El Ateneo Grand Splendid, historia y modernidad

A más de un siglo de haber sido construida como cine-teatro, la edificación se ha convertido en centro cultural y atractivo turístico de Buenos Aires.
La construcción del recinto se inició en 1903.
La construcción del recinto se inició en 1903. (Especial)

Buenos Aires

En Buenos Aires existen 400 librerías, y en toda Argentina hay más de mil 500. En 2008 el periódico inglés The Guardian catalogó a la librería El Ateneo Gran Splendid como la segunda más bella en el mundo… aunque para los argentinos es la primera. Hoy es uno más de los  atractivos turísticos y culturales que caracterizan a esta ciudad.

La librería está en un edificio que funcionó como cine-teatro durante décadas, cuya construcción comenzó en 1903 y tuvo capacidad para más de 900 personas. Pero hacia 1920 el edificio fue ampliado y remodelado, y fue llamado Splendid Theater, de donde tomó el nombre con el que se le conoce en la actualidad: librería El Ateneo Grand Splendid.

“La librería como tal abrió sus puertas en diciembre de 2000”, cuenta Juan Pablo Marciani, vocero del espacio, “con una idea muy singular y un riesgo: tratar de conservar el edificio histórico y convertirlo en un espacio de reunión para gente de distintas tradiciones, de diversos países, a través de la cultura, de la palabra, el libro, el sonido”.

Administrado por el grupo argentino ILHSA, que maneja la red de librerías El Ateneo, el objetivo siempre fue conservar la estructura original del edificio: un lugar en el que no solo hubo conciertos a nivel orquesta sino que también se hacían tertulias literarias. Allí hubo cine mudo, radioteatro e incluso tiene un archivo muy completo de tango.

“La historia de la cultura argentina fue evolucionando en este lugar, pero El Ateneo Grand Splendid apuesta por mantener nuestro pasado-presente, para que la gente pueda acercarse y disfrutarlo, y conservar ese futuro a través de la cultura”.

La librería tiene alrededor de 500 mil títulos; el banco editorial es muy amplio entre lo que se reedita y lo que se publica mes con mes; de discos y películas, cuenta con más de 50 mil producciones.

Visita obligada

Ubicado en la calle de Santa Fe, el edificio está en un zona conocida como El Saint Germain Porteño por la influencia francesa de sus calles y construcciones. Allí el Grand Splendid Theater fue diseñado por los arquitectos Peró y Torres Armengol; contaba con cuatro hileras de palcos, quinientas butacas, refrigeración, calefacción y techo corredizo, características inéditas en aquella época.

“Eran medidas arquitectónicas innovadoras para su época: había sala de primeros auxilios —cuando el concepto no existía—, la cúpula ofrecía un sistema de aire acondicionado natural, y medidas de extinción de incendios, más allá de su acústica y de otros detalles que al recorrer la librería se pueden notar”, dice Marciani.

Una de sus características principales es la obra de la cúpula, la cual estuvo a cargo de Nazareno Orlandi, quien compuso una pintura alegórica de la paz, festejando el fin de la Primera Guerra Mundial, en la que se hallan representadas figuras relacionadas con las diferentes culturas y tiempos históricos.

Por ello, la librería está incluida dentro de las visitas obligadas en Buenos Aires, con un promedio de tres mil turistas de lunes a jueves, mientras de viernes a domingo el número se incrementa a más del doble, porque más allá de ser un librería es un centro cultural.

El Ateneo es una de las librerías más grandes de América Latina, y se le considera la segunda más bella del mundo. Esto fue resultado de un riesgo, según Marciani, “porque lleva mucho trabajo y esfuerzo tener un lugar, conservar su arquitectura, sin dejar de estar actualizados: desde el material que ofrecemos al público, así como las tecnologías que uno debe incorporar para mantenerse en vanguardia”.

En crecimiento y con problemas

En 2011 se calculaba que había alrededor de 300 librerías en la capital argentina; en la actualidad se habla de cuando menos 400. Las cifras marcan una tendencia al alza, lo cual no ha sido nada sencillo, como explica Oche Califa, director de la Fundación El Libro.

“De todos modos es un sector que atraviesa dificultades: hay problemas que tienen que ver con el IVA, con el alquiler de los locales para las librerías, con que nuestra economía suele pasar por periodos buenos y malos. Además, el tipo de actividad es compleja, la inversión suele ser de riesgo por sostener un capital de volumen de libros tentativos a vender”.

Si bien existen dos cadenas libreras con cuando menos 50 puntos de venta cada una, el crecimiento se ha dado en lo que Oche Califa llama “el librero de corazón, un patriota del libro”, porque “el librero individual va construyendo su clientela, encontrándole los gustos y las demandas. Trabaja casi cuerpo a cuerpo y arma su stock en función de eso”.