[Archivo hache] Herbert y la división ¡entre! Los nortes

Acapulqueño residente en Coahuila, hoy Herbert niega que exista una literatura del norte de México y, para paz mental de algunos, dice que lo norteño fue un branding.
Archivo Hache
(Irma Gallo)

Ciudad de México

Hace poco Julián Herbert charló en la Cátedra Alfonso Reyes del Instituto Tecnológico de Monterrey acerca de “La literatura y el norte de México”. Aseguró que la “Nación” no debe preocuparse: no existió literatura del norte.

Acapulqueño residente en Coahuila, hoy Herbert niega que exista una literatura del norte de México y, para paz mental de algunos, dice que lo norteño fue un branding.

Aclara —el video está en YouTube— que fue un norteño por branding y hoy es un branding post-norteño.

Lo que dice Herbert es falso pero creíble. ¿Cuántos pueden conocer realmente la historia literaria de los nortes?

Herbert ignora o —peor— finge ignorar que la literatura del norte tiene décadas de historia, y está dispersa, fragmentada, malentendida y es abundante y multiforme.

Solo ignorándola o desdeñándola se puede creer lo que Herbert generaliza, oculta o tergiversa.

Las mejores obras de poesía, narración, ensayo, teatro escritas en el norte casi no circularon fuera.

Herbert omite mucho. Por ejemplo, a Rafa Saavedra, a quien ha imitado tanto. ¿Por qué? Saavedra no fue comercial. Así hace con docenas de distintos nortes.

Si no lo menciono, por ende, ¡no existe! Regla de oro de la crítica centrípeta.

E insiste que literatura es branding.

¿“Vender un producto” es el criterio de escritores?

Depende de qué tipo. De quienes persiguen modas y ventas, probablemente, sí.

En los escritores verdaderos, no.

Herbert remata diciendo que (según Gatopardo) es parte del Golden Age coahuilense.

Imprecisión, triunfalismo y poco espíritu crítico.

Para entender lo que Herbert dice (y lo que no dice) hay que tomar en cuenta una ruptura de tuerca: hemos pasado de la División del Norte a la división entre los nortes.

Herbert dice que hay diferencias entre escritores del noroeste y los del noreste y asegura que él como noresteño se siente más cerca de la Ciudad de México que de Tijuana.

Lo post-norteño es, sobre todo, lo que se deslinda de separatismos, regionalismos o bárbaros. Norteños que se ven a sí mismos con ojos centralistas.

Carlos Velázquez fabricó el discurso sobre lo post-norteño; la política editorial necesitaba escucharlo y Herbert le saca mayor provecho.

Para que ese discurso pegue requiere lectores desinformados o ninguneadores de la historia real de escribir en el norte.

Es grave que Herbert hable con tal ligereza de la literatura hecha por tantos otros, que hable con wiki-mercadotecnia de la resistencia de muchos espacios y tiempos, que parece no conocer o le sirve falsificar.

Herbert necesita que pasemos por alto lo que dice. Necesita que no se reconozca que las literaturas del norte no fueron un branding para sí mismas, sino que para él lo fueron y hoy las desestima porque —avisa— hay un nuevo nicho de mercado.