ENTREVISTA | POR ROSA ESTHER JUÁREZ

Armando Meléndez Artista plástico

Tres años de trabajar de sol a sol han dado frutos: El próximo 22 de julio, la Metropolitan Graphic Art Gallery de Nueva York inaugura la muestra 12 NY de este artista y además, la galería Saatchi Art Uk de Londres adquirió seis de sus cuadros.


“Lo mío es el color”

Armando Meléndez en su taller de la colonia Americana
Armando Meléndez en su taller de la colonia Americana (Alejandro Acosta)

Guadalajara

Arena. De Kooning. Marmolina. Rojo precioso. Imprimatura. Aquí. Demonios. Hienas. Exprimentador. Plástico. Azotea. Rodillas. Pescador. Academia. Sueños. Saatchi. Radiografías. Richter. Azul. Rostro. Vida. Gaudí. Batalla. Búsqueda. Ballerina. Nueva York. Sangre. Oleo. Sol. Palabras que son parte del vocabulario de Armando Meléndez (Torreón; 1956). Afincado en Guadalajara, desde hace casi 40 años, desde su estudio que semeja un taller de químico-alquimista moderno, han salido los cuadros que forman la exposición 12 NY, que se inaugura el próximo 22 de julio en Metropolitan Graphic Art Gallery en la ciudad de Nueva York (EU). Se trata de de 12 piezas (1,20 X 1,20) que expresa las transiciones del artista en los últimos tres años, tiempo que le ha tomado elaborar el conjunto.

También de esa magnífica azotea donde se ubica su taller, han salido las seis obras que acaba de adquirir la prestigiada Galería Saatchi Art Uk ubicada en Londres (Inglaterra). Radiante, nervioso, risueño, vital, conversa de lo que ha significado el trabajo de estos últimos años.

¿Cómo llegó a la figura? Parecía peleado con ella.

“Sí. Lo estaba. Porque mi formación en la Arts Academie of NY, fue muy rigurosa. Pero te tienes que renovar, y en el transcurso de pintar te suceden minutos padres en los que sientes que debes respetar la figura. Ahora estoy como jugando. Y sucede que toda pintura es abstracta. La más figurativa es abstracta; no hay figurativo, porque abstraes. Partiendo de esto, vivo una necesidad de seguir contando historias de una forma distinta”.

Sus figuras son como siluetas.

“Mi lenguaje es totalmente abstracto, más bien, insinuado. Es como conciliar con la figura. Todos mis cuadros empiezan con un “mono”, al que suelo tapar. Me pregunté, pero ¿por qué? Y ahora me gusta el resultado”.

Eso habla de un oficio. Lleva casi cuarenta años pintando...

“Pienso que es una redefinición de mi discurso plástico. La pintura es como la vida, hay un punto en que ya no te peleas, llegas a arreglos”.

En las 12 piezas del conjunto que mostrará en NY, se ve la evolución.

“Claro, porque vas apropiándote de tu libertad. Caes en la cuenta que te conviertes en esclavo de tu precepto; como una especie de esclavo de tu creencia sobre lo que haces. Es de hueva. En términos formales tienes que justificar por qué haces lo que haces, por eso se nota la evolución. Además, la pintura es la única profesión que te permite decir, ¿why not? Es una búsqueda. La tela para mí es un esfuerzo. Le busco, le pongo y le hago”.

¿Ha destruido cuadros?

“He quemado muchos. No creo que todo lo que hago vale”.

¿Por qué?

“Los pintores somos como un laboratorio. Siempre estamos viendo fórmulas. Todo es ‘creable’, todo es parte de tu lenguaje y de lo que llama tu atención; es como una alquimia. Magia, que implica búsqueda de materiales, instrumentos y la canción que producen”.

¿Qué canción quiere hacer? ¿Cuál es la reflexión?

“Acercarme a una especie de expresionismo abstracto. Me acuerdo de mis años en Nueva York y de esa imposibilidad de pintar bien la figura. Tenía un reto muy académico y ahora estoy liberado de eso. Porque lo hago a mi manera, una especie de desbloqueo de lo que era mi tabú por no hacerlo perfecto. Por otro lado, mis telas son de sexualidad, sueños, cuerpo, dolor. Me he hecho más consciente de mi cuerpo. Si soy libre en el pincel ya no soy tan libre en el cuerpo”.

Pero no es autorretrato, ni autorreferencial.

“No, de ninguna manera. Pero el cuerpo sí es parte de la reflexión y del trayecto que ya llevo caminado. He pintado mucho con mi cuerpo, ha sido parte de mi instrumento y de mi reflexión, pinto con las manos. Uso más brochas que pinceles. Bien dicen que ‘lo que haces te hace, lo que piensas te piensa’”.

¿Cuál es el sentimiento más presente en su obra?

“El goce. Quiero expresar algo padre con los cuerpos. El cuerpo es un gran tema. La sensualidad, la tactilidad. Mi pintura es muy sensual. Desde mis primeras exposiciones”.

¿Para qué sirve la pintura?

“Es mi carrera. Es mi sangre”.

¿Qué pretende que el observador experimente?

“Que se ponga a soñar, se ponga feliz, que le dé asombro. Que le cause ese mismo éxtasis que a mí. Que le produzca buscar más allá de sí mismo. La pintura tiene muchas lecturas, siempre te va a decir algo nuevo. Es la maestría del color”.

¿Cómo arranca un cuadro?

“Llego y, a darle. Lo mío es estar picando piedra. Llego a pintar como si fuera un bloque de mármol. En el piso, con el bastidor en blanco, los trazos se secan, saco las telas para que se oreen; licúo el color, lo aviento sobre la tela, un acercamiento totalmente experimental. Lo mío es el color. Aunque cuando trabajas así hay una estructura inherente, que sale, y se cuela. A mí me chocan las imposturas, creo que se puede decir más con una plasta, un trancazo. Lo gráfico es muy contundente. Hay un cuento que te dice la tierra, por eso uso las texturas. Yo trabajo con la tierra, con el agua, con el sol, con el viento”.