La crítica: Anatomía del fracaso

El tipo de ensayo que frecuenta Gabriel Bernal es pendular, va de la historia a la reflexión, de la referencia literaria a un recuerdo de su niñez, de la melancolía al asombro.
'Anotaciones para una teoría del fracaso'. Gabriel Bernal Granados. FCE, 2016.
'Anotaciones para una teoría del fracaso'. Gabriel Bernal Granados. FCE, 2016. (Especial)

México

La escritura de Gabriel Bernal Granados (Ciudad de México, 1973) se forja con la paciencia de un marinero que sabe que estará varios meses sin pisar tierra firme y que, a pesar de ello, no deberá perder el equilibrio. En un mundo donde se privilegia al hipertexto, a la escritura informativa, fugaz, estos ensayos vienen a ser un remanso ante tanto descuido y necesidad de publicar libros con voracidad.

En ese sentido, para el autor no existen prisas ni acuerdos de conveniencia, tampoco es de los escritores que con tal de aparecer en tal o cual edición redactará algo al vapor o se peleará con el que se ponga enfrente para que los demás elogien sus diatribas inconexas como cuando dos tipos de cuidado (más bien des-cuidados) se enfrascan en una pelea. Y, menos aún, intentará vestirse con el ceñido disfraz de un académico que hace crítica literaria de oídas y que no puede referirse a la vida de un autor porque irremediablemente los espíritus confinados a la academia se lo reclamarán.

Es un ensayista libre de todos esos prejuicios y con esa facultad aborda esta selección de textos que van del siglo XIX al XX. Varias obsesiones del autor quedan reflejadas en el libro: la pintura, la poesía, la prosa y el fracaso. Alguna vez  Fernando González Gortázar hizo una exposición acerca de sus fracasos arquitectónicos, de los proyectos que no llegaron a concluirse o que no corrieron con la misma suerte que sus otras obras monumentales. Bernal Granados desmenuza con habilidad la idea del fracaso y a partir de ahí surge lo que denomina “un detonante para comprender el devenir de la poesía y la literatura en los siglos que nos preceden. […] El escritor desconoce la victoria cuando se pronuncia, a pesar incluso de que sus pronunciamientos tengan que ver con momentos históricos delicados o limítrofes, como serían los casos de La tierra baldía de Eliot o Esperando a Godot de Beckett”.

El tipo de ensayo que frecuenta Gabriel Bernal es pendular, va de la historia a la reflexión, de la referencia literaria a un recuerdo de su niñez, de la melancolía al asombro. Son paseos, viajes, circunspecciones y atisbos entorno al azar y al destino. Son coleccionables, como los ensayos de Pablo Soler Frost que también abrevan de la mejor tradición del ensayo al estilo inglés. La erudición y concordancia llegan a un puerto seguro.

El autor sabe que para enfrentar estos fracasos de Poe, Melville, Mallarmé, Degas, Cézanne, Eakins y Friedrich, entro otros, acaso es necesario adoptar lo que postula Baltazar Gracián: “Hay que ser un compuesto de víbora y paloma; no monstruo, sino un prodigio”.