Ayotzinapa y la credibilidad de los intelectuales

Archivo hache.
Archivo hache.
(Especial)

Ciudad de México

Ayotzinapa también pone en crisis la credibilidad del aparato intelectual.

Por ejemplo, ¿recuerdan que hasta hace poco existía una gran campaña —en México y Estados Unidos— contra la “narcoliteratura”? Se le acusaba de exagerar y mitologizar. ¿Cómo explicarán ahora esos periodistas, críticos y académicos que efectivamente el narco lo permeó todo? No admitirán su error. Confiarán en la desmemoria o, peor aún, inventarán nuevos “brillantes” argumentos contra la realidad.

¿Y qué pueden decir ahora los ironistas de la derecha literaria que juraban que nada podía cimbrar ya al país? Nada. No podrán admitir que el descontento mayoritario ha refutado ya al nihilismo de la minoría literaria.

Intelectuales opinan sobre Ayotzinapa en entrevistas o ferias del libro. Pero nada dirán de cómo su prestigio fue construido desde el gobierno.

Nótense las posiciones políticas que toman estos escritores. Son generalidades. Y al margen de sus publicaciones principales.

Este es un rasgo central del discurso intelectual mexicano vigente: en Facebook se quejan (variablemente) del gobierno. Pero esos mismos escritores, sin embargo, son de derecha en revistas o libros.

En redes sociales están “indignados”; en “literatura”, en cambio, siempre han sido “cosmopolitas”. Lean sus libros: cada uno de ellos está hecho para distinguirse o burlarse de Los Jodidos.

Sucede que los escritores mexicanos temen perder privilegios. Por eso en Facebook critican a Peña Nieto pero en su colaboración con Krauze son conservadores.

Quizá también esta notoria (y callada) incongruencia, discrepancia entre sus dichos en redes y sus publicaciones profesionales es señal de un cercano punto de quiebre.

El aparato literario mexicano se volvió insosteniblemente mediocre. Los libros que apenas hace tres años eran señalados como los mejores se han vuelto ya inactuales.

La literatura mexicana se reduce hoy a un mero control de daños. Ayotzinapa también resquebraja esa simulación.

El hecho de que hoy el líder de la República de las Letras (Enrique Krauze) tenga que deslindar abiertamente al presidente, al gobierno en turno, de su responsabilidad en el genocidio (y la narco–colonia norteamericana que es México) es algo que la historia sabrá recordar.

En pocos lustros, Krauze se ha empeñado en desacreditarse totalmente. Pero al ser la punta de la pirámide intelectual mexicana, los niveles inferiores no pueden criticarlo. Si cae Krauze también caen ellas y ellos: sus puros espejismos.

Hace un año decía aquí que la verdadera oposición cultural de este país son profesores anónimos que buscan crear conciencia en los jóvenes. Hoy lo reitero.

Y el gobierno y el capitalismo lo saben. Y por eso cada rato los manda criminalizar, los manda reprimir, los manda matar.

Ay, Ayotzinapa, ¿cuántos años más buscará la mentira enterrar a la verdad?