Violencia y narcotráfico a través del arte

Este ejercicio sirve para señalar la dura problemática social y representar a los involucrados como seres humanos inmersos en una realidad difícil más allá de los clichés de las autoridades.
Alfonso Zárate
Alfonso Zárate (Arturo Bermúdez)

Ciudad de México

El pintor Alfonso Zárate vive en la colonia Guerrero. Debido al contexto violento en que se encuentra, decidió que su producción plástica debía ser un indicación contundente acerca de cómo es la vida de los vendedores de droga (dealers), narcomenudistas, sicarios y prostitutas, en quienes además ha encontrado un reflejo profundo de la condición humana.

“Es casi un trabajo de antropología social”, nos dice mientras reflexiona frente a uno de sus cuadros, es la imagen de una mujer con poca ropa, algo nada espectacular... pero la obra adquiere otro significado cuando al mirar de cerca se descubre que está hecha con trozos de papel conocidos como “grapas”, envolturas con las que se vende cocaína.

“Este es uno de los trabajos que mejor sintetizan lo que hacemos, pues mi trabajo siempre es colectivo, con la colaboración de estas personas que viven en la Guerrero, así como de otros artistas a los que invito a diferentes proyectos para desarrollar obras con las ‘herramientas’ de los dealers o los sicarios, mientras que los creadores pueden ser fotógrafos, escultores, artistas multimedia y de video. Estas obras no son paternalistas, sino un ejercicio que sirve para señalar problemáticas sociales. En otro sentido, busco romper con los clichés que se han generado en torno a ellos, pues los medios de comunicación se han encargado de estereotiparlos, pero se han olvidado que detrás de toda esta situación hay personas reales, cuyas acciones están marcadas por una necesidad de sobrevivencia. De ahí que las exposiciones que he organizado incluyen obras de arte que son sórdidas y reflexivas”.

Entre los artistas que han colaboran con Zárate están Laura Anderson Barbata, Mariano Flores, Jean-Paul Souchaud, German Venegas y Xóchitl Rivera, mientras que los elementos usados por sus colegas son, por ejemplo, una pistola colocada dentro de una Biblia o una serie de pinturas y dibujos hechos sobre un lienzo formado por las mencionadas grapas de cocaína.


LABOR NADA SENCILLA

“El arte no va a cambiar al mundo ni nada, menos una situación tan extrema como la violencia o el narcotráfico”, nos dice Zárate, quien ahora descansa en un sillón y está más atento a los detalles de sus comentarios.

“Alguien que vende droga no va a dejar de hacerlo por estar en contacto con una obra de arte, tristemente así es. Sin embargo, creemos que con este proceso de creación se puede hacer un señalamiento a la sociedad, y sí bien los jóvenes seguirán en lo mismo, quizá estarán más concientes de lo que significa lo que hacen, de lo que ellos ven como ‘trabajo’, y así abrir la posibilidad de un cambio”.

Las obras de Alfonso Zárate representan figuras fragmentadas, como si el personaje central estuviera dotado de uno o más rostros. Reconoce que no ha sido fácil acercarse a los jóvenes que se dedican a delinquir.

“Mi contacto con ellos comenzó hace 10 años y durante este tiempo he visto cómo la fila para enrolarse en estos ‘negocios’ es cada vez más larga. Los veo seducidos por el poder que les da este tipo de trabajos. Para ganarme su confianza me acerqué sin juzgarlos. Les propuse un intercambio: yo les hice tatuajes o les regalé ropa y ellos me contaron algunos detalles de cómo trabajan, qué usan, cómo empacan o preparan la droga… Por ejemplo los sicarios me dijeron cuánto cobraban y cómo deben hacerlo, y los narcomenudistas compartieron la forma en que distribuyen. Un punto de coincidencia muy interesante en ellos es que todos tienen fe y creen en Dios, entonces surge la pregunta de por qué no siguen lo que señala la Biblia, a lo que ellos me respondieron que ‘eso era otra cosa, pues su trabajo es así’”.


NO LES PREOCUPA LA LEY

“Nuestra postura como artistas es crear un señalamiento público. Es algo muy distinto a lo que hacen las autoridades, quienes los ven con indiferencia absoluta. Para ellos lo de menos son los aspectos legales, les preocupa la venganza de otras bandas, a eso le temen más que a un arresto o problemas con las autoridades. Es lo que explica que ésta sea una industria cada vez más violenta y demandante. Tal vez estemos frente a una situación que no se puede detener ni combatir, es lo que veo al convivir con ellos en la calle… es muy triste decirlo, por eso considero que es mejor conocerlo y no juzgarlo.

“El arte en este contexto adquiere un papel distinto, se vuelve un recurso para evidenciar el problema, primero entre ellos y luego con el resto de la sociedad. Lo ideal sería seguir colaborando de esta manera, es decir, con el desarrollo de piezas sórdidas en su contenido o referencias, pero ceñidas a la necesidad de expresar lo que hay detrás de esta situación. Queremos lograr que se incorporen asociaciones civiles, jóvenes de la zona e incluso aquellos que van saliendo de algún penal, para reintegrarlos a la sociedad… espero que eso ocurra, no se lo que podamos lograr o hasta dónde llegaremos, lo interesante es seguir con esta relación”.