Aria para una mujer en la ventana

Función dominical.
'Youth'.
'Youth'.

Desde la primera imagen uno sabe que en Youth, Paolo Sorrentino será fiel a la elegancia que lo caracteriza. Aún así, llegado al clímax uno se sorprende porque el director confirma que lo verdaderamente importante solo puede decirse con música. De aquí que la historia esté tejida en torno a un compositor a quien la reina de Inglaterra insiste en volver Lord, para escuchar un recital con sus Canciones Simples. Lo que comienza siendo una comedia en torno a las necedades de Isabel II, termina por ser realmente conmovedor.

El de Sorrentino es gran arte porque aprendió de Eisenstein y de ese manual que se llamaEl sentido del cine, que enseña cómo hacer poesía con imágenes. Las secuencias se hilan con la profundidad y ligereza de cientos de haikús que preparan el final. Pero cuando comiencen los créditos finales, que nadie se levante de su asiento por favor.

Youth tiene variadas referencias al cine del mundo. La más interesante tal vez sea la de Muerte en Venecia de Visconti. Fred Ballinger, interpretado por Michael Caine, es como Gustav, un músico obsesionado por el sentido del arte, las emociones y la belleza. Tanto Fred como Gustav se recuperan físicamente en un sanatorio y ambos tienen un encuentro personal con la estética. Dicho encuentro en las dos películas está relacionado con la juventud y en las dos es más una metáfora que algo real. Que en el clásico de Visconti haya un coqueteo homosexual no tiene importancia y aquí no sucede. Lo que en efecto sucede es la reflexión. ¿Cómo se acoplan el arte y la frivolidad? ¿Cómo es que puede ser tan poética la decadencia física de un atleta como Diego Maradona? Hay además en Youth un abierto homenaje al cine de Francesco Rosi.

Como en La gran belleza también de Sorrentino, Youth está llena de conversaciones y el protagónico es un señor medio narciso que a todos seduce y que de todos huye. ¿De qué huye? En los últimos 10 minutos de la película lo vamos a escuchar. Sorrentino está a la altura del gran arte de Italia. No es poco, pero su tradición no está hecha solo de Fellini o de Visconti. Lo suyo recuerda las grandes arias de Verdi o de Puccini, porque él escribe óperas hechas de grandes momentos visuales. Además, también en sus películas hay ballet: esa forma en que se mueven los personajes con respecto a la cámara.

Al menos en un sentido, el director está haciendo algo que no hicieron los grandes realizadores italianos. Cine en inglés. Sin miedo a escucharse vulgar en la lengua franca del mundo, el director de Youth evidencia que lo que a él le importa puede ser dicho en cualquier idioma porque la belleza es universal. Tanto como estos temas: el remordimiento, el miedo al triunfo y al fracaso. La amistad. La juventud.

Puede que una o dos cosas sean predecibles en esta película. No está hecha para sorprender con golpes teatrales tanto como con golpes de efecto: estamos en Venecia, la cámara se aleja y uno es capaz de sentir todo el amor de este hombre que ha decidido aceptar los halagos de la reina y ofrecerle una función dominical.

 

Youth. Dirección y guión: Paolo Sorrentino. Fotografía: Luca Bigazzi. ConMichael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano. Italia-Francia-Gran Bretaña-Suiza, 2015.

@fernandovzamora