Amores imposibles

El libro respira entre los amores imposibles, incorruptibles e intachables, y los amores que dejan el cuerpo embriagado de placer.
"Basta cerrar los ojos". Darío Jaramillo Agudelo. Antología personal. Ediciones Era. México, 2014.
"Basta cerrar los ojos". Darío Jaramillo Agudelo. Antología personal. Ediciones Era. México, 2014. (Especial)

México

Darío Jaramillo Agudelo (Santa Rosas de Osos. Antioquia, Colombia. 1947) es un sólido escritor que ha frecuentado el ensayo, la novela y, sobre todo, la poesía. De Tratado de retórica, Poemas de amor, Cantar por cantar, Gatos, La voz interior, Cuadernos de música y Solo el azar seleccionó varios poemas para integrar esta antología personal.

En este inventario de estados de ánimo y de vicisitudes más o menos atendidas, el gozo es una suerte de común denominador que encuentra una salida en la vida cotidiana: ya sea en un sueño placentero, en una relación amorosa, en la quietud que reconforta y hasta en las pequeñas cosas que hacen que nos sintamos vivos como lo demuestra en “Canto a mi cama”, la serie “Gatos”, “Soy vegetal” y la serie “Poemas de amor”.

Para el poeta, el amor es un diálogo de mudos que el tiempo vacía en abismos instantáneos y secuenciales, y que solo la muerte, tan semejante al deseo saciado, cancela. También reflexiona sobre el amor imposible y llega a acertadas latitudes: “La música sostiene a los amores imposibles,/ los alimenta con la presencia etérea de una canción,/ una canción que es la nuestra aunque sólo la oiga solo./ El amor imposible guarda equilibrio perfecto/ sobre la cuerda de una guitarra,/ se embriaga con la dulce nostalgia de una polonesa,/ se estremece con una voz entre gemido y canto./ Entonces el amor imposible se convierte en guitarra, en piano/ o es el sonido de una voz./ La música es el tiempo presente de los amores imposibles”.

Los versos de Darío Jaramillo Agudelo fluyen en un río coloquial, como si se tratara de una conversación. No es el poeta que cree haber descubierto el universo y tampoco el que imagina que su deber es renombrar todo lo que está a su alrededor. Parece tomar en cuenta lo que Paul Eluard indicó alguna vez: el poema no tiene más función que la de ver, la de mostrar porciones de mundo, parcelas de lo real invisible o desconsiderado.

Cinco poemas de los aquí reunidos no figuran en otro título. Es el caso de “Entrevisiones”, “Elegía”, un par que se titulan “Conversaciones con Dios” y “Chavela Vargas, miércoles 31 de marzo de 2004”. En este último, el escritor colombiano evoca que asistió a una presentación de Chavela Vargas y que sintió que ella le devolvió un abrazo, aunque es casi imposible que la gran bruja, la chamana, como la nombra, se fijara en su quietud. En la fecha que proporciona Jaramillo Agudelo, la cantante se presentó en Bogotá y recibió emotivo un homenaje en el noveno Festival Iberoamericano de Teatro.

El libro respira entre los amores imposibles, incorruptibles e intachables, y los amores que dejan el cuerpo embriagado de placer.