un gran problema."

Una de sus primeras experiencias en ese sentido fue cuando decidió encerrarse nueve meses en un pueblo de Castilla: nueve meses sin salir de un pueblo, donde la vida y el trabajo se confundieron, y las reflexiones son también confusas, lo mismo sobre la vida que sobre el trabajo: "un lugar tan solitario que, de repente, uno podía escuchar los Nocturnos de Chopin y no me afectaban demasiado".

"El caso del escritor que va a la universidad con un sueldo seguro y vive en ese campus o a los alrededores es lo opuesto de lo que soy, porque no tengo ninguna relación con la universidad, no quiero tenerla, la hierba del campus me sienta fatal; lo maravilloso fue que al no ser profesor no tenía que dar clases, lo único que debía hacer era escribir algo y poner el agradecimiento, por lo que hice una vida rara, no tenía nada especial por hacer, más que observarme y observar mi entorno."

Por ello, cuando se le propuso el viaje a Nevada, Estados Unidos, entre agosto de 2007 y junio de 2008, como profesor invitado, siguió con su rutina de observar su entorno y escribir sobre él, de ahí que su más reciente libro, Días de Nevada (Alfaguara, 2014) sea un híbrido entre lo vivido, los recuerdos, las imágenes, los sueños y las evocaciones.

El paisaje árido y hostil del desierto y el horizonte verde, rojo y siempre luminoso de los casinos de la ciudad de Reno, con su trama de luces brillantes y acristaladas, conducen una y otra vez al narrador a un paisaje más íntimo, más personal para Atxaga: el del País Vasco.

Libertad de la escritura

Bernardo Atxaga es el pseudónimo de Jose Irazu (Asteasu, Gipuzkoa, 1951), con el cual ha firmado títulos como Obabakoak, El hombre solo, Dos hermanos, Esos cielos o El hijo del acordeonista, quien es considerado como una "insoslayable referencia de la expresividad y la solidez del euskera como lengua culta", pero al mismo tiempo "uno de los creadores de mayor hondura y originalidad en el panorama literario hispánico".

Días de Nevada es una de sus obras más libres, en especial al referirse al género: no es una novela, porque sería responder a las presiones sociales, mientras el texto a veces va hacia la forma del cuento, del ensayo o de la crónica, incluso periodística, "no he forzado nada", asegura el escritor: "es más libre que las anteriores, es más francés que los anteriores".

A diferencia de muchos libros que reflejan las experiencias de un escritor latinoamericano en alguna universidad estadounidense, Bernardo Atxaga no se propuso escribir sobre su estancia a partir de ideas fijas sobre esa región, sino más bien buscó encontrarse así mismo en esa atmósfera: no se trataba de llevar un GPS en la cabeza, sino más bien de aprovechar todo lo que el azar le daba con una mirada más clara y menos prejuiciosa sobre su entorno.