'Revolutio' o el doble giro

El artista es por naturaleza el grito ahogado de una sociedad en decadencia: la penuria.
Cortazar
(Cortesía)

Ciudad de México

El escritor que tienta y enfrenta a la palabra desata una revolución. Marina Tsvietáieva asegura que después del poeta ruso Vladimir Maiakovski no habrá otro que logre formar una amalgama entre el artista y la revolución. Qué grito tan amargo —pienso—, luego recuerdo a Julio Cortázar, un escritor cuya insurrecta postura lo convirtió en el emblema de la juventud de América Latina.

El artista es por naturaleza el grito ahogado de una sociedad en decadencia: la penuria. Así sea John Milton en busca del Paraíso perdido o Pablo Picasso a mitad del Guernica, el creador responde, salvo en casos extraordinarios, al tiempo en el que habita. Al escribir Bestiario, Cortázar genera un lenguaje de crítica a la sociedad latinoamericana. Forma una realidad deforme y quimérica. Con Rayuela, atenta contra el lenguaje con malabares y trapecismos retóricos.

Pero ¿en sus deformidades y florituras se encuentra la revolución, alcanza la unión que logró el poeta ruso? Pues no, no lo logra. En el narrador argentino habitan dos revoluciones. Una es la política y social con la que determina el curso de su vida cuando decide partir a París, a los 37 años, bajo la consigna que todo rioplatense culto podía llevar en esa época: el repudio total al peronismo. Durante su exilio comprenderá la naturaleza del espíritu latinoamericano y verá en Cuba el futuro predilecto. La otra revolución es la del lenguaje, en la que forja de carácter su escritura. Por ejemplo, en “La autopista del sur”, donde un hombre se ve atrapado en un embotellamiento que se alarga de tal manera que termina por crearse una sociedad sobre la línea del concreto, el narrador argentino se burla del materialismo y la facilidad con la que el latino es capaz de adaptarse a cualquier situación por absurda o compleja que sea. Gabriel García Márquez, cuando era increpado con respecto al carácter fantástico de Cien años de soledad, respondía que había sido brutalmente realista.

Cuando el crítico Óscar Collazos externaba su preocupación sobre la inferioridad del escritor latinoamericano frente a la novelística que se realizaba en Europa y Norteamérica, con la noción de que el auge en la literatura latinoamericana se debía a la decadencia de Occidente a mediados del siglo pasado, la respuesta del realismo mágico no era sino la magia que existe en las tierras latinoamericanas frente a la crudeza y el desgarro.

El escritor penetra en la palabra, y cuando ésta responde la revolución comienza. En Julio Cortázar vemos un ejemplo de congruencia y buen trato del lenguaje pues logra transgredir a la literatura con su escritura y pronunciar una ideología, sin que una cosa intervenga con la otra. Trasciende no solo como un escritor, sino como un ejemplo de rebeldía e insubordinación. Si en latín la palabra revolución significa un giro, Cortázar da un doble giro sobre las tarimas de este circo latinoamericano.

Alejandro Baca (Estado de México, 1990), editor y crítico literario. Ha publicado el poemario Apertura al cielo. Dirige el colectivo Órfico de poesía y artes visuales.