Pasión por la música

Ayelen Hernández: sembraste mucho amor, y en una situación dolorosa, lo cosechaste esa noche, cobijado por lágrimas y recuerdos de una amistad inquebrantable.
Ayelen Hernández.
Ayelen Hernández. (Chava Rock)

Sé que no era tu propósito —¡cómo iba a ser!—, pero reuniste a la banda. A la funeraria de la calle de Puebla fuimos a despedirte familiares, amigos, periodistas, músicos, promotores, locutores y tu inseparable Claudio. Mucha gente. No me atreví a acercarme a ver tu rostro en el féretro por última vez; mejor concentré la mirada en una fotografía que nos regalaba tu proverbial sonrisa. Ayelen Hernández: sembraste mucho amor, y en una situación dolorosa, lo cosechaste esa noche, cobijado por lágrimas y recuerdos de una amistad inquebrantable.

Eras una escuincla cuando te conocí; creo que fue en Peerles, donde empezaste desde abajo, como ayudante de quien promovía sus discos. Me capturó tu tono desenfadado, tu voz clara, la sonrisa que todos nos llevamos en el alma y tu entrega al trabajo que, según parece, fue lo que te mató. Irónico que un infarto mate a alguien de buen corazón.

Dejamos de vernos unos años y te reencontré en un momento escarpado de tu vida: tu entrega absoluta —me consta— había sido pagada con un corazón destrozado (¿a alguien le resulta familiar el episodio?). Pero no solo en las novelas rosas hay historias de amor, pues en la vida real encontraste después en Claudio un amigo, un corazón anhelante y un compañero de trabajo. Encontrarlos juntos en presentaciones de discos y conciertos era un regalo.

"Lo que pasa es que eres un exquisito", me decías cuando yo hacía gestos ante algún disco que estuvieras promoviendo y no entraba en mi estándar de gusto personal, además de que no mostraba ningún atisbo de originalidad. "Mira, Ayelen, ¿tú comprarías este disco?", te replicaba. Y entonces reías a carcajada abierta y concluías: "¡No, la neta, no!".

Te apasionabas —tal vez demasiado— con tu trabajo como promotora de discos, manager de Paté de Fuá y luego como road manager de Lila Downs. Cuando tenía la suerte de encontrarte, te mostrabas agobiada por las presiones, pero invariablemente sonreías y repartías palabras de aliento, que siempre te sobraban. En Facebook sobran los testimonios de agradecimiento sobre tu desinteresada manera de entregarte, de tu cuidado por cultivar la amistad.

Aunque sé que habremos de reencontrarnos en algún lugar para retomar las conversaciones que quedaron interrumpidas, me duele no ver tu sonrisa, escuchar tus mensajes de aliento, saber que hay gente que hace de la vida un ejercicio de pasión. Hasta pronto, querida Ayelen, vuela a tu destino, sabiendo que, como decía la canción "The End", de los Beatles: "Y al final el amor que tomas/ es equivalente al amor que das".