Alberto Cruzprieto toca los nocturnos de Chopin

Abarca todos los aspectos de su obra creativa, por lo que nos da un panorama de la evolución de su pensamiento musical, asegura.
El artista mexicano frente a su instrumento.
El artista mexicano frente a su instrumento. (Especial)

México

El pianista Alberto Cruzprieto asegura que “Chopin es, por definición, música para piano. Para un pianista es insoslayable interpretarlo, de otro modo no existe la consagración en el gremio. Si ya Chopin es un jardín interior en la historia de la música, los nocturnos son su jardín interior”.

Así se expresa el músico en las notas de Juan Arturo Brennan para el disco Nocturnos (Quindecim Recordings, 2013), que será presentado hoy a las 12:00 en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso por el pianista y Hernán Bravo Varela. Fue grabado en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes en un piano Yamaha CFGX, instrumento al que Cruzprieto califica como “una especie de Rolls-Royce para el pianista, por su calidad de respuesta de todo el mecanismo, su gran precisión, estabilidad en cuanto a afinación y riqueza de armónicos. Puedes hacerlo sonar de la manera más sutil o hacerlo vibrar como una tormenta”.

El pianista refiere que cuando era estudiante una de sus grandes ilusiones era tocar la música de Chopin. Por este motivo llevó unas partituras del compositor a Arceo Jácome, quien, “con toda la paciencia del mundo, me explicó por qué no podía abordar esas obras en ese momento. Después de muchos años entendí que tenía toda la razón”.

Conoció “el mundo maravilloso de Chopin a través de los discos”. Durante su época de estudiante, fue constatando que se trata de “una música que requiere de la madurez para ser abordada a profundidad. Es una música tan compleja y tan fuerte emotivamente, que se necesita bastante solidez emocional para tocarla”.

Cruzprieto afirma estar en su mejor momento para abordar a Chopin: “Estoy en una edad en la que tengo la experiencia de haber hecho muchos conciertos de muchísima música, y la fuerza física y mental para poder plasmar esto en una grabación, lo que es resultado de todo un estudio de los nocturnos de Chopin. La interpretación es un proceso muy largo. Digamos que esta música la tengo en la cabeza desde hace muchísimos años y el proceso de aprendizaje fue inverso a lo que suele suceder: la música la tenía aprendida en mi cabeza, pero lo que hubo que hacer fue trasladarla a los dedos, cuando usualmente es al revés”.

El disco incluye nueve de los 21 nocturnos que escribió Chopin, así como una transcripción de Earl Wild para piano solo del movimiento lento del Segundo concierto para piano y orquesta, en la que fusionó la parte orquestal con la del solista. Cruzprieto explica que el compositor escribió su primer nocturno a los 17 años y el último dos años antes de morir, por lo que “abarcan todos los aspectos de su obra creativa. Eso nos da un panorama de la gran evolución de su pensamiento musical. Agregué el trabajo de Wild porque, además de ser una rareza y una transcripción incomparable, comparte la atmósfera de los nocturnos: es una música muy expresiva e introspectiva”.

No se entiende la historia de la música para piano sin Chopin, expresa Cruzprieto: “Hasta la fecha sigue siendo de esas figuras insuperables en originalidad y en belleza. Su música, como la de Bach o Mozart, no envejece; al contrario, es de una actualidad pasmosa. Suele gustarle a gente que tiene una preparación sofisticadísima en música o a quien no sabe absolutamente nada pero que percibe su belleza. Una adolescente me dijo en un concierto que estaba, literalmente, conmovida hasta las lágrimas porque creyó ver el espíritu de Chopin. A ese grado puede impactar emocionalmente esta música”.