Los mexicanos Villalobos conquistan El Apolo

Con música de fusión y world beat este grupo triunfó en la Noche Amateur del legendario teatro neoyorquino, donde además de manifestar su profesionalismo y talento musical, hizo patente la ...

Ciudad de México

Recibí un mensaje que decía: Son las 2:30 de la mañana y no puedo dormir. Siento la adrenalina corriendo por mi cuerpo… vamos a tocar en el Apollo Theater (Teatro Apolo). Para nuestro grupo, Los hermanos Villalobos, será un concierto (que) marca un hito muy importante en nuestra carrera y estaremos muy contentos de sentir tu energía en el teatro compartiendo esta experiencia extraordinaria…

Con buena razón, Ernesto Villalobos no podía dormir. Esa noche, él y sus hermanos Alberto y Luis, cantando y tocando violines, acompañados por Humberto Flores en la guitarra, Rosa Ávila en la batería, Ramón Ponce en la vihuela, y Leo Sherman en el bajo fueron destacados, nada más y nada menos, como los artistas invitados en la Amateur Night en el APOLO.

Nombrado en honor del dios griego de la música, el Teatro Apolo es un lugar mítico. Durante casi 80 años ha sido un semillero de talentos y actuaciones históricas. Fue uno de los foros trascendentales durante el Renacimiento de Harlem por haber expuesto, por primera vez, nuevos estilos de música y danza afroamericanas como el soul, el funk y el moonwalk que cruzaron fronteras y se volvieron universales.

Aunque menos sabido, El Apolo también ocupó un lugar prestigioso en el desarrollo y la divulgación de la música hispana en Estados Unidos. Eddie Torres, Celia Cruz, Tito Puente y muchos otros artistas de origen cubano, puertorriqueño y dominicano relucieron en este palacio de las minorías. Su presencia hizo que los ritmos y formas afrocaribeñas como la rumba y el mambo se integraran a la cultura estadunidense.

En ese foro se iniciaron Ella Fitzgerald, Los Jackson Five y Jimi Hendrix.


Además, gracias a que en El Apolo con frecuencia se aparejaban actos de artistas hispanos con actos de artistas afroamericanos, surgieron colaboraciones entre ellos que dieron lugar a nuevos estilos. Por ejemplo el jazz latino, fusión del jazz nativo con los ritmos afrocubanos, nació del trabajo conjunto entre Machito Grillo, Dizzy Gillespie, Charlie Parker y Chano Pozo.

La importancia que adquirió la música grabada y los programas de variedades en TV aunados a la decadencia de Harlem fueron algunas de las causas por las que el Apolo estuvo cerrado en los años setenta y ochenta. Pero al reabrir volvió a ocupar su lugar primordial en las artes. En los últimos años, la revitalización y diversificación de Harlem se refleja en el calibre de los artistas que han actuado en El Apolo, grandes estrellas como Springsteen, Dylan y Björk. La participación de “latinos” como Feliciano y Shakira muestra que lo hispano ha vuelto a integrarse al panorama cultural de Nueva York.

Celebrado desde 1934, el Amateur Night en el Apolo (ANA) combina distintas disciplinas escénicas mezclando la participación de artistas invitados con un concurso de aspirantes amateurs. Aunque imitado en múltiples ocasiones, no existe ningún certamen que se le compare. Y es que ANA ha demostrando ser una medida eficaz del potencial artístico. Ella Fitzgerald, Los Jackson Five y Jimi Hendrix son parte de la lista enorme de músicos, comediantes, bailarines, poetas y acróbatas que iniciaron su camino ganando ANA y que se volvieron globalmente famosos. El Apolo presume de ser “el lugar donde nacen las estrellas y se hacen las leyendas”. Durante décadas, el eslogan ha sido bien justificado una y otra vez.

El ANA es de lo más entretenido. El público es notoriamente participativo, franco, difícil y crítico. Hay que tener agallas para darle la cara. Cuando al público no le agrada un intérprete lo abuchea ruidosamente hasta que, con una ensordecedora sirena, se aparece “el verdugo” que lo barre con una escoba o le dispara con una pistola de juguete hasta sacarlo del escenario. El intérprete que recibe más aplausos es el ganador. Tener éxito en El Apolo significa que se tiene lo que se necesita para triunfar en cualquier lugar. Es decir, prácticamente convierte al amateur en profesional y lanza al profesional a la fama. Por eso, que Los hermanos Villalobos debutaran como invitados en ANA es significativo.

Los Villalobos no son novatos, tienen tablas. En marzo realizaron una gira por México que culminó con el cierre del Festival Cumbre Tajín al lado de Julieta Venegas y Los Tigres del Norte. En junio se coronaron como la mejor banda de Nueva York en The Battle of the Boroughs. En agosto, su composición “El Pijul” fue elegida como la mejor canción World Beat en el Independent Music Award Vox Pop. El grupo ha colaborado con Dolly Parton y Eddie Palmieri. Se ha presentado en foros como el Estadio Shea y Carnegie Hall y en eventos como los Latin Grammys y el Festival Blue Note Jazz. Pero actuar en El Apolo, le abre un nuevo panorama.

Cuando Los Villalobos iban a salir al escenario, prevalecía el clima carnavalesco. El público había bailado, gritado, abucheado a algunos concursantes y se había reído de otros. Pero a los más, que eran verdaderamente talentosos, merecidamente les había aplaudido con entusiasmo. Si hasta entonces ya valía la pena haber asistido al ANA a presenciar a futuras estrellas, los artistas invitados debían ser sensacionales. La expectativa era enorme. Pero, ¡qué ansiedad! El público era en su mayoría gringo, europeo y asiático. Seguramente desconocía a Los Villalobos y su conocimiento de México se limitaba probablemente a tacos, mariachis, narcos e... indocumentados.

Y bueno, Los Villalobos tocaron. A leguas se notaba su formación musical clásica de alto nivel, su conocimiento de la música folclórica, su habilidad para tocar varios instrumentos en diversos estilos. La destreza, versatilidad, energía y júbilo de sus interpretaciones y la originalidad de sus composiciones en las que se fusionan diversos géneros musicales emocionaron al público. Y es que su música coloreada con un toque del virtuosismo del violín clásico y lo que Los Villalobos nombran Cenzontle, que según explican consiste en “ejecutar una sucesión de notas que imitan el sonido de la voz humana incluyendo elementos percusivos sobre las tapas del instrumento”, logra combinar elementos del son, de la cumbia, del blues y del jazz.

Cualquier duda de que el sonido contemporáneo pero claramente mexicano del grupo podía triunfar en El Apolo fue mitigada por los aplausos eufóricos tras cada canción. La gente despidió a los muchachos con bravos y de pie y los esperó en el lobby para comprar su CD y recibir sus autógrafos. Un grupo de japoneses y suecos platicó con agrado sobre el sonido innovador que había escuchado. En pocas palabras, Los Villalobos fueron un exitaso.

Que la presencia mexicana en El Apolo se estrene con este grupo es un orgullo. Y es que son músicos logrados, gustaron y su música que integra las corrientes modernas globales con ritmos y armonías de nuestro rico folclor representa muy bien lo mexicano moderno.

A la mayoría, poco le importó no entender la letra de las canciones. La música habló por sí misma. Además, las pocas canciones con versos son las típicas de amor o desamor y tienen poquísimas líneas. Sin embargo, algunas canciones que se refieren a ser mexicano o a serlo en Estados Unidos resonaron en los oídos de los hispano-hablantes. Por ejemplo, “Grito de acción”, que es protesta en contra de la corrupción: “Cómo puede ser que mi nación se encuentre podrida en corrupción… es hora de hallarle solución… es que ya no aguanto tanta impunidad. Hambre y maldad, violencia y crueldad”. “María Chuchena”, quien lidia con dejar todo atrás para tal vez tener un futuro mejor: “Trabajando sin papeles… se cruzó nadando, ya cuando llegó la estaban esperando y le decían, María, María… Dejaste tu casa (la) dejaste vacía”.

Por cierto, Aliens of Extraordinary Ability, el título del segundo álbum de Los Villalobos, se refiere a la clasificación oficial de la visa que el gobierno estadunidense le otorgó a cada miembro del grupo y que pueden obtener los inmigrantes que demuestren “habilidades extraordinarias en la ciencia, el arte, la educación, los negocios o el deporte”. Es buen título porque contiene canciones como las mencionadas y les muestra a los gringos que los mexamericanos tienen mucho que aportar a yanquilandia. Además, como alien significa extranjero, extraño o de otro mundo, el título enfatiza cómo lo mexamericano aún no está suficientemente aceptado.

Es importante que existan expresiones culturales mexamericanas que fortalezcan nuestras raíces enalteciendo la presencia mexicana en gringolandia. Es importante especialmente ahora cuando la ultra derecha estadunidense martilla los últimos clavos para enterrar la propuesta de una reforma migratoria que definirá el estatus de millones de mexicanos en la sociedad gringa y cuando la población mexamericana se estima en 35 millones y creciendo a grandes pasos.