Argentina muestra su músculo literario en Oaxaca

Hasta el 11 de noviembre tendrá como invitados a autores como Ricardo Piglia, Andrés Neuman y Hernán Rosino.

Oaxaca

La Feria Internacional del Libro de Oaxaca (Filo) tiene por vez primera un país invitado de honor y en la elección tuvieron mucho que ver las relaciones que la Editorial Almadía, uno de los impulsores del encuentro, había alcanzado con la industria editorial argentina. Al final se convirtió en la mejor oportunidad para contar con un panorama de una de las tradiciones literarias más potentes en la actualidad.

Una literatura representada por autores como César Aira, Ricardo Piglia, Martín Caparrós, Andrés Neuman, Hernán Ronsino, Oliverio Coelho, por mencionar sólo a algunos, quienes de alguna manera responden a la figura tutelar de Jorge Luis Borges, o al menos así lo piensa Aira, para quien resulta un gran orgullo de los argentinos tener a un escritor tan grande.

"Es un estímulo: es muy bueno tener a un escritor así porque marca un nivel, pone una barra muy alta y entonces hay que esforzarse. Si uno es argentino, compatriota de Borges, no puede ser tan chapucero, debe poner un poco de esfuerzo", asegura el autor de títulos como Los fantasmas, Cumpleaños o El pequeño monje budista, todos aparecidos bajo el sello de ERA.

Considerado autor de culto, al mismo tiempo se reconoce la figura de César Aira como una de las voces más potentes de la lengua española, como lo señalara el colombiano Darío Jaramillo Agudelo: un escritor que trata de apartarse de las convenciones, partiendo de que no le gusta que lo coloquen en la lista de los raros.

"Si un escritor no es raro, ¿qué es?: convencional, previsible. Se necesita un mínimo de rareza para que haya algún interés; es muy sintomático que se diga de lo raros que son para minorías y los que no son raros, los que son perfectamente convencionales, sí son para el gran público. Me parece totalmente contradictorio con la idea que tengo de la literatura o el arte en general."

En la bibliografía de Aira se pueden contar alrededor de 60 libros, la mayoría un tanto breves, aunque para él sea un placer la escritura, "un gusto: es lo único que sé hacer, qué otra cosa me queda", asegura el escritor, para quien no importa que con el paso de los años venga una decadencia, que las neuronas se desenganchen unas de otras, "pero eso está bien, quizá lo que salga de ahí tenga su encanto propio.

"Lo único que deliberadamente he evitado hacer es escribir sobre la tragedia histórica argentina, los desaparecidos o Evita, que han sido toda una industria en la literatura argentina. Me parece totalmente deshonesto, porque por más que la literatura que hago sea minoritaria, termina siempre en plata: aunque no gane mucha plata por los libros algo recibo materialmente y ganar dinero con el dolor me parece terrible."

Por cierto, César Aira encontró en Oaxaca su ciudad mexicana favorita y así la disfruta en sus largas caminatas por las calles del lugar. El miércoles, en el Museo
del Estanquillo /Colecciones Carlos Monsiváis sostendrá una charla, a las 19:00 horas, con Mario Bellatín.

Así como él llegarán a esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad, otros escritores a lo largo de la semana, dentro de un encuentro que apuesta por estrechar los lazos entre los autores y sus lectores, amén
de que el fin de semana también estará el estadunidense Richard Ford, en la cátedra Aura Estrada.

Luego del homenaje casi virtual que se le rindiera a Quino, quien finalmente no pudo asistir por recomendaciones de su médico, se destaca en el programa habrá un encuentro de basquetbol entre los niños triquis y algunos escritores, si bien aún no se han dado a conocer los nombres de los participantes.

Comí no es una novela clásica

A Martín Caparrós cada vez le gustan más los libros que sean difíciles de definir en cuanto a saber qué son: "Me interesan más aquellos ante los cuales se queda uno perplejo". En esa categoría se puede ubicar su más reciente publicación, Comí (Anagrama, 2013).

"Se trata de la historia de un señor que se llama Caparrós, porque

es un nombre muy común, a quien su médico le dice que debe hacerse un estudio bastante severo, lo que se convierte en la excusa narrativa para que el personaje se pregunte por todo aquello de lo que se está deshaciendo y vea cómo nos relacionamos con la comida, con el poder de los médicos y hasta para rememorar cosas de su vida."

De alguna manera, cuenta el escritor argentino, no se le puede definir como una novela clásica, ni tampoco es un ensayo en el sentido estricto, en el que se piense sobre la comida o la medicina, o nuestra relación con nuestros cuerpos y tampoco las memorias de alguien, pero al mismo tiempo tiene un poco de todo.