El Ateneo Español de México busca un milagro

Creado por los exiliados que huyeron de la Guerra Civil, el centro cultural vive horas aciagas en busca de financiamiento para sobrevivir; la SEP ya lo apoya.
Carmen Tagüeña, actual directora del recinto.
Carmen Tagüeña, actual directora del recinto. (Nelly Salas)

México

A la distancia parece un milagro: sin más dinero que 10 pesos por socio, el primero de enero de 1949 fue fundado el Ateneo Español de México. Cada mes debían aportar cinco más, con excepción de los más jóvenes, a quienes la cuota se les redujo a dos pesos. Así, sin más presupuesto que el que sacaban de sus bolsillos, un puñado de exiliados españoles (en la memoria se cuenta a unos 30 socios fundadores) levantaron una institución para "defender la tradición de la cultura española y coadyuvar a la liberación del pueblo español", según rezan los estatutos que firmaron aquel día.

Así que no es de extrañar que ahora "milagro" sea también la palabra que mejor define la solución a la difícil situación que hoy vive el Ateneo Español de México. El quebranto financiero por el que atraviesa (para el cual el gobierno mexicano ya lanzó un salvavidas de 900 mil pesos anuales para pagar salarios) es una crisis anunciada desde que empezó el siglo XXI. "¿Viven de las cuotas?", se le preguntó en 2001 a la entonces presidenta de la institución, Leonor Sarmiento, en una entrevista para el diario ABC, de España.

"Vivimos de milagro", dijo Sarmiento, una respuesta que se aplica bien a la situación actual del Ateneo que, hasta el 18 de diciembre pasado, solo tenía dinero para sobrevivir un mes.

"Al final de año le dije a nuestro notario: no tenemos cómo pagar la actualización de un acta que me vuelve representante legal. Dejémoslo así, a ver qué pasa. Le hablé hace unos días y le dije ha sucedido un milagro; entonces, por favor sí mándela al Archivo de Notarías porque vamos a tener oportunidad de recibir donativos y sí se requiere que yo sea la representante", dice a MILENIO la actual directora de este espacio, Carmen Tagüeña.

Para ajustarlo a la grandeza de la historia del Ateneo, la situación se puede resumir bien con aquel poema de León Felipe (el exiliado español por antonomasia y promotor de esta institución): "Cuando mis lágrimas te alcancen/ la función de mis ojos/ ya no será llorar,/ sino ver".

Aliviar la amargura

La petición de salvar al Ateneo tuvo eco en intelectuales como Enrique Krauze y Juan Villoro. El gobierno de México, a través de la Secretaría de Educación Pública, respondió con el otorgamiento de un presupuesto de 900 mil pesos este año, el que probablemente se repita el próximo, a través de la recién creada Secretaría de Cultura.

"El Ateneo —explica Tagüeña— siempre ha tenido problemas económicos, y de hecho mucho peores en cierta época porque es muy difícil hacer sobrevivir a una institución cultural porque no puede producir bienes para la venta".

Parece injusto para esta institución, fundada por aquellos intelectuales exiliados españoles que fueron acogidos por el
gobierno de Lázaro Cárdenas, que venían huyendo del franquismo y fueron recibidos en Veracruz con un discurso conmovedor: "El pueblo de México los recibe como exponentes de la causa imperecedera de las libertades del hombre. Sus madres, esposas e hijos encontrarán en nuestro suelo un regazo cariñoso y hospitalario".

No se llevó una estadística puntual de los españoles que llegaron a nuestro país, pero se estima que fueron unos 5 mil artistas, 2 mil 700 catedráticos, 500 abogados y estudiantes de derecho, e igual número de escritores, poetas, pintores y periodistas.

Entre ellos nació la idea de crear el Ateneo Español de México, un lugar en el que pudieran "reconstruir sus vidas en el exilio y aliviar la amargura de tantas cosas perdidas", como establece su carta constitutiva.

Construyeron, entonces, un espacio de memoria y difusión del exilio en México, pero también, como dice Tagüeña, del encuentro entre el país que los recibió y España. Por ello cuenta con acervos bibliográfico, sonoro y pictórico.

El Ateneo Español, primero ubicado en la calle de Morelos y desde 2010 en Hamburgo 6, aglutinó los diversos centros culturales creados desde el principio del exilio: escuelas, editoriales, asociaciones científicas y deportivas.

Así, poco a poco comenzó a madurar la idea de una agrupación en la que todos tuviesen cabida —independientemente de sus posiciones políticas— y que fomentase la expresión de las ideas y los avances que se advirtiesen en beneficio de la humanidad. De esta manera, con beneplácito de todos los exiliados, nació, a semejanza de su antecesor peninsular, el Ateneo Español de México.


Numeralia


3 mil socios en su fundación.
150 asociados actualmente.
900 mil pesos a 1 millón de pesos, gasto anual mínimo.
3 empleados.
20 mil libros.
30 mil documentos.89 pinturas.