Mexicanos ganan el Audi Urban Future Award

José Castillo, Carlos Gershenson y Gabriela Gómez Mont propusieron crear una vasta y variada base de datos para dar soluciones concretas a los problemas de movilidad urbana.
El equipo mexicano ganador del Audi Urban Future Award.
El equipo mexicano ganador del Audi Urban Future Award. (Twitter @ConyAudi)

Ciudad de México

La movilidad urbana, un término que se repite cada vez más en los medios, no se limita a encontrarle solución a los problemas de tráfico que afectan crónicamente a las grandes urbes, como prueban el apasionamiento con que los lectores de Milenio entraron al debate en torno a las taxi apps que propuso Tribuna la semana pasada o, a escala internacional, el Audi Urban Future Award, un concurso de alcance mundial patrocinado y concebido por esa marca de automóviles y cuyos ganadores, según el veredicto dado en Berlín por un jurado de especialistas de diversos países –sociólogos, desarrolladores tecnológicos, antropólogos y matemáticos de China, Corea, Alemania o Colombia--, fueron los mexicanos José Castillo, arquitecto; Carlos Gershenson, matemático de la UNAM; y Gabriela Gómez Mont, directora del Laboratorio para la Ciudad, el área del gobierno de Miguel Ángel Mancera con más resonancias innovadoras. Quedaron en el camino el equipo de Berlín, el de Boston y el de Seúl.

Lo llamativo del proyecto mexicano es que se aleja mucho más que los de sus competidores del desarrollo tecnológico como solución a nuestro infierno vial de todos los días, un infierno que tiene sus zonas más calientes en tierras defeñas, las que, dicen los estudios publicados por Audi, provocan la experiencia de traslado más “dolorosa” del mundo, por encima de megalópolis como Sao Paulo o Nueva Dehli. La tecnología es un actor protagónico de esta obra, por supuesto. Por eso es que el vocero del equipo, José Castillo, se refiere justamente al texto sobre Uber publicado en Tribuna por Andrés Lajous, “La innovación en taxis pirata”, cuando dice que “en principio, toda la innovación tiene cierta vocación de piratería”. Pero ese protagonismo no responde a las razones imaginables. A diferencia de sus contendientes, que centraron sus exposiciones en el diseño de vehículos más amigables con sus tripulantes y con el entorno, de ninguna manera desdeñables, los miembros del equipo mexicano propusieron la creación de una vastísima base de datos construida con la información abundante y variada que ofrecen los mismo aquellos ciudadanos sufrientes que cruzan la ciudad con un dispositivo electrónico en la mano, que las empresas privadas, que las oficinas del gobierno, que las universidades, que las ONG.

De ahí, de esa masa de información, susceptible de ser organizada, cruzada y a fin de cuentas aplicada sobre el terreno, deben nacer soluciones concretas a problemas concretos. O tal vez la solución de fondo esté en otro lado. A lo que apela el equipo mexicano, que se lleva cien mil euros para desarrollar su idea, es a la voluntad de cooperar de todos los agentes involucrados en el problema. El término que usan es antiguo pero, aseguran, vale como una solución novedosa: “contrato social”.