Austriacos implantan una prótesis que "siente"

El paciente al que se la pusieron señaló: “Ya no resbalo sobre el hielo, siento la diferencia cuando camino sobre grava, hierba o arena; incluso percibo las pequeñas piedrecitas”
Wolfgang Rangger, docente de 54 años, es la primera persona beneficiada con este invento.
Wolfgang Rangger, docente de 54 años, es la primera persona beneficiada con este invento. (Samuel Kubani/AFP)

Viena

Un austriaco a quien le falta una pierna se convirtió en el primer amputado en llevar una prótesis desarrollada por un especialista de la Universidad de Linz que recrea la sensibilidad del miembro perdido y da esperanzas contra los llamados dolores fantasma.

“Tengo la impresión de tener nuevamente un pie”, aseguró Wolfgang Rangger, docente de 54 años, amputado a la altura de la rodilla en 2007 a raíz de las complicaciones que le generó un accidente cerebrovascular.

“Ya no resbalo sobre el hielo, siento la diferencia cuando camino sobre grava, hierba o arena; incluso percibo las pequeñas piedrecitas”, afirmó el primer paciente, quien fue operado por el profesor Hubert Egger, de la Universidad de Linz.

Seis meses después del implante, Wolfgang Rangger corre, monta en bicicleta e incluso hace escalada. Cuando se desplaza, su cojera apenas es perceptible.

Este espectacular resultado es el fruto de una técnica que asocia el desplazamiento de los haces nerviosos con la aplicación de sensores conectados en una prótesis innovadora.

En el caso del paciente austriaco, los médicos tomaron del centro del muñón las terminaciones nerviosas que conducían inicialmente al pie que le fue amputado. Luego las desviaron a la superficie del muslo y las conectaron a la parte alta de la prótesis, donde están los receptores de los sensores que envían a los nervios las señales artificiales.

Señales al cerebro

La pierna artificial cuenta con sensores bajo la planta del pie que están unidos a otras células, llamadas simuladores, que son las que se conectan con los nervios del muñón. La información transferida entre los sensores y los simuladores permite imitar, y finalmente reproducir, las sensaciones del miembro perdido.

Con cada paso, cada vez que ejerce presión sobre el suelo, el pie artificial de Wolfgang Rangger envía una señal precisa a sus nervios, los cuales la llevan directamente a su  cerebro.

“En un pie con buena salud son los receptores de la piel los que cumplen esta función; un amputado no tiene estos receptores, por supuesto; sin embargo, los transmisores de información, que son los nervios, siguen existiendo. Solo hace falta estimularlos”, explicó el profesor Egger.

El médico austriaco es conocido por haber innovado este campo de la medicina en 2010, cuando presentó una prótesis de brazo que podía ser manejada por la mente gracias a una conexión entre los nervios motores de los muñones y la extremidad artificial, de manera que el paciente pudiera controlarla con los impulsos que enviaban sus pensamientos.

Esta vez el principio del artefacto presentado por Egger es el mismo, pero el recorrido de las señales se realiza a la inversa, es decir, la información parte de la prótesis para pasar por los nervios del muñón y finalmente llegar al cerebro.

Dolores "fantasma"

El científico austriaco destacó que la prótesis presentada ayer ofrece a las personas amputadas una ventaja adicional a la movilidad y la sensibilidad que, al menos para Egger, es igual de importante: el nuevo sistema ayuda a poner fin, en tan solo unos días, a los insufribles dolores que causa el síndrome del miembro fantasma.

Wolfgang Rangger, como sucede con la mayoría de los pacientes amputados, durante varios después de perder su pierna había tenido que soportar esos dolores al sentir que la parte que cortaron sigue ahí.

“Con mi prótesis convencional apenas podía caminar. No dormía más que dos horas por la noche y necesitaba morfina para aguantar (el dolor) durante el día”, recordó el docente de 54 años.

Esta sensación de sufrimiento en el miembro que ya no se tiene deriva de una hipersensibilidad que se desarrolla progresivamente en el cerebro, el cual “en cierto modo busca el miembro amputado”, explicó el profesor Egger.

El dolor fantasma, detalló el especialista, “se ve agravado por el recuerdo traumático del accidente o de la enfermedad que condujo a la amputación”.

La prótesis sensible remedia ese problema debido a que envía nuevamente información al cerebro que estaba atajando su búsqueda “vana e infinita” del miembro perdido.

El costo del prototipo oscila entre 10 mil y 30 mil euros (de 176 mil a 530 mil pesos, aproximadamente). Aunque afirmaron que la industrialización ya puede comenzar, el equipo de científicos austriacos aún quiere estudiar un poco más los resultados obtenidos con el primer paciente.