Bernardo Reyes fue un Quijote: Ignacio Solares

“Un sueño de Bernardo Reyes” (Alfaguara, 2014), es la historia de un hombre “que enloqueció al final”.
“El novelista llena los huecos que deja la historia”, dice el autor.
“El novelista llena los huecos que deja la historia”, dice el autor. (René Soto)

México

Las novelas de Ignacio Solares buscan estar dotadas de un elemento sobrenatural que les permita mirar al pasado y a sus personajes con una perspectiva mucho más crítica: cuando se encontró con la historia de que Bernardo Reyes sufría de pesadillas nocturnas, se dio cuenta de que ahí estaba ese elemento para contar la historia de un personaje que al final de los días se convirtió en un “Quijote que peleó contra molinos de viento”.

Bajo esa mirada escribió su más reciente novela, Unsueño de Bernardo Reyes (Alfaguara, 2014), la historia de un hombre “que enloqueció al final, que no se lanzó contra don Porfirio cuando podía haberse lanzado, lo que le hubiera dado un giro brutal al país y no hubiese existido la Revolución y nos habríamos ahorrado miles de muertes y una guerra civil”.

“Ese hombre al final se vuelve un Quijote, pelea contra molinos de viento, aunque claro ahí viene otro dato duro: en su prisión se agarraba a los barrotes y gritaba ‘debo salvar al país de la debilidad de Madero’, su debilidad nos va a llevar a una guerra civil. Y eso estaba en la Historia”.

Más allá de ser ubicado como el padre de Alfonso Reyes, al general Bernardo Reyes poco se le ha contado en los libros de historia; la razón, asegura el escritor, es que “estaba del lado de los malos”, pues vivió con el estigma de haber sido porfirista y “encima tenía la cruz de haber peleado contra Madero, quien es el mártir de la revolución. Pero la realidad es muy compleja, por desgracia no es blanco o negro y hay muchos matices: el hecho de que este hombre se lanzara así contra Madero y que al final de su vida le diera sentido a toda su acción al salvar la vida de su hijo, esto lo vuelve admirable”, en palabras de Ignacio Solares, también autor de títulos como La noche de Ángeles, Madero, el otro o El Jefe Máximo.

El último romántico

Rubén Darío pensaba que Bernardo Reyes podía ser un personaje de Víctor Hugo. Ignacio Solares está convencido de que tuvo todas las características como para formar parte de las obras de Shakespeare, porque fue el último gran romántico, quien “todavía creyó en los más altos valores humanistas, creyó en el sueño y fue capaz de entregar su vida a todo ello. Lo que admiré cuando me empecé a adentrar en la vida de Bernardo Reyes fue su integridad, su amor a México, pero no un amor abstracto… tienes que amar a tu prójimo, pero al de carne y hueso, y éste hombre finalmente era un gran estratega, un idealista y un humanista, pero que sabía que hacía falta el orden para poder gobernar.”

Desde la perspectiva de Ignacio Solares, Bernardo Reyes enloqueció, se volvió un Quijote, porque tuvo ese sueño, en el cual veía que nuestro país iba a la deriva, de ahí la necesidad de rescatarlo como personaje a través de una obra en la que la novela, el ensayo o la historia pierden sus fronteras.

“No puedo escribir sobre personajes de los que no me enamoro. Me han invitado a escribir biografías sobre Obregón, Villa o Zapata, pero no puedo, tengo que llegar al corazón de ciertos personajes y encontrar un elemento que para mí es fundamental: lo sobrenatural.”

Un sueño de Bernardo Reyes surgió de una manera muy particular, recuerda el narrador; después de El Jefe Máximo, tuvo un año sin escribir, hasta que en una autobiografía de Rodolfo Reyes encontró ese dato que se convirtió en su propia veta de oro: a su padre, Bernardo Reyes, por las tardes se le subía la temperatura a más de 38 grados, cuenta el también director de la Revista de la Universidad de México.

“Los médicos decían que era por una supuesta malaria contraída en campaña, pero dice su hijo Rodolfo que esas calenturas le impedían dormir bien y le llenaban los sueños de pesadillas y como el novelista llena los huecos que deja la historia me puse a trabajar: ahí donde no puede avanzar más el historiador, el novelista puede imaginar, siempre y cuando se atenga al hecho duro. “Creo que hay una parte ética muy importante en el caso de mis libros, con la que no trampeo al lector, porque necesito el dato: ya tengo que sufría de pesadillas, qué mejor cosa  podía imaginar sino que esas pesadillas fueran premonitorias y ahí está lo sobrenatural”, destacó Ignacio Solares.

Bernardo Reyes fue un personaje que llevó sus pesadillas hasta sus últimas consecuencias aquel 9 de febrero de 1913, cuando sucumbió frente a las puertas de Palacio Nacional: poco antes de esa embestida, alcanzó a gritar “Vamos, la patria nos llama”, aunque todavía alcanzó a cubrir con su propio cuerpo a su hijo, Rodolfo Reyes.

Oración del 9 de febrero

-Quizás Alfonso Reyes no fuera el preferido del general (estaba entre los menores de la familia), sino más bien Rodolfo, quien incluso seguía sus pasos aquel día, pero sin duda la imagen de Bernardo Reyes se ha mantenido en gran parte por la pluma del regiomontano, quien hacia 1930, como homenaje a los 80 años que no cumpliría el padre, le escribió la Oración del 9 de febrero.

La obra permaneció inédita y se publicó de manera póstuma hasta 1963, si bien al lado de esa prosa sobrevivió un soneto más conocido en la obra de Alfonso:

“¿En qué rincón del tiempo nos aguardas, / desde qué pliegue de la luz nos miras? / ¿Adónde estás, varón de siete llagas, / sangre manando en la mitad del día? / Febrero de Caín y de metralla: / humean los cadáveres en pila. / Los estribos y riendas olvidabas / y, Cristo-militar, te nos morías... / Desde entonces mi noche tiene voces, / huésped mi soledad, gusto mi llanto. / Y si seguí viviendo desde entonces / es porque en mí te llevo, en mí te salvo, / y me hago adelantar como a empellones, / en el afán de poseerte tanto.”