La niña que pisará Marte en 2033

A sus 13 años Alyssa Carson tiene el apoyo de su padre y de la NASA para convertirse en astronauta; asiste a centros espaciales, estudia Ciencias y habla cuatro idiomas.

Ciudad de México

Interminables carcajadas a ritmo de unos cuantos carpetazos anuncian la hora del recreo en la escuela primaria de Baton Rouge, Luisiana. Son casi las dos de la tarde y desde el otro lado de la computadora (vía Skype), Alyssa Carson se aparta del bullicio creado por sus compañeros de aula para contar a Dominical MILENIO una travesura que lleva haciendo desde hace nueve años.

“La NASA me está entrenando para ser astronauta. Quiero ser la primera persona en pisar Marte porque la Tierra eventualmente morirá. Marte es un lugar donde nadie ha estado antes. Ir a Marte no salvará a la humanidad, pero demostrará a la gente que sí hay vida en otro planeta. Es un pequeño paso que quiero dar a favor de la humanidad”, confiesa entusiasta Alyssa Carson mientras se oye jugar a sus compañeros de clase. 

Su habilidad con las palabras e inteligencia sorprenden al más erudito. A sus cortos 13 años, Carson ya ha conseguido logros como ser la primera aspirante a astronauta en el mundo en acudir a los 14 centros espaciales de la NASA y asistir a tres campamentos mundiales en Turquía y Canadá. “¡Me encantan! En los campamentos, practicas cómo construir diferentes cohetes, reparar elementos de robótica y aviación en el espacio, entrenas en todo tipo de simuladores y cumples una misión como si fueras al espacio en un trasbordador. ¡Te sientes como un astronauta de verdad!”, agrega la pequeña Alyssa.

Pero su curiosidad por la astronomía no surgió en un campamento espacial o en la clase de Ciencia de su escuela, sino después de ver el dibujo animado The Bardigans, con apenas tres años. “En uno de los episodios, los personajes tenían una misión a Marte. Después del show le pregunté a mi papá si alguien había ido antes a la Luna, Marte u otros planetas. Mi papá me contó sobre la misión a la Luna, fue entonces que decidí ir a Marte”, nos cuenta Alyssa Carson, quien desde ese día empezó a estudiar todo lo que podía sobre el planeta rojo.

Sin embargo, fue hasta cumplir los siete años cuando Carson empezó a entrenar firmemente en la NASA con la mira de convertirse en astronauta. “Todo empezó cuando iba de paseo por la carretera de Alabama con mi papá. De pronto vimos un cartel del Centro Espacial de visitantes de la NASA. Paramos y nos dijeron que había un campamento espacial al que podía asistir. Me inscribí y no dejé de ir a ningún otro. ¡Son semanas divertidas! Lo único difícil es levantarse a las 5 de la mañana y acostumbrarse a cumplir algunas tareas dentro de la nave en posiciones incómodas por la gravedad”, subraya Alyssa, quien pasa varias horas al día en el Centro Marshall de Vuelos Espaciales, en Alabama, donde estudia Ciencias y Matemáticas; además de francés, español y chino.

Considera que aprender estos idiomas le aportará la habilidad para interactuar con quienes viajen con ella a Marte, ya sea para explorar el planeta rojo al mando de la NASA o con el proyecto internacional Mars One; del que es ahora Embajadora y que busca colonizar Marte en dos décadas, debido a sus semejanzas con la Tierra que incluye la existencia de agua actualmente detectada en capas de hielo. “Es posible que termine siendo nuestra futura Tierra, un lugar donde vivir de aquí a unos 300 años. Por eso debemos concientizar a la gente joven a que se una a la generación Marte y colonizarlo”, enfatiza Alyssa con la seguridad de una mujer mayor.


¿UN VIAJE SIN RETORNO?

En el 2033, Alyssa Carson tendrá 32 años y está consciente de ello. Como también lo está sobre la posibilidad de no regresar a casa y morir en el intento por explorar Marte. Desfallecer en un viaje que le tomaría seis meses para siquiera poder pisar suelo marciano. “Sí he pensado al respecto. Pero no creo que cambie de pensamiento. Quiero ser astronauta e ir a Marte. Más bien, me gustaría ser la encargada o especialista de la misión y no estar a cargo del vuelo o la cabina. Prefiero estar ocupada en explorar el planeta y hacer investigación científica”, aclara a Dominical MILENIO la pequeña pero audaz Alyssa.

Como astronauta, Alyssa guarda en su agenda de los próximos 20 años dos eventos que la podrían llevar a convertirse en la primera persona en pisar Marte. El proyecto Mars One, a cargo del investigador holandés Bas Lansdorp, para establecer una colonia humana en Marte en el 2025, encabeza su línea de tiempo y significa ir a Marte y no volver. “El plan de Mars One es crear un planeta como la Tierra: con árboles, oxígeno y una atmósfera. Empezaremos con agricultura hidropónica para la comida. Un método para cultivar plantas usando disoluciones de minerales en vez de suelo agrícola”, nos explica Alyssa sobre el proyecto internacional que mandará satélites de comunicación a Marte en el 2018 y luego de varias etapas, finalmente en el 2025, lanzará a Marte a un equipo de humanos para colonizarlo.

¿Sorprendente? Eso no es todo. Cada dos años, cuatro astronautas serán enviados a Marte para vivir permanentemente tras el envío inicial, luego de haber sido elegidos por el público en una suerte de reality show televisivo que se trasmitirá por cable. Solo colocar los primeros cuatro astronautas en Marte costará 6 mil millones de dólares.

“Creo que el proyecto de Mars One es estupendo y hace que la gente siga hablando sobre la idea de viajar y vivir en Marte. Si logran cumplir el proyecto, la colonización será el siguiente paso. En cuanto al show de televisión, desafortunadamente, es ése uno de los motivos por lo que es popular ahora y ayuda a que el proyecto pueda financiarse y siga en pie. Hasta no cumplir la mayoría de edad, seguiré como Embajadora de Mars One. Si la fórmula de la NASA no funciona, Mars One es otra opción para mí”, subraya la futura astronauta a la que la NASA le exige como requisito para serlo, tener entre 27 y 37 años, una presión arterial menor de 140, una visión 20/20 sin corregir, una altura inferior de 1.90 metros, además de un entrenamiento riguroso durante seis días a la semana por al menos dos años cuando empiece la misión a Marte. 

“La misión de la NASA es la misma que la de la Luna, enviar gente a Marte para quedarse entre un año y dos de acuerdo a las órbitas de la Tierra y Marte, regresando a la Tierra a los astronautas, luego de explorar Marte. La misión tendrá un entrenamiento particular que está siendo planeado. Sin embargo, debo prepararme desde ahora. Por eso estoy sacando mi certificado de submarinismo y mi licencia como piloto”, explica Carson.

La selección para ser astronauta la hará después que termine la Universidad. Aunque planea asistir a varias. Entre ellas: la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, para graduarse en Ciencias; la Universidad de Strasboutg, en Francia; donde hará su Maestría en Ingeniería Espacial, y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, para estudiar astrobiología. Estudios que asegura pagará por cuenta propia con el afán de pisar Marte. Un planeta sobre el que tiene conocimiento y al que le tocará adaptarse. “Marte, por supuesto, es como estar en un desierto, pero mucho más frío. La vida será diferente al estar dentro de una nave o salir en un traje espacial. Son muchos cambios, es una vida diferente a la de la Tierra. Sin jardines, árboles, aves o aire fresco”, subraya Alyssa. 


ES SOLO UNA NIÑA

Pese a que su vida transcurre entre el entrenamiento para convertirse en astronauta y los campamentos espaciales, Alyssa asegura que tiene una vida como cualquier otra niña de su edad. “Hago todo lo que una niña de mi edad haría. Por ejemplo, el fin de semana pasado estuvo bastante tranquilo y la pasé con algunos amigos. Entrené durante la semana, así que el sábado hice snowboard, ya que hace mucho frío por aquí y estamos en invierno. Sí, sorprendentemente soy buena. Al menos no me he caído mucho (risas)”, aclara la joven de Luisiana sobre su agenda semanal, que también incluye clases de futbol americano, piano, ballet, ser una chica exploradora y asistir al club de lectura de su escuela en Baton Rouge.

Sin embargo, su idea de ser la primera persona en pisar Marte aún resulta descabellada para algunos, entre ellos sus compañeros de escuela. “Mis amigos dicen que estoy loca por tener este sueño, pero me apoyan en todo”, asegura. De pronto surge una pregunta en medio de la conversación que perturba a la niña y a su padre, quien es también su manager. “¿Se puede estar tan segura de lo que uno quiere con 13 años?, muchos podrían pensar que tu padre o alguien más te está obligando a ser astronauta y pisar Marte a cambio de dinero. ¿Te lo han dicho antes?”, le pregunto a la pequeña niña.

Alyssa sonríe, voltea nerviosa y mira a su padre. Me dice que no entiende la pregunta. Se la repito y contesta: “Sé que muchos padres fuerzan a sus hijos a hacer cosas, pero el mío no es así. No tiene ninguna pasión, deseo o interés en el espacio y no trabaja para algo similar. Él es un hombre de negocios y algo que dice cuando la gente piensa que me está obligando o forzando a seguir esta misión es que cómo va a hacerlo siendo yo su única hija y sabiendo la posibilidad de no regresar o volver a verlo. Este es mi sueño, él me apoya y sé que si cambio de opinión también contaré con él”, aclara Alyssa con una sonrisa final en los labios.

Pero debía insistir en una pregunta incómoda más. “¿Y qué hay de la NASA? ¿Te entrenan gratis sin haber firmado un contrato contigo? ¿Y si en unos años desistes de ser astronauta y de cumplir con la misión? ¿No resulta eso un gasto a ojos cerrados?”, le pregunto desconcertada. “No creo que renuncie a ser astronauta. Probablemente a mis 20 esté estudiando un posgrado. No hay nadie que me obligue a ir a Marte o continuar con la misión. Si quiero hacerlo puedo renunciar. A la NASA ahora no le importa hacer algún arreglo conmigo. Ellos hacen un contrato cuando ya te recibes de astronauta y firmas para ir a la misión de Marte. No hay dinero a cambio ahora ni me pagarán los estudios. Intentaré aplicar a una beca, pero eso es mi responsabilidad. Este es mi sueño y ellos solo me ayudan a cumplirlo y a tomar las decisiones correctas para mi viaje”, subraya Carson.

Mientras eso ocurre y se convierta en astronauta, Alyssa ofrece charlas donde intenta inspirar a otros niños a que consigan su objetivo y sueños. Hace unas semanas estuvo en Madrid, en el encuentro PANGEA The 2015 Starting Point, que reunió a más de 200 jóvenes de 65 nacionalidades, entre 16 y 24 años, que destacan por su espíritu emprendedor. La pequeña de 13 años los animó a no ponerse límites en sus sueños y marcar la diferencia. “Nuestra generación puede cambiar el mundo. Mi consejo para los chicos de mi edad es que encuentren una materia en la escuela que les guste. Luego escojan una carrera y créense un sueño. Síganlo hasta cumplirlo, como yo y mi ideal de ser astronauta. No dejen que nadie les quite o robe su sueño”, aconseja Alyssa a sus seguidores.

Y es que la imaginación y osadía de un niño no tienen límites. Alyssa Carson es un ejemplo de ello. Una niña que vive con la premura de un adulto enfocada en cumplir cada meta, pero que aun así tendrá que empacar su maleta a Marte con la nostalgia de un niño que deja los brazos de su padre para cumplir la asombrosa tarea de salvar un nuevo mundo. “Si no regreso a la Tierra, extrañaré las aventuras que paso al lado de mi padre y llevaré conmigo a Marte las fotografías de mi familia para recordarlos cada noche. ¿Miedo? No lo tengo, porque siento que la experiencia y aprendizaje ganado valdrán el riesgo y es algo que necesito hacer para que la raza humana pueda sobrevivir”, nos confiesa la pequeña Alyssa mientras se termina de arremangarse su blusa escolar. Es tiempo de su partido de futbol en la escuela. Después de todo, es solo una niña.