El Colegio de México evoca a sus formadores

Reúnen 24 ensayos sobre los académicos que brillaron en los inicios de la institución.
Es coordinado por Aurelia Valero.
Es coordinado por Aurelia Valero. (Especial)

México

A partir de una idea de Daniel Cosío Villegas, fue creada la Casa de España en México; fue en abril de 1939 cuando Alfonso Reyes se hizo cargo de la dirección de la institución. Así inicia Los empeños de una casa. Actores y redes en los inicios de El Colegio de México, 1940-1950 (El Colegio de México, 2015), libro coordinado por Aurelia Valero Pie y que reúne 24 ensayos acerca de la trayectoria de artistas e intelectuales que nutrieron a esta institución en sus inicios.

El presidente Lázaro Cárdenas había apoyado a la República española hasta su definitiva derrota en 1939. Entonces la institución acogió a multitud de intelectuales españoles que huyeron del franquismo en un momento en que se recibían un alud de solicitudes de asilo de "un apremio devastador".

Pero "con dolor y pena Reyes y Cosío Villegas acordaron con el presidente Cárdenas que, en vista de las graves limitaciones presupuestales, se dejaran de hacer nuevas incorporaciones a La Casa", que en ese momento contaba con 40 miembros.

En 1940 La Casa de España en México se transformó en El Colegio de México, con la vocación de no ser solo un refugio para intelectuales españoles sino también un centro para investigadores mexicanos y extranjeros.

Una figura clave fue Cosío Villegas, comprometido con el presidente Cárdenas a intentar un cambio social que tuviera su reflejo en la política educativa del país, y con un plan para "hacer de la tragedia española una ganancia mexicana" a nivel cultural.

Entre los académicos amparados por la institución estuvieron el historiador Ramón Iglesia —quien dijo: "Me han enseñado mucha más historia los tres años combatiendo en España que todo lo que había leído en los libros"—; José María Miquel y Vergés, que dedicó su vida a la lengua y la literatura catalanas, y José Medina Echavarría, sociólogo que ayudó a la institucionalización de esa disciplina en el país.

Otro refugiado fue Joaquín Xirau, que contribuyó a la reforma pedagógica de la Segunda República en España. A pesar de la brevedad de la estancia en México de Juan David García Bacca, su paso tuvo el potencial de transformar el sentido y la orientación de la práctica filosófica.

También estuvieron en la institución autores como los mexicanos Leopoldo Zea, quien iniciaba el análisis de lo mexicano, y Juan Hernández Luna, cuyo empeño fue la "transformación de la educación hacia los principios emanados de la Revolución mexicana".

Otros intelectuales evocados en el libro son el escritor Adolfo Salazar, el poeta y pintor José Moreno Villa y el científico Antonio Madinaveitia.