“Al tocar quieres complacer a todos”, decía B. B. King

Fragmento de una entrevista realizada en 1992, cuando el guitarrista se presentó por segunda vez en el Auditorio Nacional.
“No me considero una estrella, solo me veo como yo mismo”, afirmó el músico.
“No me considero una estrella, solo me veo como yo mismo”, afirmó el músico. (Matthew S. Gunby/AP)

México

No me considero una estrella, solo me veo como yo mismo, como una persona que trata de hacer feliz a la gente. Eso es lo que he venido haciendo desde hace 41 años". No hay falsa modestia en las palabras que B. B. King pronuncia. Habla el hombre que, infatigable, ha llevado y traído el blues por prácticamente todos los rincones del planeta.

Cada noche, antes de cada presentación, el guitarrista y cantante se enfrenta al reto de enviar, claro y fuerte, su mensaje a ritmo de blues. "Antes de comenzar cualquier concierto siempre estoy nervioso. Alguien me dijo que no es posible evitar los nervios porque no conoces el auditorio ante el que vas a tocar. Cuando tocas quieres complacer a todos para que estén felices, pero a la vez debes ser tú mismo. Eso es lo maravilloso: lograr que la gente la pase bien y que sigas siendo tu mismo".

El recibimiento que el público le brinda a B. B. King en Europa, Asia, África o América es el mismo, ya que el blues se ha convertido en idioma universal. Ante el público que sea, el bluesista se entrega por completo y recorre las canciones más significativas de sus 72 discos. Incluso ha tocado ante reclusos, lo que resulta gratificante, ya que "es bueno que sientan que alguien se preocupa por ellos. Cuando me presento en las cárceles los reclusos se sienten muy felices —dice—. Toco las mismas canciones que interpretaría en un club o ante un gran auditorio".

Con más de 250 presentaciones al año, a B. B. King le resta poco tiempo para dedicarse a otras actividades: "Si, en ocasiones las giras resultan agotadoras, pero es como cualquier trabajo: de repente te cansas. Sin embargo, descansas un poco y vuelves al trabajo. Hasta la fecha el blues no obtiene el reconocimiento que merece, por eso trato de tocar en muchos lugares: para dar a conocer esta música. La situación del blues ha mejorado respecto a otros años, pero no es suficiente, se puede hacer más".

Contra otras opiniones, B. B. King asegura que el blues se puede enseñar: "Pero también tienes que aprender practicando y escuchando a otros músicos. Si yo hubiera tenido la oportunidad de contar con un maestro cuando empecé a agarrar la guitarra, hoy tocaría mejor. Pero el blues lo aprendes no solo en las escuelas sino en las calles, en tu cuarto escuchando discos o la radio. El músico es como una esponja que absorbe lo que escucha. A mí, por ejemplo, me gusta escuchar todo tipo de música: jazz, blues, pop, rock, góspel, clásica".

B. B. King no habla de músicos favoritos para no dejar a nadie fuera. Dice que todos son sus favoritos, "muchos de ellos tocan de la manera que yo quisiera tocar. Además me recuerdan esos días en que yo empezaba a presentarme".

Aunque afirma que sería imposible seleccionar las grabaciones que le resultan las más satisfactorias —algunas ni siquiera las recuerda—, señala que prefiere A Modest Glow, "un disco grabado hace muchos años y que prácticamente nadie conoce. Otro disco que también me gusta mucho es el que contiene 'The Thrill is Gone', una de mis canciones favoritas". Se refiere a Completely Well.

"Si no hubiera sido músico tal vez habría sido granjero; me gusta la vida del campo. Aunque más bien seria disc jockey; de hecho, de 1944 a 1955 trabajé en esta profesión", dice. Pero desde que aquel niño escuchó al reverendo de la iglesia local en Indianola, Misisipi, tocar la guitarra y cantar la música religiosa, B. B. King decidió que el blues sería su forma de vida.

Lucille: su historia

B. B. King accede a hablar sobre Lucille, su guitarra, o más bien sus guitarras, ya que ha sido el nombre con el que ha bautizado a un total de 15 instrumentos. "En una ocasión fui a un pueblo pequeño en Arkansas donde durante las noches frías de invierno se acostumbraba sacar los botes de basura a las calles, echarles combustible y prenderles fuego mientras la gente bailaba alrededor de la fogata para calentarse. En esa ocasión un par de tipos se estaban peleando cerca de uno de estos botes de basura colocado afuera del edificio donde me hospedaba. En los forcejeos el bote se cayó al piso y su contenido se esparció, parecía un río de fuego".

Con voz cálida el músico prosigue su historia: "El edificio comenzó a quemarse y todos salimos. Mientras el edificio se quemaba y comenzaba a caerse en pedazos, regresé por mi guitarra que había olvidado dentro y logré salvarla. Después supe que los dos hombres se peleaban por una chica que trabajaba en un club —a quien nunca conocí— y que se llamaba Lucille. De allí surgió el nombre para mi guitarra".