Atmósfera contra estructura

Es evidente que la atmósfera que se crea en un proyecto cinematográfico empieza a vislumbrarse desde la concepción del guión.
Hay que saber cuál es el conflicto.
Hay que saber cuál es el conflicto. (Especial)

México

En cuanto a la atmósfera: con la escenografía y utilería de la casa donde se mueven Manuela, mexicana cuarentona de origen serbio, y Lazla, su abuela, de ochenta años, refugiada desde la época de la Segunda Guerra Mundial, las locaciones, la fotografía, la música y la caracterización de los personajes, la autora logra una atmósfera que funciona como una metáfora que nos hace sentir que las mujeres sufren la Yugoslavia que se desmorona y el miedo al acoso nazi, una realidad trastocada que solamente sucede en su cabeza y que deviene en esquizofrenia. Por eso las calles solas y el mercado con la mayoría de los puestos cerrados dan la impresión de un lugar aterrador: el restaurante donde trabaja Manuela, en el que propicia la invasión de cucarachas, parece el último lugar en el mundo; el balneario al que van de vacaciones da la sensación que acaba de ser bombardeado, y los cielos encapotados con la lluvia que presagia maldad, todo junto, crea una inquietante sensación de catástrofe.

La atmósfera de La guerra de Manuela Jankovic merece un aplauso, gracias a un trabajo de producción impecable. Es evidente que la atmósfera que se crea en un proyecto cinematográfico empieza a vislumbrarse desde la concepción del guión, pero para que adquiera fuerza, vitalidad, la estructura dramática tiene que estar urdida con acontecimientos fraguados, so pena de caer en inconsistencias que van en demérito de la obra.

En cuanto a la estructura: nunca sabemos cuál es el conflicto de Manuela, lo cual hace que quede a la deriva y, por consiguiente, se va desdibujando en la medida que avanza la historia. Nunca se responde por qué acepta seguir la locura de su abuela de abastecerse de víveres porque cree que van a llegar los bombardeos, sobre todo si la abuela tiene dinero?, o ¿por qué soporta la burla de los parroquianos que van al restaurante, o por qué Luis deja de ir al trabajo? Tampoco está fraguada la razón de Manuela para hacer lo que hace al final de la película.

La forma en que el dueño consigue la pistola es inverosímil, y que pregunte a Manuela qué hacer con ella es ridículo.

La secuencia de la invasión de cucarachas es larga y no tiene consecuencia, por lo tanto, las escenas del balneario, aunque visualmente son fuertes, resultan inútiles.

Conclusión: entre los conceptos, la autora prefirió la atmósfera; no quedó mal, pero no sabe que una estructura bien armada es la mejor manera de crear atmósferas que acentúan cualquier conflicto, pero ¡claro!, primero hay que saber cuál es el conflicto.

 

La guerra de Manuela Jankovic (México, 2014), dirigida por Diana Cardozo, con Karina Gidi y Mima Vukovic.