Avanza proyecto cultural del AGN

Teniendo como meta el 2017, cuando se celebre el centenario de la Constitución Política de México, se avizora la transformación de este espacio.
 La obra ha requerido la mitad del presupuesto total calculado y, básicamente, consiste en la construcción de dos edificios nuevos.
La obra ha requerido la mitad del presupuesto total calculado y, básicamente, consiste en la construcción de dos edificios nuevos. (Omar Franco)

México

La siguiente etapa en la historia del Archivo General de la Nación (AGN) se encuentra a dos años de consolidarse. Se trata del depósito de los documentos que conforman la memoria de nuestro país en un edificio construido ex profeso, y la creación de un espacio para la difusión de la cultura archivística.

Estos trabajos iniciaron en 2009 y, se calcula, culminarán en 2017, para las celebraciones del centenario de la Constitución Política de México; los avances de la obra han requerido la mitad del presupuesto total calculado, y básicamente consisten en la construcción de dos edificios nuevos.

“El proyecto integral de la remodelación del AGN y de la construcción de un nuevo anexo técnico contempla la construcción de dos edificios nuevos, uno en el que se instalarán los laboratorios y otro es el edificio de acervos.

“Para poder llegar a nuestro objetivo, primero tenemos que sacar el archivo de las galerías donde se encuentra actualmente y, luego, destinar una parte del edificio histórico al conjunto cultural en el que habrá un museo de sitio, donde estaría narrada tanto la historia de la penitenciaría como la del archivo, no solo del AGN sino de la archivística mexicana”.

Así explica parte del proyecto que transformará el edificio con 115 años de antigüedad la directora del AGN, la doctora Mercedes de Vega Armijo, para quien es muy importante plantear el futuro del conjunto de Lecumberri como un espacio que refleje el valor, la historia así como el futuro de la archivística de nuestro país, que ha sido un referente para otras naciones latinoamericanas.

De acuerdo con el arquitecto Jesús Velásquez, director de proyectos del AGN, institución que depende de la Secretaría de Gobernación, el Palacio de Lecumberri, el inmueble histórico presentaba asentamientos diferenciales, es decir un hundimiento hasta de 2 metros de profundidad, propios de la Ciudad de México. “Pero no son problemas de gravedad, contamos con la ventaja de que habiendo sido cárcel, sus muros son muy gruesos, hasta de 80 centímetros, incluso hay zonas en que los muros exteriores tienen hasta 1.80 de grosor”.

El responsable del proyecto recuerda que las circunstancias del edificio generaron una discusión pública: “Se concluyó que este era el lugar adecuado por su ubicación estratégica y por seguridad, también. Pero se decidió que no quedara en las mismas condiciones que estaba y por eso se proyectó un edificio nuevo, que contara con las condiciones técnicas necesarias para que el acervo estuviera en mejores circunstancias, con las condiciones de humedad, temperatura y seguridad que necesita”.

Para garantizar la estabilidad estructural del inmueble, todos los estudios de mecánica de suelos han estado a cargo de especialistas del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, mientras que la construcción del anexo técnico es una obra que ha estado a cargo del arquitecto colombiano Juan Pablo Ortiz, quien construyó el edificio que alberga el Archivo de Bogotá.

Ortiz —de acuerdo con el arquitecto Velázquez—, se enfrentó al reto de armonizar los edificios modernos con el inmueble histórico sin demeritar ninguno de ellos. “Logró un diálogo armónico en términos estéticos, al levantar una estructura de concreto con elementos de celosía que rompe la linealidad de concreto y la rigidez del cemento; al edificio de laboratorios se le agregaron precolados de colores claros que buscan la integralidad con las canteras claras de Lecumberri”.

Para el conjunto cultural, la Secretaría de Gobernación convocó, en 2010 al concurso Ideas para el Desarrollo Arquitectónico Conceptual del AGN, en el que participaron reconocidos arquitectos como Michael Rojdkin, Derek Dellekamp, Luby Springall y Tatiana Bilbao.

El jurado estuvo integrado por los arquitectos Salvador Aceves, Francisco Covarrubias Gaitán, Felipe Leal, Ramón Vargas Salguero, Bernardo Gómez Pimienta, Enrique Santoyo y Luis Ortiz Macedo, quienes eligieron la propuesta del despacho AT 103, de Julio Amezcua y Francisco Pardo.

Este equipo, sin embargo no ha intervenido aún en el desarrollo de la obra. “No hemos tenido reuniones, esperamos que una vez terminados los edificios nuevos seamos convocados para realizar el proyecto, porque el premio era ése, la ejecución del proyecto”, dice el arquitecto Julio Amezcua.

El encargado del proyecto general, Jesús Velázquez puntualiza que el despacho AT 103será involucrado una vez culminado el anexo técnico, pero que su proyecto sufrirá cambios. Por lo pronto, ya fue restaurada la cúpula de acero que desde 1982 une a las siete galerías originales del panóptico del llamado Palacio Negro, mientras que en el proyecto de Amezcua y Pardo se preveía retirarla porque genera daños en las estructuras de las galerías sobre las cuales está recargada.

“En torno a la restauración del edificio histórico, la directora del AGN, De Vega Armijo, explicó que los tres edificios de este conjunto cultural van a estar conectados mediante un sistema de puentes, que contará con una librería y espacios mejor adecuados para la difusión y la realización de distintas actividades.

“El museo de sitio incluirá los dos torreones originales de vigilancia que son construcciones emblemáticas de la arquitectura carcelaria de la época, recientemente restauramos uno de ellos, que se encontraba en condiciones de severo deterioro”.

Especial atención han tenido el mural ¡Licenciado no te apures!, que David Alfaro Siqueiros terminó en 1960, durante uno de sus cuatro encarcelamientos en la Penitenciaría de Lecumberri. La obra es un biombo de cuatro hojas que contiene la inscripción “1910-1960” y fue pintado para la obra teatral con el mismo título, escrita por el preso Roberto Hernández Prado.

Este biombo se encuentra actualmente en un proceso de restauración profunda en el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Existe otro mural, sin título, que fue realizado en 1959 sobre los muros de un salón de actos, dedicado a las expresiones artísticas, de acuerdo con el programa de rehabilitación y reinserción social de los presos a través de la cultura y el trabajo, iniciado por el general brigadier Carlos Martín del Campo, entonces director de la penitenciaría.

La obra de arte relata los episodios más importantes de la historia de México hasta ese entonces, en el ángulo inferior izquierdo se lee: “Proyectaron: Rolando Rueda de León y Franco Maugini Salini. Pintó: Cuauhtémoc Hernández Ochoa. 1959”.

Severamente dañada porque el salón fue cerrado durante mucho tiempo, la obra pictórica tenía tres grietas grandes y profundas, y contaba también fragmentos a punto de caerse a causa de la humedad. “Logramos ya la consolidación de este mural y se está trabajando en unas esculturas que forman parte de este salón, son pétreas y tienen formas prehispánicas como la Coatlicue y el Caballero Águila”, cuenta la doctora De Vega.

La directora del AGN añade que “todavía no se cuenta con el proyecto museográfico para el conjunto cultural, estamos concentrados en la conclusión del edificio de laboratorios, que será único en su género a nivel nacional y estará dedicado a la investigación de patrimonio documental. “En este laboratorio se llevarán a cabo investigaciones para la preservación del patrimonio documental, estamos pensando en dar servicios a otros archivos pero lo que queremos es que haya investigación en un campo que no ha sido todavía cultivado”.

Dice que algunos temas de investigación que se habrán de desarrollar aquí son la definición de las mejores condiciones para la preservación de esos documentos, cómo combatir o prevenir las plagas que es lo ideal; la composición de los papeles, las tintas, la evolución de los instrumentos con los que se han realizado estos documentos.

Explicación del Proyecto conceptual de AT 103

De acuerdo con el arquitecto Julio Amezcua se basa en tres conceptos: conectar, consolidar y activar.

“Un edificio público debe ser público. El programa y uso al que originalmente respondía el Palacio de Lecumberri lo aisló de la ciudad y, como riguroso mecanismo de control, lo volvió hacia dentro, resultando en un edificio introvertido. Con el tiempo, y a la par del crecimiento de la ciudad, esta intención inicial del proyecto cambió parcialmente pero sus características originales —aunadas al hundimiento del terreno— lo mantuvieron como un edificio aislado, aún retraído. La idea es abrir sus espacios para hacerlo habitable por el público y conectar sus áreas verdes con las que se encuentran en el entorno”.

Explica que “todavía no se cuenta con el proyecto museográfico para el conjunto cultural, estamos concentrados en la conclusión del edificio de laboratorios —ejemplo de la arquitectura carcelaria panóptica del siglo XIX en la Ciudad de México—, la antigua prisión debe aprovecharse para su nuevo uso revalorizando las condiciones de su estado original a través de la recuperación de los elementos existentes, sin crear facsímiles de los ya desaparecidos.

Para lograr el objetivo de activar se buscará aprovechar los espacios existentes y multiplicar su potencial de uso tanto al nivel urbano, así como conectándolos con el entorno y ofreciendo espacios públicos abiertos, lo mismo que hacia adentro, permitiendo diferentes formas de ocupación al igual que  la construcción por etapas de las distintas galerías a partir del núcleo central del vestíbulo.

Guerra Sucia”: Restricción en la consulta

Mientras todos los cambios en la infraestructura del AGN siguen su curso, la aplicación del artículo 27 de la Ley Federal de Archivos ha sucitado una encendida polémica entre historiadores, investigadores, periodistas, académicos y activistas, quienes señalan esta medida como un retroceso en materia de transparencia y contraria al espíritu del artículo sexto de la Constitución mexicana. Y es que al amparo de este artículo la Secretaría de Gobernación catalogó los archivos del periodo conocido como guerra sucia (1970-1980) como “históricos confidenciales”, y con ello limitó su consulta.

Los archivos, que actualmente se encuentran en la Galería Uno del Archivo General de la Nación, fueron abiertos a la consulta pública hace 14 años, durante el sexenio de Vicente Fox Quesada, para dar continuidad a una recomendación de la Comisión Nacional de Los Derechos Humanos (CNHD), que solicitaba la apertura de estos archivos para integrar expedientes de casi 550 personas desaparecidas entre 1960 y 1980.

El AGN explica en su página electrónica que la Ley Federal de Archivos regula el acceso a documentos históricos con información confidencial. El artículo 27 de esa norma señala que conservará el carácter confidencial por 30 o 70 años cuando los documentos incluyan datos personales.




[Dé clic sobre la imagen para ampliar]