Alejandra Zermeño esculpe en resina las pasiones femeninas

La escultura mexicana exhibe la muestra "Cherchez la Femme" en el Museo de la Mujer.
Fue un proyecto que nació a raíz del cáncer de su madre.
Fue un proyecto que nació a raíz del cáncer de su madre. (Nelly Salas)

México

El 3 de julio pasado, la escultora mexicana Alejandra Zermeño escribió en su cuenta de Facebook: “Me fascina conocer personas, mirarlas, escuchar sus historias, dejar que su esencia permee mi alma, mis pensamientos. Raro es aquel que pasa por mi taller y no termino convirtiendo su imagen en una escultura. Gracias a todos los que me han permitido ver la belleza interna y externa de su persona y sus vidas. ¡Ah!, y los que faltan...”.

Su nueva muestra, Cherchez la Femme (Busca a la mujer), la cual estará abierta hasta mediados de septiembre en el Museo de la Mujer de la Ciudad de México, es una prueba de ello. Este proyecto de 14 esculturas de resina y 19 dibujos busca contar la historia de distintas mujeres y su relación con el amor, la pasión, la muerte, la menstruación y la violencia sexual a la que han sido sometidas, entre otros temas.

El proyecto surgió después de que  la madre de Zermeño padeció cáncer, y tanto ella como sus hermanos tuvieron que pasar ante la inminente muerte de su madre: “Ella fue una mujer que nos crió sola, que siempre trabajó; murió muy joven, a los 57 años. Esto me permitió revisar mi historia, y crear una serie de esculturas que consintieran abordar la feminidad en todos sus sentidos”.

Entre las historias que esta escultora cuenta se encuentra la de Ayumi, la primera mujer de un largo linaje de hombres japoneses radicados en México. Ella tuvo una carga familiar y social importante. Su obligación como mujer era salvaguardar los problemas de la familia; muy pequeña ingresó a una escuela, donde le enseñaron los modales que se requieren para cumplir con sus obligaciones, y a lo largo de su vida vivió con la creencia de que debía hacer lo que los demás deseaban.

A los 26 años se rebeló y decidió ser diseñadora: “Me ha contado que actualmente ya puede hacer lo que quiere. Además descubrió que todo lo que le dijeron sus familiares era mentira, por lo que se está encontrando a sí misma”.

Para recrear su figura, Zermeño recurrió a La Sakura, la flor del cerezo, en una pieza modelada y hecha en resina: “La flor es el momento energético más importante de una planta; después muere, por lo que retratamos la planta como si fuera Ayumi. A la escultura la acompaña un pequeño retrato, que cuelga de su cuello y que representa aquello que le dictaban ser”.

Otra escultura es la de Paulina, una mujer que estuvo muy enamorada de su pareja; sin embargo, él la engañó muchas veces y solía hacerla sentir culpable de todo. Al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, ella dejó a su marido. Ahora tiene un doctorado, es fotógrafa y le va muy bien.

“La presento como Caperucita Roja, pero no la que se encuentra con el lobo, sino con el zorro astuto de los cuentos, al que enfrenta diciéndole que no le volverá a suceder lo mismo que él ya le hizo. Todas mis piezas son un poco realistas. En este caso la presento con un acabado de papel que se está transformando en sí mismo, y lo que se transforma es el papel del acta de matrimonio”.

Una de las piezas más relevantes de la exhibición es La mamaestra. Dedicada a su madre, la obra, compuesta por tres pequeñas esculturas, está acompañada de dos dibujos: La curación y El lecho de muerte, que hasta hoy le generan mucho nerviosismo: “Siento que 30 por ciento de la muerte de mi madre se debe a la quimioterapia”, comenta.