ENTREVISTA | POR AVELINA LÉSPER

Alfonso López Monreal Pintor y escultor

Las enormes ventanas de su taller se abren al Cerro de la Bufa, donde el sol implacable seca las piedras, y la catedral de Zacatecas. Su taller ordenado, con obras en proceso y el aroma a cera de la encáustica.

"Necesito rascar, herir, tatuar la superficie"

Ecce Hommo, 2013. Encáustica sobre tela. 120 x 160 cm
Ecce Hommo, 2013. Encáustica sobre tela. 120 x 160 cm (Alfonso López Monreal)

México

Norte y sur en irlanda

Tuve mucho respeto por esa situación, yo pienso que si hablamos o si pintamos sobre un tema tiene que ser algo que conozcamos, y que llevemos realmente dentro. Estaba rodeado de amigos cuya obra reflejaba cómo habían vivido en carne propia el problema irlandés, y yo era solidario con ellos. Odiaba que llegara un artista o un periodista y a la semana ya disertara sobre el problema sin conocerlo con profundidad. Participé mucho en esas épocas dentro del medio cultural y artístico. Inclusive alguna vez fui invitado cuando se firmaron los convenios de paz y dejaron en libertad a todos los prisioneros políticos. Participé en un programa para integrarlos al salir de la cárcel, hablaba con ellos, les enseñaba mis trabajos. Muchos de ellos ya llevaban más de 15 años presos.

La obra gráfica y la tecnología

Trabajé en Europa y en Dublín durante años en la gráfica, hasta que desgraciadamente los talleres como yo los conozco, como yo los amo, pasó una crisis y se volvieron obsoletos. Sustituyeron el tórculo por el plóter, ¿qué tiene que ver? Nada. Muchas galerías y en el mercado del arte venden una impresión digital como si fuera una litografía. La gente, desgraciadamente no ha sido educada para distinguir una cosa de la otra, y los timan, esa es la verdad. No tengo nada contra lo que se está inventando, pero sí es una pena y peligrosísimo que se pierda precisamente ese aspecto de las técnicas que dieron tanto y que seguirán dando tanto, por lo menos mientras yo viva.

La soledad que es maravillosa, no hay nada más bello que subirme al cerro y ver ese horizonte que se abre a la inmensidad, al silencio.


La soledad del héroe

Viene de una forma natural, los artistas, los escritores y poetas de esta región reflejan forzosamente este sol quemante, la roca y el desierto. Zacatecas es el principio de los desiertos de todo el norte. Nunca he recibido ningún apoyo de ninguna institución mexicana, porque los que he pedido para trabajar con la figura humana como que se les hace hasta raro, pero para mí es importantísimo, está ahí desde el principio de lo que se puede llamar humano. Mucho de mi trabajo son figuras humanas y el desierto, las plantas que nos rodean, cactus, nopales, tunas, lo espinoso. La soledad que es maravillosa, no hay nada más bello que subirme al cerro y ver ese horizonte que se abre a la inmensidad, al silencio. Por eso tantos anacoretas viven en el desierto.

Sacrificar a la superficie

Más que dibujo, hago esgrafiado, porque yo dibujo con clavos, con tenedores, con lo que se me atraviesa, por mis años de grabador, quizás por el buril, necesito sentir esa sensación. Rascar, herir, tatuar la superficie. Que se quede ahí y a través de mucho trabajo ir sacando la figura. Ya que la tengo, después de todo ese drama que es enfrentarte con la tela y la plancha, empiezo a base de veladuras y de elementos, a veces arquitectónicos. Los pongo detrás porque creo que así somos, tenemos una máscara, algo que mostramos pero lo más interesante está por allá adentro y enfrene está la historia, está nuestra imaginación.

El guerrero de este Milenio

Aquí tuvimos un personaje importantísimo que fue Francisco Tenamaztle, el héroe de la Guerra del Mixtón, una de las últimas guerras que enfrentaron los españoles ante una tribu que nunca, nunca pudieron sojuzgar. A Tenamaztle se lo llevan prisionero a España y escribe con Bartolomé de las Casas "Lo que suplica don Francisco y relación que hace de agravios" que se considera la primera carta de los derechos humanos que existe. No quise hacerlo obvio, dejé ese elemento de misterio, un espacio para visitarlo y vivirlo. La presencia humana o la no presencia en el Milenio, el humano como víctima. Es un sufrir todo esto, yo no tengo nada que celebrar todavía. El elemento humano es el guerrero antiguo, con su flecha, con su arco, con esa flama que me gustaría que nunca se apagara y que fuera a la vez una lanza o un arma para defendernos contra este futuro que quién sabe qué nos depara.