Escribir, ¿para qué?

Ambos mundos.
Retrato de hombre escribiendo en su estudio, Gustave Caillebotte.
Retrato de hombre escribiendo en su estudio, Gustave Caillebotte. (Especial)

Ciudad de México

Es una pregunta ritual para quienes vivimos de este oficio, algo que regresa cada tanto, como un siniestro búmerang. Hablo en plural porque supongo que a otros colegas les pasa lo mismo, esto de que la pregunta–búmerang vuelve y los golpea en la nuca o la frente, pero la verdad no estoy seguro. Me he pasado la vida diciendo que ser escritor consiste, sobre todo, en encontrar un modo original y nuevo de ser escritor, y ahora me sorprendo creyendo que hay problemas comunes a todos. Es contradictorio. Podría creer que solo a mí me vuelve esa pregunta y me golpea en la nariz, una y otra vez, si no fuera por las excelentes respuestas que he leído de otros escritores cuando les preguntan por qué escriben. Aunque no es lo mismo. Una cosa es cuando la pregunta emerge de tus tripas y te hace doler el estómago por un rato, y otra que alguien, micrófono en mano, te la haga. Yo creo, pero no puedo asegurarlo, que los escritores contestan frases ingeniosas para esconder sus verdaderos motivos. Porque un escritor oculta su verdad igual que un animal esconde sus heridas, con dolor y algo de vergüenza. Son tiempos difíciles para la mayoría y si uno sigue golpeando la tecla a diario es porque tiene buenos y secretos motivos. Más vale que así sea. A juzgar por su correspondencia, Faulkner escribía para hacerle añadidos a su casa y construir un cobertizo y ampliar los terrenos de su granja. Proust, supongo, quería dar testimonio del mundo frívolo en que vivió y que tal vez nunca llegó a comprenderlo. A lo mejor escribió para vengarse de algo o de alguien, o incluso por amor. Hay una galería tan grande de seres adorables y ridículos en su obra que es difícil saber. No recuerdo qué escritor fue el que dijo “Sería mucho peor si no lo hiciera”, una frase tremebunda, que expresa muy bien el destino un poco triste de quienes escribimos. ¿Por qué escribía Hemingway? Para ser Hemingway, pues a pesar de que sus libros están algo olvidados su figura sigue siendo grande. Hemingway, con todo y disparo en la boca, es hoy más importante que sus libros. Lo contrario de André Gide, que escribía para conseguir muchachos, o incluso de Dostoievski, que escribía para jugar y pagar deudas de juego. Hay todavía gente que los lee, y que lee a Kafka y a Malraux, pero son pocos y pronto morirán. Sus nombres se recuerdan pero sus libros se olvidan. Por eso a veces, cuando el búmerang–pregunta regresa y me golpea fuerte y quedo tendido un rato en la lona, con la nariz sangrando, me digo que mi generación será la última que leyó a Céline y a Chejov, la última que estuvo en Santa María o en Malgudi y que bebió con Bukowski. Esto me entristece y me hace sentir solo e inútil, como un invitado a una cena al que nadie dirige la palabra. Me vienen incluso ganas de llorar, pero escondo las lágrimas, y cuando la sangre de la nariz se seca me levanto y, sin saber aún por qué, releo lo escrito e incluso encuentro fuerzas para agregar un par de frases.