La teoría y Ayotzinapa

Archivo hache.
Archivo hache.
Archivo hache. (Especial)

Ciudad de México

Sucesos como los de Ayotzinapa ponen a prueba nuestros conceptos. Las élites comentaristas de los territorios dominados usan ideas de las ciencias sociales y humanidades de una época previa. Este desfase ha sido evidente en el caso de Ayotzinapa.

Enunciaré tres entendidos que la teoría hoy juzga ya obsoletos. Pero que rigen la interpretación de Ayotzinapa.

No es necesario Foucault o Snowden para saber que no existe nada llamado “vida personal”. Pero se insiste en que Ayotzinapa fue pérdida de vidas “personales” de “jóvenes”.

Ayotzinapa fue un atentado contra un grupo micropolítico, compuesto de decenas de mexicanos de los que existen millones, un perfil que nada tiene de “individual”.

Caras, deseos, descontentos, sus vidas eran iguales a las de millones de cuerpos aquí y allá. Ayotzinapa no pertenece al orden de lo biográfico sino al de lo biopolítico.

Una segunda falacia de los comentaristas indica que el gobierno mexicano es el sujeto agresor.

Es consenso teórico que vivimos un orden global. Pero los comentaristas se aferran a la existencia de gobiernos autónomos, identificables y “nacionales”.

Parecen no conocer Nafta. No saber que somos parte de América del Norte.

Todo lo que sucede aquí es check list de poderes económicos, militares y políticos que administran esta zona transnacional. Solo ilusos o desesperados pueden creer en lo “nacional” y ante un evento así reclamar a su clase política edecán.

De Ayotzinapa a Ferguson, toda represión de esta zona sigue una misma geopolítica.

Por eso un tercer viejo entendido (invocado hasta el cansancio estas semanas) resulta el más risible: lamentar que en “México” no exista el “Estado de derecho”, la “ley” y, en cambio, impere la “barbarie” o la “corrupción”; como si vivieran en un siglo que nunca existió y no supieran que la “civilización” y la “ley” operan aquí a la perfección y, por ende, imponen la violencia y la desigualdad.

Ayotzinapa fue violencia civilizatoria, no muy distinta a la practicada en la Nueva España para “civilizar” indígenas y negros y muy similar a la rápida y furiosa violencia civilizatoria norteamericana.

Ayotzinapa fue un acto policiaco más para imponer “civilidad” hoy en la región trasnacional de América del Norte. Nada tiene de especialmente mexicano.

Aún más que el 68, Ayotzinapa es una medida protectora de intereses económicos diversos. Nunca sabremos cuál dio la primera y la última autorización para proteger tales intereses, ya siempre glocales.

Si tú crees que el tonto es el presidente, el tonto eres tú. Los gobiernos nacionales no existen. Esto lo sabe la teoría de lo global desde hace mucho.

No pensemos que la lúcida teoría nos ayudará. Ella es solo la técnica confesión del crimen civilizatorio.

Comentaristas y víctimas comunes van y vienen sin sospechar siquiera la diagnóstica risa de la alta teoría, ella, siempre vecina de los genocidas.