"Escribo para ver lo que pasa en mis libros": Álvaro Uribe

El ganador del premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores habla en entrevista con MILENIO sobre su obra 'Autorretrato de familia con perro'
El escritor Álvaro Uribe junto a la obra premiada.
El escritor Álvaro Uribe junto a la obra premiada. (Notimex)

México

“Los pocos datos que tenemos de los demás proceden de tres fuentes únicas: lo que vivimos con ellos, lo que ellos nos cuentan de sí mismos y lo que terceras personas nos cuentan de ellos”, escribe Álvaro Uribe (Ciudad de México, 1953) en Autorretrato de familia con perro, la obra que el lunes pasado lo convirtió en el ganador del premio Xavier Villaurrutia.

Y en esta novela, son múltiples las terceras personas las que retratan a Malú, la ausente protagonista de la historia: su amiga íntima, su sirvienta, su cirujano plástico, su nuera y hasta Canuto, el perro de la casa.

Pero quienes más hablan acerca de Malú son sus dos hijos: los gemelos no idénticos Alberto y Adán Urquidi. Novelista uno, historiador el otro. Un par que vive en eterna competencia: primero por el amor de la madre y después por imponerle su verdad al lector en este autorretrato polifónico.

En palabras de Uribe, Autorretrato de familia con perro (2014) cierra una trilogía que empezó con Por su nombre (2001) y siguió con Morir más de una vez (2011). “Los personajes y las circunstancias se repiten. Los guiños autobiográficos se desarrollan a medida que yo envejezco”, apunta el escritor en entrevista con MILENIO. En ese sentido, es una obra que cierra un ciclo, y lo hace con el sello del premio de escritores para escritores.

Los miembros del jurado (Mario Bellatin, Pura López Colomé y José de la Colina) coincidieron en la calidad estilística de su novela ¿Cuál es para usted la importancia de la forma?

Para mi la forma equivale a lo que los poetas llama inspiración. Tengo una idea general de la historia y un día, de repente, sé como voy a contar la maraña que tengo en la cabeza. A mi me extrañan los escritores que dicen que escriben para que existan los libros que hubieran querido leer. Yo más bien escribo para ver lo que pasa en mis libros. Y la forma es la que más trabajo cuesta encontrar, porque historias hay miles, pero contarlas en un libro con calidad artística es otra cosa. La forma hace que puedas leer un libro más de una vez y te siga diciendo cosas aunque conozcas la historia.

¿Qué acontecimientos dieron pie a la escritura de Autorretrato de familia con perro?

El acontecimiento decisivo fue la muerte de mi madre, de quien hay mucho en el personaje de Malú. Las relaciones familiares me interesan mucho y ya había publicado una novela sobre la relación entre tres machos de generaciones distintas, que se dedican a lo mismo y acaban destrozándose entre ellos (El taller del tiempo, 2003). Esta vez me interesaba escribir sobre la relación de la madre con el hijo. Y creo que en la literatura todo es válido, incluso una novela para ofender a la propia madre. Pero yo no hubiera querido lastimar a mi madre, así que sólo cuando murió pude contar esta historia que me venía persiguiendo desde hace mucho tiempo.  

Uno de los temas centrales de la novela es la imposibilidad de conocer al otro ¿la literatura es una herramienta para minimizar dicha imposibilidad?

Esa es la apuesta de todo novelista. La literatura miente o inventa. Vargas Llosa usa la palabra fabular: hace fábulas para hacer más comprensible y asequible la vida. La realidad es un caos y hay varias maneras de darle un orden: la sociología, la economía, la historia... Y la literatura es esta forma peculiar, imaginativa y mentirosona de hacerlo, que puede entrar en lugares donde no pueden las otras formas. Si se mira bien, un libro es una masa de papel con unas manchas negras. Y el hecho de que eso se convierta en personajes reconocibles o comparables con personas que uno conoce, me parece que es magia absoluta.

Siendo un contador de historias, ¿por qué eligió la literatura?

Porque soy bien chismoso… Pero no tengo en nada en contra de la Historia. De hecho, con la edad tiendo más a leer historia y biografías. Siempre estoy leyendo una novela, pero procuro que mis lecturas más lúcidas vayan por el lado de lo real: para alimentarme y luego mentir. Es que se me daba desde chico: yo mentía, a veces con mala intención y otras con peor. Así que pensé: por qué no hacer una profesión de este talento que dios me dio.

Usted reconoce a Borges y Monterroso como sus dos grandes maestros. ¿Cuáles fueron sus enseñanzas más valiosas?

Borges lo fue todo en algún momento, incluso demasiado. Hasta se me ha criticado muy públicamente por ser tan borgesiano. Era como una obsesión. Pero el suyo fue un magisterio involuntario. En cambio con Monterroso estuve un año en un taller, y creo que me comunicó una seriedad para las cosas chistosas. No hay que olvidar que la literatura es un juego, aunque los juegos que tienen que ver con la naturaleza humana deben tomarse en serio. Esa es una de sus grandes lecciones. Monterroso dijo que a él le gustaría que toda su obra fuera considerada como un homenaje a Borges. A mi me gustaría que toda mi obra fuera como un homenaje a los dos.

También dice que le gusta menos escribir que haber escrito. ¿Qué provoca en usted el proceso de la escritura?

Lo digo parafraseando a Borges, que a pesar de ser ciego viajaba mucho, y decía que le gustaba menos viajar que haber viajado. No es que sufra al escribir, pero sí tiene condiciones que lo hacen un oficio difícil. Hay que pasar muchas horas solo, haciendo cosas que no le importan a nadie. Quizá a un lector le tome cinco horas leer este libro, pero a mi me tomó dos años y medio escribirlo. No es verdad que tenga facilidad de escribir, como me dicen a menudo. Tengo muchas ganas de hacerlo, pero no me sale fácil. Por eso el momento en que acabas es mucho más bonito.

¿Qué desafíos planteó este proceso particular, específicamente el hecho de desarrollar distintas voces narrativas?

Es algo que ya había intentado en otras novelas, como en Expediente del atentado. Pero aquella era una novela histórica y el hecho de no poder inventar es complicado. Esta vez me tuve que disfrazar de varios personajes y me divertí mucho con el reto de que las mujeres parecieran mujeres, los hombres hombres y los perros perros. A veces es más sufrido ser uno mismo todos los días. Al hacer un libro con esta técnica, cada mañana era muchas señoras distintas. Al final, escribir también puede ser divertido.