ENTREVISTA | POR ISRAEL MORALES

Santiago Caruso Ilustrador

El artista argentino hizo la adaptación ilustrada del cuento “La cena” de Alfonso Reyes, al que califica como extraño y mítico.

“Amistad de Reyes y Borges, punto de contacto entre México y Argentina”

“Lo veo más ligado a la escritura onírica de los simbolistas franceses”.
“Lo veo más ligado a la escritura onírica de los simbolistas franceses”. (Especial)

Monterrey

El ilustrador argentino Santiago Caruso hizo la adaptación de “La cena”, cuento de Alfonso Reyes, que capta ese mundo con tonos espectrales y que, comenta, fue un hallazgo.

Cuento ilustrado, con sus detalladas combinaciones, que refleja al mero trazo que con personajes tan entrañables como complejos, como la cena, la vista se recrea y enamora. Todo a partir de aquella invitación a una cena en donde palidecen los personajes, que se abren a capa y espada, sino es que antes ya se habían dibujado en la memoria de la literatura mexicana, como se ha descrito, este cuento de Reyes antecede al realismo mágico.

De esta adaptación hecha para La Caja de Cerillos Ediciones nos habla el artista nacido en Quilmes.

Llama mucho la atención que un ilustrador argentino haya hecho esta adaptación de Reyes, ¿cómo se te invitó a este proyecto?

El contacto con La Caja de Cerillos se dio en el DF a través de Andrea Fuentes, una de las cabezas de la editorial, con la que compartimos espacio de taller y revisión de portafolios en noviembre de 2011, cuando fuimos invitados por Conaculta. La editorial apostó por esta colección, Ilustres, y uno de los títulos integrantes era La cena. Me interesó el cuento por lo extraño, lo mítico, ya que es citado como el relato más antiguo que antecede al realismo mágico latinoamericano, aunque lo veo más ligado a la escritura onírica de los simbolistas franceses y como antecedente del surrealismo.

Cómo ilustrador, ¿qué te dejó adaptar este texto de Reyes?

A diferencia de la técnica del esgrafiado, que caracteriza a la mayoría de mis libros previos, pude agregar objetos, conectar colores y resignificarlos, si era necesario, cubriendo las sombras con blanco, o las luces con negro.

Esta técnica me permite trabajar de un modo más plástico y dinámico, sin perder la atmósfera, la clave cromática y la textura del esgrafiado. Por ejemplo, el color amarillo me sugirió el elemento del jaguar como metáfora del guerrero mexicano, que no está en el texto, que me parecía relevante, ya que el cuento de Reyes surge de la frustración de no poder hacer nada por su padre, el general Bernardo Reyes, en el destierro que el porfiriato le obligó pasar en Europa y luego en el año que estuvo encarcelado hasta su muerte.

He ahí al general del cuento, que es el doble del protagonista y no, al mismo tiempo; el padre en el hijo, el guerrero cuya arma es la palabra.

¿Ya habías leído el cuento?

No, hasta que me propusieron ilustrarlo. Y fue un hallazgo.

¿Te gustó el resultado?

Sí, mucho. No conté con un tiempo apto para realizar una obra rica en detalle técnico, como los trabajos anteriores, pero creo que por la extensión del texto y su complejidad, el discurso visual está a la altura así como la retórica y la atmósfera, que como se verá en la dedicatoria que incluí al comienzo del libro, tiene en cuenta la obra de León Spilliaert, aquel pintor belga inclasificable, dueño de una visión única de lo real.

¿Cómo se valora en Argentina la obra de Alfonso Reyes, desde luego, desde tu perspectiva?

Su amistad con Borges es un punto de contacto entre Argentina y México. De hecho, Borges destaca algunos elementos interesantes sobre lo onírico en un ensayo sobre S.T. Coleridge y esa idea apuntada acerca de un hombre que atraviesa un sueño y que conserva una flor arrancada de ese “otro lado” como prueba de la realidad de su viaje, es la idea que esta en “La cena” de Reyes, mucho antes que en Borges. He ahí una prueba de esa amistad, de ese contacto y de la influencia de Coleridge en ambos.

¿Qué tanto es también el trabajar como ilustrador, pero también como autor, como escritor?

El trabajo se parece, sólo que trabajan ambas disciplinas con lenguajes diferentes. Por lo menos yo trato de pensar cómo articular un discurso concreto o metafórico, no escrito, pero sí en imagen. Así el proceso es similar a la escritura, donde se intuye o se tiene claro el mensaje o el objeto visual del cual partir, para luego relacionarlo, fragmentarlo, ampliarlo, e ir armando la serie, el discurso integral desde cada párrafo o estrofa, que es cada imagen.