Todos los mares de Basia Batorska

La artista nacida en Polonia y asentada desde hace años en México ofrece mediante su peculiar técnica de grabado su experiencia del océano como una marejada inmensa de emociones

Ciudad de México

A bordo de un pequeño barco petrolero y en la inmensidad del Golfo Pérsico comprendió que el mar era todo menos quietud. Azorada, la niña de nueve años contemplaba la fuerza con la que las olas gigantes intentaban devorar la embarcación y finalmente rompían, frente a sus ojos, en la cubierta... Es con sus grabados que Basia Batorska ha de recordar aquel día en que conoció el océano.

El leitmotiv de su obra ha sido la naturaleza, de las montañas al océano

"Huíamos a Bombay y lo único que había para transportarnos era un barco petrolero que olía horrible, subí a la cubierta, me agarré de dos cuerdas y lo que vi fue fascinante: el mar que se rompe en luces, en colores, rompe cosas, pretende acabar con todo", dice la artista, quien se niega a rememorar la invasión de Hitler a Polonia que empujó a su familia a exiliarse en Rusia, Persia, India y, finalmente, en México.

Esa fuerza inacabable, como define Basia al mar, está plasmada en Todos los mares, muestra de 20 grabados con técnica mixta, hechos en placa de madera con relieves trazados sobre una capa de acrílico, en exhibición en la Biblioteca México.

"Es una serie de grabados con una técnica especial. No son como los grabados tradicionales. Cada uno es una impresión única (prueba de artista). Además, pinto sobre la impresión. Había hecho exposiciones con el tema de las montañas y esta es la primera sobre el mar", explica Basia.

El leitmotiv de su obra ha sido su devoción por la naturaleza, pues a partir de la travesía que la alejó de su país natal siempre la ha acompañado, incluso cobijado.

"Nací en la Selva Negra polaca. Mi padre era ingeniero forestal y estaba a cargo de administrar una gran extensión. Muchas veces me llevaba con él y me enseñaba los trabajos de reforestación y el cuidado de la población de bisontes, osos, zorros, venados y jabalíes. En la selva tabasqueña reviví esa felicidad.

"Mi abuela me llevó a conocer los Montes Tatras (en los Cárpatos) y en la Sierra Madre, en Monterrey, volví a sentir la presencia imponente de los montes".

Aunque dedicó dos años a Todos los mares, desde tiempo atrás ya había intentado experimentar con otro elemento de la naturaleza. La historia de sus más recientes grabados comenzó también con la historia de una ola que está a punto de romper sobre una barca. La gran ola Kanagawa, la famosa obra del artista japonés Katsushika Hokusai.

"Hace muchísimos años vi una exposición de él, la obra de La gran ola me gustó muchísimo y de inmediato hice un grabado o dos y los dejé; ahora interpreto de otra manera la ola de Hokusai... en verdad ese fue el mayor reto, reinterpretar con formas y colores diversos algo que se ha representado demasiado en el arte, algo tan antiguo como la tierra", detalla.

En su reinterpretación recurrió entonces a los nombres de los mares en la Luna. Bajo títulos en latín como Mare Orientale o Lacus Gaudii, en las piezas de la muestra tatuó la luminosidad y magnanimidad de esa muralla de agua, tanto la de Hokusai como aqella que la estremeció de pequeña. Las piezas inquietan, golpean la mirada del espectador y dan cuenta de la vorágine en la que puede convertirse el océano.

Los grabados contrastan con la propia figura de Batorska. Ella, una mujer delgada de mediana estatura y con una voz tenue y delicada. Las piezas, espacios donde el tono rojo es el elemento que resalta y por un momento hasta resulta disonante; en algunas piezas se desborda por encima de los márgenes.

El contraste aparente entre la obra y su autora se difumina cuando Basia (abreviación de Bárbara) habla. "Ese color me encanta porque representa la fuerza, esa que rompe con todo... en la vida hay que desbordarse ¿Nunca te has sentido como en una caja?", pregunta. "Como dicen los gringos: don't live inside a box".

Todos los mares permanecerá hasta el 19 de abril en el Vestíbulo del Foro polivalente Antonieta Rivas Mercado, de la Biblioteca México.