The Wylie Agency: el jefe es el autor

A salto de línea
Andrew Wylie
Andrew Wylie (Eamonn McCabe)

Ciudad de México

Pudo ser banquero pero prefirió editar libros, como su padre. Dejó el oficio de editor porque descubrió que los agentes literarios son el futuro de la industria editorial. Ahora tiene a los mejores escritores del mundo: Premios Nobel, muertos clásicos, tendencias, alternativas, apuestas por regiones y escritores —hoy de moda, como África. El prestigio literario antes que un bestseller que se olvida en las próximas vacaciones. Pretende un negocio que sobreviva 200 años, con la mejor biblioteca borgeana del planeta.

Se mofa de editores que presumen ser amigos del autor. Que no entienden que lo que un autor necesita es un representante que haga caso al cien sus deseos: que no quiere vivir como un miserable, en un departamento modesto o asqueroso. Defiende los derechos de autor sin caducidad después de fallecido un escritor, con un argumento irrebatible: “¿Por qué los idiotas tienen buenos asesores legales y a los creadores no los aconseja nadie?” Apostó en grande desde hace ya más de 30 años y ahora es el rey de los mejores autores del orbe.

Su sentencia es simple: “El jefe es el autor”. Es al autor a quien defiende a troche y moche, no a las editoriales, que quieren más por menos. Ha tenido la osadía de pelearse con la distribuidora de libros más grande del mundo—Amazon—, a la que niega derechos de autor por porcentajes irrisibles para libros electrónicos: según él, las Kindle dan cáncer... Un pleito de años.

No tiene compasión por un editor a la hora de negociar derechos, sabe quién es el que manda: el prestigio de sus escritores, no baratijas. Para él, los editores son un trámite en la negociación de derechos. Como buen ciudadano estadunidense, no tolera las medias verdades a la hora de cerrar un contrato: sí o no, nada de medias tintas, como dice sucede en España: “un sí que después es un no, o un quizá”: ¡imagínese lo que pensará de México!, de quien solo tiene a un autor mexicano: Enrique Krauze (no a Octavio Paz).

Algunas veces pude verlo en su stand de la Feria de Frankfurt, la más importante del mundo —donde de verdad se negocian derechos de autor y se gana dinero: no la exhibición de autores con costo al erario nacional, como en nuestra Feria de Guadalajara. Ahí estaba Andrew Wylie, observando los movimientos de su agencia literaria, atento a la reposición de libros expuestos, a las citas con editores de cualquier idioma. Un agente literario al que no le interesan los “lectores pobres” porque “no tienen educación: compran basura”.

Piensa que la industria del libro impreso va para largo. Que si en Estados Unidos se vende el 70 por ciento en papel y 30 por ciento electrónico es posible que esto no varíe mucho las próximas décadas. Él no se acongoja: sigue leyendo en papel porque, dice, igual el libro electrónico no es de su generación. Con 64 años, dice tener paciencia para esperar como su negocio crecerá como la espuma...

Con Warhol aprendió a vivir su momento de fama. Su recomendación final: si no saben de sicología nunca serán buenos agentes literarios.