Forma y fin del libro experimental

Archivo hache.
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(Especial)

Ciudad de México

A relámpagos —como solo puedo aquí— he dedicado columnas recientes al mayor desafío actual de la literatura: la crisis del libro y sus vías de ingeniosa sobrevivencia.

Ahora abordaré al libro experimental, aquel de texto inestable (por no ser un género tradicional) y que busca que el objeto mismo del libro comparta algo de ese desacato, ya sea por su diseño, distribución u otro elemento.

La destrucción del libro es parte del proceso (relativamente ciego) de la economía capitalista, cuya metálica mano invisible creó el libro moderno y ahora paulatinamente lo despide y empuja a las primeras etapas de su sobrevivencia.

Sobrevivir, he dicho: solamente los escritores hipnotizados por la industria, Internet, la academia, el ego o algún gobierno pueden concebirse de otra forma que no sea la de un sobreviviente.

Además, si un escritor no equipara su ser a la sobrevivencia será imposible que se una a la  venidera sublevación mundial, que ocurrirá en algún momento de este siglo o el siguiente. Quizá desde las sub–ciudades.

Pero el libro experimental —por su estructura norteamericana— se resiste a cobrar conciencia (material) de esta crisis; busca navegarla desde lo cool, lo fancy, lo nice, lo trendy.

El re–formismo experimental reprime la crisis. Lo experimental vuelve al libro un dron de origami que se espera atraviese un abismo.

Lo experimental es casi siempre adelgazamiento del contenido, minimalismo del cuerpo, tecnificación del texto, para evitar que el monstruo resurja desde el cuerpo.

El libro experimental busca deshacerse del demonio del escritor; al ser operativo de extirpación (post–romántica), el texto pierde densidad. El sujeto residual resultante es un sujeto volátil, “libre” de demonios. Neoliberal.

Lo experimental es el estado estético de la resiliencia: la capacidad de eficiente adaptación al trauma (aquí inducido por el capital). Por ser forma de resilience, las comunidades norteamericanas blancas son quienes están llamadas a encabezar.

Y vuelve éxito al shock vía nuevo casco, reorganización o táctica.

Lo experimental busca sofocar excesos afectivos anti–capitalistas. Por eso el conceptualismo domina al experimentalismo hoy. Fue su mejor resolución resiliente.

Así como el escritor moderno no supo trabajar con la materialidad del libro (que redujo a mero contenedor genérico), el libro experimental tampoco supo trabajar con la psique del escritor moderno.

Libro y psique han turnado existir como si el otro no fuese un problema o como si ese problema pudiera disolverse técnicamente.

El libro experimental adelgaza los demonios psicohistóricos del libro, asumiendo que son falsos ídolos (no–modernos). Volviéndolos etéreos.

El libro experimental tomó forma para controlar la explosión psico–somática del libro y el escritor.

Imposibilitado a explotar, el libro experimental está destinado a la implosión.