"Barro Rojo" y "Coyote del olvido" en la danza contemporánea

Críticos de arte y literatura opinan acerca de los texto de Arturo Garrido y Jorge Izquierdo, quienes abordan la historia de la danza contemporánea.
"Coyote del olvido" y "Barro rojo", hitos en literatura de danza contemporánea
"Coyote del olvido" y "Barro rojo", hitos en literatura de danza contemporánea (Facebook)

Ciudad de México

Como un milagro editorial define el crítico de arte Juan Hernández Islas, la aparición de editorial de los libros danza contemporánea: "Coyote del olvido, 40 años de un anhelo", celebratorio de la carrera de Arturo Garrido; y "Barro Rojo: El camino", del fotógrafo Jorge Izquierdo.

"Milagro en dos sentidos. Primero: en un mundo en el que los libros no importan porque no son objetos del culto neoliberal y de danza, menos; y el segundo porque a través de estos testimonios se logra lo imposible, aprehender la realidad efímera, inasible, irrepetible, de la danza como fenómeno no sólo artístico, sino social y cultural".

El también maestro en historia del arte, dice que leyó emocionado los textos y apreció las fotografías que integran los dos libros que marcan un hito en la edición de libros sobre la historia de la danza contemporánea.

"Ambos libros me despertaron una emoción inmediata: empatía estética e ideológica; una sensación de complicidad con ese modo de atestiguar el acontecer cotidiano de un mundo al mismo tiempo luminoso, que oscuro y doloroso".

El autor del libro "La izquierda en la danza Mexicana", relata que leyó con atención los textos que acompañan el discurso visual que sintetiza 40 años de trabajo ininterrumpido en la militancia dancística de Arturo Garrido, ecuatoriano, mexicano, latinoamericano y ciudadano del mundo afincado en San Luis Potosí, con su Proyecto Coyote.

"Vi las fotografías de sus danzas que nacen en la expresión de los peones, de los indios, de los jornaleros, de los pueblos, cuyos habitantes caminan descalzos la tierra que habitan. Coyote del olvido, 40 años de un anhelo es un libro memorable, en el que se intenta aprehender una experiencia imposible: la de un bailarín convertido en espacio y en tiempo, pero no el tiempo y el espacio del positivismo, sino los de la poesía. El bailarín que con sus danzas transforma en metáfora visible aquello que no puede ser representado de ninguna otra forma, más que a través del poderoso lenguaje del cuerpo en movimiento".

En este libro, agrega Hernández Islas, el lector, encontrará reflexiones que parten de la admiración a la personalidad, a la coherencia ética, ideológica y estética que los que ahí escriben sienten por Arturo Garrido. Ofrece diferentes voces, por lo que el tomo abre con un texto de Javier Contreras, en donde se refiere a la coherencia ética del bailarín y coreógrafo.

Al dar la voz a Edmundo Ribadeneira, él abunda en el poder del creador para aprehender en la expresión dancística, la naturaleza de un poema de Huidobro, en “Altazor”; y luego Isabel Beteta menciona cómo nuestro celebrado Arturo consigue hacer de la expresión del cuerpo un acto de rebeldía.

Cecilia Appleton atisba en la memoria y recuerda: “Al joven delgado con brazos largos movimiendo su cuerpo de forma muy particular”, conectando con la problemática social, con rigor intelectual y lejos de las tendencias clásicas de la composición coreográfica.

Lourdes Fernández habla de la mirada crítica de Garrido, de la solidaridad del creador con las causas sociales, de su danza comprometida, y remite al lector a una referencia estética inconfundible del tipo de movimiento generado por el coreógrafo.

“Los torsos en espirales al infinito”. Independencia, utopía, danzar para luchar, para sentir, para expresar, escribe Fernández.

También Laura Rocha, recuerda, en un texto breve pero sustancial, al “Ñanito”, “un hombre con brazos tan largos que le brindan la posibilidad de abrazar al mundo”.

Rocha indica que Arturo es generoso porque comparte todo: casa, comida, ideas —eso sí, radicales, como todo él—. Señala la resistencia de Arturo a las modas dancísticas, a los modelos de la cultura europea y anglosajona: “Pugna por lo auténtico, hurga en su entorno, en la comunidad, en su origen”, apunta certera Rocha.

Serafín Aponte se echa a en un texto las memorias de la batalla que significó crear una compañía aguerrida, a contracorriente, desde una ideología que cuestionaba el sistema y al status quo.

Para el investigador César Delgado Martínez, el coreógrafo “era un animal de cuatro patas, que poco a poco se iba irguiendo, para convertirse en el guerrero salvadoreño, que luchaba por la emancipación de un pueblo, así dicho con toda la dureza de la palabra: masacrado por un gobierno al que no le importaba matar a mujeres embarazadas que a niños que jugaban arriba de un árbol”.

Cristina Mendoza trae al recuerdo la experiencia de Andamio, esa otra agrupación en la que Arturo Garrido tuvo todo que ver. Y desde luego encontraremos la voz del propio Garrido, quien nos hablará de su manera de ver el mundo, la danza, de insertarse como un ser particular, defendiendo la identidad que le da sentido, en un mundo globalizado.

En síntesis, el ejemplar ofrece imágenes que tejen el discurso de una poética radical, crítica, combativa: la danza y la mirada fotográfica se mimetizan para ofrecer una coherente visión del mundo contemporáneo.

Imágenes de la danza

El maestro en historia del arte, Juan Hernández, sostiene que el libro "Barro Rojo: El camino", le ha dejado una irrefrenable sensación de impotencia, porque al ver las fotografías de Jorge Izquierdo le hubiera gustado estar ahí, en esos campamentos de El Salvador, junto a esas niñas que observan entre curiosas e indiferentes a Serafín Aponte, que baila, mientras una gallina pasa por la escena y entonces todo es tan potente, tan radicalmente transgresor, que no puede uno más que pensar en ¿qué estamos haciendo nosotros aquí, por el mundo y la humanidad toda?


"Jorge Izquierdo no toma fotos, escribe, construye relatos. Historias culturales y sociales, va al encuentro con una realidad fuera del constructo de la ideología dominantes y hace de esa otra forma de estar en el mundo un poética de una síntesis que nos estalla en la mirada.

"El fotógrafo 'documenta' la gira de Barro Rojo por El Salvador, a finales de los años 80 del siglo pasado; y al hacerlo, construye la historia de una compañía, de un pueblo, de la danza en zona de guerra, y nos muestra esa tierra en donde, a pesar de toda la violencia, la pobreza, se respira vida".

Aplaude que la historia de Barro Rojo se ha tejido a contracorriente de las modas, de las esferas del poder, y en complicidad con las luchas sociales, con los pueblos, con esa capacidad para fundirse con la tierra: como lo hacen esos bailarines descalzos que no temen pisar el terreno por el que ha corrido la sangre de nuestros pueblos.  

Desea que "esta historia sea inspiración para continuar con la lucha, desde la trinchera del arte, de las letras, de la imagen, de la danza, en contra del capitalismo salvaje, la banalización de los productos culturales del poder dominante que busca, a toda costa, uniformarnos para convertirnos en consumidores sin conciencia, identidad y visión crítica sobre el mundo".